Patricio
Bidault
Internet nos ha regalado un vasto foro
público en el que la libertad de expresión se difunde con gran alcance, traspasando
fronteras, ideas políticas o prácticas religiosas que, con frecuencia, son
atacadas por grupos de distinta índole.
El ser humano
es una criatura que necesita interactuar con otros organismos de su misma
especie; por esa razón, no sorprende que, desde la creación de internet, hayan
existido comunidades que han evolucionado hasta convertirse en redes sociales
masivas, donde el intercambio de información se produce a tal velocidad que, en
minutos, un ruso puede enterarse de lo que un argentino piensa de su película
favorita. Gracias a ello, las redes sociales han demostrado un poder importante
cuando se trata de protestar o hacer campaña, reemplazando los boletines y
folletos por un e-mail “cadena”, un recado en Twitter o Facebook o un video en
Youtube, que, si es circulado con suficiente frecuencia, puede alcanzar una
audiencia mundial y un seguimiento masivo. En Facebook, es común que el usuario
sea bombardeado con todo tipo de campañas y anuncios, de acuerdo con las
noticias de esa semana, y que pueda apoyarse la moción de que se otorgue sentencia
completa en la cárcel a Lindsay Lohan o que se afirme que Crepúsculo es la
mejor película que ha existido. Pero el año pasado, una de estas campañas
adquirió mayor trascendencia. De pronto, al entrar en Facebook, el usuario se
topaba con que las fotos en los perfiles personalizados de los usuarios de
distintos países comenzaron a ser sustituidas por simples cuadros negros.
Mientras que al principio parecía tratarse de algún virus o error de
programación, lo mismo ocurría en la conocida red de microblog, Twitter. Los mensajes
de los ahora oscurecidos usuarios en las dos redes sociales apuntaban hacia un
blog que explicaba lo que estaba aconteciendo: era una campaña de protesta
iniciada en Nueva Zelanda.
La ley de
propiedad intelectual de ese país estaba por ser modificada con los mismos
métodos de criminalizar a la gente, tan de moda hoy en día. Dicha modificación proponía
cortar por completo la conexión a internet de aquellos usuarios que violaran la
ley (o sea, bajar música) y aquellos que les proporcionaran la conexión serían
culpables por asociación.
La campaña, denominada Internet blackout,
alcanzó un gran número de seguidores a escala mundial, entre los que se
encontraba el conocido cómico y autor inglés Stephen Fry, quien, tras seguir
los parámetros de la protesta, escribió en su Twitter: “Mi foto está oscurecida
por una buena razón”, seguido del enlace pertinente. Tras llenar una petición
con más de 17 mil firmas, que podía ser “accesada” en línea, y algunas
demostraciones públicas, el 23 de marzo se anunció que los cambios propuestos
no se realizarían.
El antes oscurecido internet regresó a
la normalidad poco tiempo después. Sin embargo, algunos meses más tarde, las
diferentes redes sociales se volvían a pintar de un solo color; esta vez, se
trataba del verde en señal de apoyo a Mir-Hossein Mousavi, candidato
presidencial de Irán, tras un proceso electoral que otorgó la victoria a
Mahmoud Ahmadinejad, donde se registraron múltiples irregularidades y bloqueos
de medios de comunicación, entre los que se hallaba el acceso a internet. Los simpatizantes de Mousavi y su
revolución verde comenzaron a utilizar Facebook y Twitter para intercambiar información acerca
de rutas electrónicas alternas que podían emplearse para evitar el bloqueo de
internet impuesto por el gobierno. Stephen Fry volvía a hacer uso de su cuenta
de Twitter para “pasar la voz”, mientras que otros usuarios, como persiankiwi,
informaban a sus seguidores, que cada vez eran más, acerca de la violencia y
censura de la que eran víctimas los manifestantes.
Además de la enorme velocidad a la que
se produce el intercambio de información, internet posee una gran
característica: la casi total libertad de expresión, arena perfecta para la
reciente protesta en contra de las amenazas de muerte a cualquiera que se
atreviera a publicar una caricatura del profeta Mahoma, actividad prohibida
para los practicantes del Islam, llamada Draw Mohammed Day, o bien, “El día de dibujar a Mahoma”.
Comedy Central, cadena responsable de
transmitir la controversial e hilarante caricatura South Park, retiró el
ahora famoso episodio 201 en el que se caracterizaba al profeta Mahoma
enfundado en una gran botarga de oso, tras recibir amenazas de muerte por un
grupo extremista islámico. Como respuesta al ataque en contra de la libertad de
expresión, se comenzó a publicar en Facebook, Youtube y Twitter la práctica,
que se efectuaría el 20 de mayo de 2010, de crear y subir a internet dibujos
que representaran al profeta Mahoma.
El evento fue cubierto por todo tipo de
medios masivos de comunicación, tanto blogs independientes como periódicos de gran
circulación y cadenas de noticias, con tantas opiniones favorables, como en
contra. La página de Facebook que convocaba a la creación de los dibujos adquirió
aproximadamente 100 mil seguidores; casi el mismo número que la que rechazaba
la iniciativa. Mientras unos la calificaban como una valiente pelea en favor de
la libertad de expresión, otros opinaban que era una práctica inútil e
inmadura.
Durante la fecha mencionada, Youtube se
vio inundado de videos de usuarios que se filmaban a ellos mismos dibujando su
propia versión de Mahoma. En tanto, otros rechazaban el movimiento con argumentos
como que tal protesta ofendía a aquellos seguidores del Islam, quienes rechazaban
la violencia de los grupos extremistas. La reacción fue tal que, durante el 20
de mayo, el acceso a Facebook, Youtube y Twitter fue totalmente bloqueado en
Pakistán.
Además de tecnología, internet nos ha regalado un vasto foro público en el que la libertad de expresión se difunde con gran alcance, traspasando fronteras, ideas políticas o prácticas religiosas que, con frecuencia, son atacadas por grupos de distinta índole. No obstante, se ha demostrado que el verdadero poder dentro de esta arena lo tiene el usuario común, aquel que cuenta con su perfil de Facebook, Twitter o Youtube con la mera idea de mantenerse en contacto con familiares o amigos de la primaria que no ha visto por decenios, pero que, cuando se requiere, es capaz de iniciar campañas casi imposibles de censurar, las cuales pueden tener resultados significativos en favor de lo que se considera correcto.