Lo que no parece normal, ni oportuno, ni acertado, ni ético, ni responsable, ni respetuoso, es que se aproveche la fecha de aniversario de la jornada más triste y luctuosa de la historia más reciente de España, para justificar movidas pancarteras que nada tienen que ver con el recuerdo doloroso de aquella criminal jornada de bombas, sangre y muerte.
Si es indigno que un iluminado corifeo (inicialmente tuvo que ser sólo uno) propusiese como estrategia operativa aprovechar la próxima jornada del 11-M para el río revuelto. Lo es también por extensión que, lejos de ser rechazada la genial sugerencia de forma contundente, fuese admitida por el resto de síndicos.
El 11-M es una fecha para recordar con dolor y pena. Es una jornada de triste en la que todos los españoles de bien tenemos el deber de rendir homenaje a los 192 asesinados y 1.900 heridos en aquella horrible masacre de los trenes en Madrid. Como dicen desde la Asociación de Víctimas del Terrorismo, no es una fecha para “vociferar consignas”. Es una jornada de respeto, de dolor y de luto.
Si algo debemos de reivindicar el 11-M es que se conozca la verdad. Toda la verdad. Lo que aún continuamos sin saber. Quienes lo diseñaron, lo ordenaron y lo ejecutaron. Tras ocho años del doloroso y vil atentado, ahora existen nuevas pistas que, en parte, pueden abrir el camino a la verdad. Aunque tan sólo sea por hacer honor a las víctimas, ¡hágase justicia!