Dejar a un joven frente a una computadora conectada a
internet, es dejarlo ante muchas opciones que están vinculadas a sus
necesidades de todo tipo. Estas opciones podríamos agruparlas en dos grandes
grupos. El primero de ellos está vinculado al disfrute, que engloba: a la
diversión, el juego, el sexo, la comunicación, la integración de redes
sociales, la comunicación permanente con su grupo de pertenencia, la conquista,
etc. El segundo de ellos está vinculado al conocimiento, a la lectura, a la
búsqueda de soluciones, al aprendizaje, al crecimiento personal, a la
posibilidad de escribir y opinar, etc.
Estas dos opciones están a un solo clic, los que son
posibles de accionar en cualquier momento. Siendo muy probable que el clic que
lo vincula al primer grupo -el del disfrute-, sea el que permanentemente
tratará de atraerlo y seducirlo, precisamente para hacerlo disfrutar de los
placeres que encierra y de paso, para venderle algo.
Para accionar el otro clic se debe estar: fuertemente
motivado y persuadido de lo que significa, además encontrar satisfacción cuando
asumen responsabilidades. Es decir que se debe experimentar y transmitir un
grado de responsabilidad con su proyecto de vida y con sus exigencias, que le
permitan concentrarse como corresponde y con todo lo que demanda el otro clic.
Los que no estén fuertemente motivados, educados y
convencidos de que es lo fundamental y sobre qué es lo secundario. Sobre todo,
lo que es efímero y complementario, se quedarán, sin dudarlo, en el primer
clic.
El panorama se complica porque la sociedad en general,
solo mira a las personas por su
condición de futuros clientes a los que permanentemente intentará venderles
algo. Para lo cual invierte ingentes cantidades de fondos en publicidad
destinada a forzar las ventas. Quedando la responsabilidad de educar,
concientizar, guiar y persuadir a sus niños y jóvenes, a la institución familiar y al Estado. Para
que ambas le hagan comprender al joven la importancia de accionar el otro clic.
Para lo cual, fundamentalmente las familias, deben entender y asumir la
responsabilidad de la tarea. Comprendiendo
acabadamente de que se trata el escenario en el que se encuentran “navegando”
sus hijos.
Eugenio García
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