Toda
persona que participa de una vida en sociedad[1]se enfrenta diariamente a
obligaciones y toma de decisiones de cualquier tipo, las que habiendo sido
establecidas por un estado de derecho, que actúa regulando la organización
humana, dentro de un territorio determinado, donde tiene existencia real un
orden vinculado a lo social, político y jurídico establecido mediante
normativas claramente definidas y orientadas al bien común de las personas de
esa sociedad.
Tal
vez para algunos sea difícil entender que la vida en sociedad implique un
tremendo desafío, que tiene que ver no solo con el cumplir con las obligaciones
propias de un estado de derecho, sino que más aun con el compromiso por ser
mejores personas tanto en el desarrollo personal, como en los esfuerzos por
defender los derechos de quienes no los poseen o a quienes se les niega.
A
partir de las definiciones y en consideración a que las personas poseen
distintas personalidades y visiones culturales, políticas, sociales y
económicas, su convivencia en esa sociedad, genera diferentes formas de
comportamiento y conducta ética, las que desde el punto de vista de la
convivencia, comunican una forma de ser con sus particularidades como
individuos de esa sociedad, y a partir de sus vivencias se forja la búsqueda
continua de los valores universales y permanentes por alcanzar en el quehacer
ético de cada ciudadano.
Es
en esta medida, que se hace evidente el como se construye un hombre, uno capaz de ocuparse del basamento espiritual,
que requiere de una concepción sociológica de la moral universal, con el objeto
de alcanzar así el grado de eticidad y etnicidad propio y característico del lugar
y de la universalidad de la civilización actual.
Este
hombre, no ha de considerar el saberlo todo o ignorarlo todo. No ha de
pretender ser un santo, sino que tan sólo debe pugnar por ser siempre un hombre
libre y de buenas costumbres. No ha de ser ni dogmático ni escéptico. Porque
sólo investigando, averiguando y filosofando; podrá llegar a situarse en un
“Justo Medio”, que es la conducta crítica del que sabe algo e ignora algo y que
por tanto, quiere seguir aprendiendo convertido en ese eterno interrogador; que
es capaz de sacar a la superficie todo cuanto es capaz de ofrecer. Sin duda
esto constituye una filosofía de vida, la que atraviesa no sólo la actividad
laboral sino también el comportamiento y hábitos de las personas.
Por
ello conceptos como la caridad, tienen un significado que no es de simple
ayuda, pues la verdadera responsabilidad del concepto es/o debe ser ayudar a
mejorar la vida de los ciudadanos en el animo de alcanzar un cambio integral
del hombre y del entorno en toda su dimensión.
Por
otro lado la sociedad, ofrece espacios de derechos inalienables para todo ser
humano, entre otros no ser sometido a Tortura, lo que representa una perdida de
los derechos del hombre. En general este caso esta referido y vinculado a los
aparatos represivos de dictaduras, pero ello no termina ahí, los derechos de
las grandes mayorías se ven a diario conculcados cuando el estado no asume su
rol de protección frente a los grandes consorcios.
Se
ha señalado que el hombre se encuentra a mitad de camino entre el saber y el
ignorar, y por eso el aprendizaje de cada hombre, también se encuentra a mitad
camino entre el cumplimiento de un ideal de perfección, que orienta o debe
orientar su conciencia hacia el estudio de los valores de la verdad, la
justicia y la belleza y como herramientas la razón, la voluntad y el
sentimiento en la plena convicción de entregarlo para la construcción de las
nuevas voluntades.
Por
sobre cualquier otra consideración, los hombres deben alcanzar su plena
conciencia expresada a través del trabajo, pero no un trabajo cualquiera, sino
uno que sobretodo esta referido a su actuar en el mundo. Aquel que es capaz de
poner al servicio de toda la comunidad en que participa, con toda su voluntad,
para lograr así, una sociedad más justa fraterna y más solidaria.
Si
el hombre ha conocido las virtudes y defectos de la sociedad y ha transitado
por el difícil camino de construirse a si mismo, no ignora que la principal y
permanente búsqueda del ciudadano, es el perfeccionamiento personal, sentido
que se entiende como la misión de transformarse en hombre libre y de buenas
costumbres, un hombre que busca practicar la fraternidad y el cambio hacia el
progreso humano, de todos quienes le rodean en la sociedad la que le toca
vivir.
Explorar
la ética, que este ciudadano intenta desarrollar, consiste tácitamente en
analizar sus emociones, cotejar sus valores e ir a la caza de todos los
prejuicios camuflados en los resabios de su vida. Por tanto es sin duda mucho
el trabajo, que debe realizar, sin embargo trabajará con el juicio,
profundizará en el cimiento y finalmente revestirá las techumbres.
El
hombre construido de esta manera con todos sus defectos y virtudes, debe tener
la fuerza y voluntad para continuar derribando sus imperfecciones, como un
compromiso permanente, que crece en la medida que se aquilatan en toda su
magnitud, el sentido dialogal que ha de mantener con otros individuos, como un
deber ineludible, que lleva implícito la condición de universalidad al
considerar a toda la especie humana sin distinción de sexos, razas ni condición
social, permitiendo de este modo multiplicar, el efecto bienhechor de sus
cualidades.
Para
todos es conocido que en muchos pueblos, se contrasta la opulencia y la
miseria, que se clama por justicia e igualdad de oportunidades, para que el ser
humano alcance su desarrollo integral como persona. En concordancia con esa
aspiración, hombres despliegan sus mejores esfuerzos, convertido en líderes
sociales, para enfrentar el reto de progreso de todos los hombres.
Este
ciudadano debe ser un hombre comprometido con su época, no importa su posición
social, ni el lugar donde se encuentre, oficina, fábrica, escuela, en el campo
o en la construcción. Su primer ideal es mantener el ejemplo perenne de
aquellos grandes hombres que lo han antecedido, teniéndoles como modelo de lo
que se puede llegar a ser.
Su
conducta ética, es un potente juez que guiara la dirección de su conciencia,
definida ésta como la capacidad intuitiva sujeta al desarrollo y perfección por
medio del raciocinio y la experiencia, que permite conocer el bien por hacer y
el mal que se debe evitar, para la conservación del individuo y la especie
humana.
Lo
señalado parece una condición de idealismo casi estupido, en estos tiempos de
consumismo salvaje, de falta de preocupación por el otro distinto de si mismo,
si quizas no sea facil ni tampoco sea posible, sin embargo se observa en la
juventud un gran gesto de cambio hacia una condicion etica por el cambio que
queda implícita en sus actos.
Salvador
Allende mencionaba en un discurso en Mexico, en la Universidad de Guadalajara
hace un tiempo atrás lo siguiente:
Hay
Jóvenes viejos que comprenden que ser universitario, por ejemplo, es un
privilegio extraordinario en la inmensa mayoría de los países de nuestro
continente. Esos jóvenes viejos creen que la universidad se ha levantado como
una necesidad para preparar técnicos y que ellos deben estar satisfechos con
adquirir un titulo profesional. Les da rango social y el arribismo social,
caramba, que dramáticamente peligroso, les da un instrumento que les permite
ganarse la vida en condiciones de ingresos superiores a la mayoría del resto de
los conciudadanos
Y
estos jóvenes viejos, si son arquitectos, por ejemplo, no se preguntan cuantas
viviendas faltan en nuestros países y, a veces, ni en su propio país. Hay
estudiantes que con un criterio estrictamente liberal, hacen de su profesión el
medio honesto para ganarse la vida, pero básicamente en función de sus propios
intereses.
Allá
hay muchos médicos -y yo soy medico- que no comprenden o no quieren comprender
que la salud se compra, y que hay miles de hombres y mujeres en América Latina
que no pueden comprar la salud; que no quieren entender, por ejemplo, que a
mayor pobreza mayor enfermedad mayor pobreza y que, por tanto, si bien cumplen
atendiendo al enfermo que demanda sus conocimientos sobre la base de los
honorarios, no piensan en que hay miles de personas que no pueden ir a sus
consultorios y son pocos los que luchan porque se estructuren los organismos
estatales para llevar la salud ampliamente al pueblo.
Y
por ello que es posible no solo en el discurso sino que el ofrecer un
COMPROMISO ÉTICO de largo alcance para la conquista de este mundo que es
nuestro.
"A
construir la sociedad que queremos y acaso también la que nos merecemos.
Modelada por las fuerzas de la historia de un país la que será la expresión
construida de lo que somos y queremos ser".
La
ética personal y social, será en los próximos años condición inexcusable para
la permanencia del ser humano sobre el medio ambiente, porque la propia sostenibilidad
de la civilización, incluso su supervivencia, exige el compromiso ético de
todos, entonces la sociedad puede y debe ofrecer un firme ejemplo de esa
renovación ética y, como en otros tiempos, liderar un cambio social.