Veo con preocupación, que los temas referidos a la escolaridad y a los
comportamientos de los jóvenes frente a las distintas tecnologías y pantallas,
que son tratados por especialistas en columnas publicadas en los diarios más
importantes del país, no reciben comentarios de los lectores. Lo que estaría
indicando que existe un desconcierto o un sentimiento de impotencia ante la
imposibilidad de modificar esas conductas en sus hijos.
Por supuesto que no es mi intención hacer de mi columna un espacio que
reciba adhesiones ni halagos. Soy consciente de que los temas que abordo quizás
molesten a quienes prefieren hacer la del
avestruz ante las graves problemáticas que acechan a los jóvenes, a su
educación y a sus excesivos consumos de todo tipo. Esto mismo observo en otros
espacios donde se tratan estos temas. Pero pienso seguir haciéndolo, porque
creo que es mi deber hacerlo.
Finalmente, prefiero predicar en el desierto, con una tormenta de arena
que me golpee el rostro y me impida avanzar y muchas veces me haga retroceder,
que prestarme de idiota útil a la destrucción sistemática de nuestros valores y
de nuestra cultura ya enclenque y debilitada. Fundamentalmente cuando esa
destrucción es posible observarla en quienes integran las nuevas generaciones.
Es decir en nuestros relevos.
Eugenio García