Pero algunos meses
antes de alumbrar, luego de salvar triunfante esa interminable carrera con
obstáculos hasta fecundar al único ovulo, tuvo que atravesar ahora transformado
en embrión, otro enorme desafío que nada tiene que ver con el mandato que la
naturaleza fijó, al establecer este arduo procedimiento.
Este enorme desafío,
capaz de terminarlo todo, depende de la voluntad de la portadora. Cuando a las
pocas semanas de engendrado, acepte o rechace con su actitud ante la vida, la
carga privada y pública de transformarse en madre. Permitiendo o impidiendo por
su propia y única voluntad, que continúe el proceso al que llamamos embarazo.
Acto de aceptación o de rechazo, que toma absolutamente en soledad, la inmensa
mayoría de las veces. Decidiendo, al margen de la voluntad de quien compartiera
el acto de amor que los llevara a unirse en la oportunidad de consumarse el
acto sexual.
Es que la portadora
del futuro bebé lo considera desde su concepción, algo absolutamente propio, de
su absoluta propiedad, solo por el hecho de portar al futuro bebé en su
vientre.
Si acepta convertirse
en madre, se preparará para el alumbramiento. Si no es su voluntad continuar
con el embarazo, considerará al feto como algo extraño que se le debe extirpar,
al igual que se hace con un forúnculo, con un tumor, o con una uña encarnada.
Por lo que, la vida
del bebé que finalmente sobrevive, se debe pura y exclusivamente a la voluntad
de su madre. Ya que a pesar de que la Ley considera un delito al aborto, no
existen mujeres detenidas por habérselos realizado. Fundamentalmente porque si
se aplicara la Ley, encarcelando a quienes la transgreden, habría que construir
diez veces más de cárceles que las hoy existentes, solo para alojar a las
detenidas que abortan en un año.
Podemos decir entonces,
que el sobreviviente, le debe la vida a su madre, no por ser la única dadora de
vida, ya que comparte esa cualidad con
su padre. Sino porque además, le permitió seguir viviendo dentro de su vientre
sin abortarlo, posibilitándole nacer. Es decir, que pudiendo abortarlo, le
perdonó la vida.
Eugenio García
http://garenioblog.blogspot.com