LA MUJER CAMPESINA.
“El alma de una mujer es la obra maestra de la creación”. Confucio.
El sol la espera de madrugada. Su andar despacio se confunde entre la
penumbra del amanecer y el humo de fogón donde prepara los alimentos para sus
hijos. Ellos, los hijos, tempranito también a la escuela rural, a cruzar la
brecha, a caminar la mañana. Se ha quedado en casa, en el solar, en la parcela,
como el día en que él, su esposo, también se fue al norte. Los pequeños
regresarán al rato. El esposo, no se sabe cuándo.
Se olvida de sí misma para convertirse en manos que acarician la tierra, en
pensamientos de nostalgia, en labores del hogar, en jornada laboral. Sus brazos
abarcan el horizonte, el terreno, los surcos, la semilla. Envuelven también con
amor a su familia, a los suyos. Su día es un trajín de lucha, soledad, trabajo
y esperanza. La dureza de la vida no hace que pierda su esencia de mujer,
su capacidad de escucha, su intuición, su amor a la vida, su ternura.
Lejos de reconocer el importante papel que desempeña en la economía y su
contribución al desarrollo en el campo, la mujer campesina, la joven jornalera,
la niña rural, sufre aun de discriminación y de falta de apoyo social. La
salud, la educación, el limitado acceso a programas crediticios y la
marginación, son todavía dificultades que enfrenta la mujer rural en México y
en el mundo. Señala la ONU que el 60% de las personas que sufren hambre crónica
son mujeres y niñas .
A estas dificultades se suma el calentamiento global, el cambio climático
que traes consecuencias como las sequías, plagas, inundaciones y,
evidentemente, crisis alimentaria. Tal es el caso de la situación que los
habitantes de la sierra Tarahumara viven en estos momentos. Estima el organismo
internacional mencionado que si la mujer campesina tuviera acceso equitativo a
los programas de desarrollo agrícola como créditos, capacitación, herramientas,
semillas, fertilizantes y demás implementos, la cantidad de personas con
hambre en el mundo se reducía entre 100 y 150 millones.
Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, está dedicado precisamente
a la mujer campesina. El lema de las Naciones Unidas es para esta ocasión: “
Habilitemos a la mujer campesina; acabar con el hambre y la
pobreza”. En su mensaje, el Secretario General de la organización,
Ban Ki-moon, enfatiza que “la energía, el talento y la fuerza de las
mujeres y las niñas son el recurso no aprovechado, más valioso de
la humanidad”.
En los festejos que se llevan a cabo en todo el mundo con motivo del Día
Internacional de la Mujer, se destaca la lucha que se emprendió por
la defensa de sus derechos,( los derechos humanos fundamentales), el
respeto a su dignidad, su inclusión en los programas de desarrollo,
ya sea económico, social o cultural, el reconocimiento de su potencial humano,
(su inteligencia, capacidad de amar y escuchar), la aportación de su visión a
terrenos que eran exclusivos para los varones y su deseo de no ser discriminada
por su condición de género.
En el marco de estos festejos no olvidemos a este sector femenil a quién se
le dedica este día: La mujer del campo, que silenciosa, quieta, sin
aspavientos, es olvidada y poco reconocida, a pesar del papel fundamental que
tiene en el trabajo del campo, en el mejoramiento de la seguridad alimentaria y
en la reducción de los niveles de pobreza en su comunidad.
Cierro con una
felicitación a todas las mujeres que luchan cotidianamente por un mundo mejor,
empezando por mejorar su persona, su familia y su entorno inmediato.
Comparto una cita de Jorge Bucay: “Hombres y mujeres debemos trabajar para
crear espacios en que nuestras diferentes capacidades puedan complementarse”.