El Humanismo, es y debe
ser un valor ligado a todos los estratos sociales de la sociedad, su manifestación
fundamental debe incorporar una dimensión política, la que debe ser parte cardinal
de su propio desarrollo, para conferir a la sociedad un especial acento
humanista, el que se debe incorporar en acción a todas las doctrinas políticas de
los partidos políticos y por ello aplicado en las estructuras gobernantes del
país.
El hombre del siglo XXI,
debe luchar por alcanzar su libertad y su propia felicidad a través de su
propio desarrollo social, participativo y docente, tal que le permita a este ser
humano adquirir los conocimientos la armonía y la capacidad para entender y
tener conciencia de su lugar en la sociedad.
En esta medida el humanismo,
debe ser laico e influyente en la evolución de la sociedad, “no existe
humanismo teórico”, su concepción es definitivamente basada “en la experiencia”,
lo que destaca la importancia que el humanismo tiene en el desarrollo social y
en los temas de Educación, Trabajo, Economía, Estado y Salud.
Por lo tanto el ser humano
en sociedad, debe aferrarse a la lucha por una transformación social, cuyo objeto
sea ofrecer de un lado un modelo social solidario que evite las contradicciones
entre caridad y solidaridad que impone el modelo de estado subsidiario, en el
que prima solo la competencia y el mercado.
Sin
duda el progreso científico y tecnológico precipita las formas de entender la
economía y la cultura. Se ha incrementado el ritmo de los descubrimientos en diversos
campos de la ciencia, cuyas innovaciones no representan necesariamente un progreso
en la vida de los pueblos y las naciones, una gran parte se queda fuera de todo,
sin ninguna posibilidad de acceder a la prosperidad que ofrece al menos en la
publicidad. Ello lleva a una incertidumbre por el futuro. Es difícil sospechar
cómo puede ser el futuro y qué se hará para que sea mejor.
Se
vive entonces en una sociedad con un escenario de grandes contrastes, con
poblaciones rurales que a duras penas resisten la emigración y declive
económico, mientras que en otras se observa un enorme aumento demográfico y
económico sin ninguna proyección que permita evitar el surgimiento de bolsones
de pobreza, en el animo de las personas por alcanzar mejor bienestar a través
de la migración a zonas de mayor auge. En abundamiento se puede señalar que el
crecimiento económico descontrolado a nivel macroeconómico y empresarial es el mejor ejemplo del escenario
que impera: un capitalismo salvaje que busca impregnar lo que se interponga y solo
desea acumular riqueza.
El País, Los políticos, las
personas han de pensar en una economía más humana y social con una renovación
de las corrientes económicas en el sentido de su aplicación al contexto humano,
buscando la unión entre la economía, los valores y la política, sensibilizados
por la cuestión social y el enorme costo humano, hoy algunos
ríos son auténticas cloacas; explotación pseudo controlada de los bosques, de
la fauna y del equilibrio ecológico en gran parte del territorio y una alarmante
contaminación industrial.
Hoy
más que nunca es necesario el humanismo, rechazando aquello que impide el
desarrollo humano, entre otros: el consumismo, el individualismo y egoísmo, la
discriminación, la desigual distribución de la riqueza, cuestiones que manifiestamente
atentan en contra de una mejor sociedad en que dominen los
fundamentos humanistas.