El país entero gira en torno a los
formidables resultados electorales y políticos que arrojó el pasado 12 de
Febrero. Lo fundamental es un candidato presidencial electo; así como 17
aspirantes a gobernaciones de estado y 247 candidatos a un número similar de
alcaldías, de todo el país. Cada uno fue seleccionado mediante libre consulta
popular, abierta, democrática y, mediante el voto directo, universal y secreto.
Un poco de más de tres millones de electores atendieron el llamado de la Mesa
de la Unidad Democrática (MUD); estableciendo así, no sólo un record de
participación; sino legitimando popularmente la candidatura presidencial de
Henrique Capriles Radonsky (HCR).
Las primarias significaron el
surgimiento definitivo de una nueva forma de hacer política en Venezuela. Con
ellas, se cumplieron las promesas anunciadas meses antes y con ellas se
estableció la unidad de los factores democráticos, también prometida como estrategia
de reunificación y reconciliación de todo el país. Es así que, después del 12-F
Venezuela amaneció con una realidad política diferente, fundamentada en la
participación libre y plural de millones de venezolanos y venezolanas que se
alistaron a marchar hacia una propuesta de cambio en paz y democracia.
Las primarias además demostraron
las capacidades de organización y movilización de los factores políticos de
oposición. El evento electoral fue organizado con pulcritud y sin mayores
inconvenientes; en sana convivencia con el Consejo Nacional Electoral (CNE) y
los integrantes del Plan República, con lo cual quedó demostrado de donde
proviene el mensaje de violencia y confrontación. Pero además, la MUD demostró
coherencia y firmeza al rechazar la intentona “oficialista” de tomar los
cuadernos de votación y “comprometer” el secreto de quienes votaron. Cumplió de
nuevo la Mesa de Unidad (MUD), consolidando de esta manera su credibilidad ante
los electores.
Frente al progresivo avance
político-organizativo de los sectores democráticos, el oficialismo ha lucido
rebasado y sin respuesta. Y en realidad, ante la decisiva participación popular
demostrada en la movilización del 12-F no hay contra-argumento posible; los
insultos proferidos por el “candidato presidencial oficialista” no ofrecen nada
nuevo y dejan ver hasta cierta desesperación ante las posibilidades de victoria
que trae consigo la candidatura de HCR. Nadie duda que, en los laboratorios de
propaganda y manejo de opinión pública que maneja el gobierno se preparen
estrategias dirigidas a desacreditar a Henrique Capriles. El punto es que, esas
estrategias logren hacerlo; cuestión que -por ahora-, parece bastante difícil.
Un detalle importante en el triunfo
de HCR es que este trascendió las maquinarias políticas –nuevas y
tradicionales-, además de lograr una serie de alianzas efectivas con liderazgos
regionales que contribuyeron a su victoria. Esas alianzas que serán
determinantes para impulsar sus posibilidades de triunfo han sido fortalecidas
con la incorporación de Pablo Pérez y el bloque de organizaciones que lo
apoyaron. De igual manera, las figuras y liderazgos emergentes del resto de los
precandidatos también constituyen un capital político estratégico en la muy
próxima campaña electoral. En realidad, alrededor de HCR se ha conformado un
verdadero trabuco.
En general, los analistas y
expertos afirman que HCR no confrontó al gobierno nacional ni al Presidente de
la República durante su campaña. Mi punto de vista difiere sobre esa visión;
pues estimo que sí hubo una confrontación directa, sólo que esa confrontación
fue de calidad, constructiva, propositiva y ante eso, el bloque oficialista no
tiene mucho que decir. La diferencia sustancial entre Capriles y Chávez radica
en que mientras el primero privilegia la integración social como palanca para
el progreso; el segundo fundamenta su propuesta política en el conflicto y el
odio de clases. ¿No hubo confrontación, entonces? Pues claro que sí la hubo. La
clave será como se aborde y se desarrolle esa diferenciación entre ambas
candidaturas, de ahora en adelante.
Así pues, la opción de HCR
representa una alternativa de democracia, responsabilidad e inclusión, muy
diferente a lo padecido por el país hasta ahora. El bloque oficial –como ya se
anticipa- por una parte, intentará demonizar la candidatura opositora como
representante directo de enemigo genérico (y “tapa amarilla”) conocido como “el
imperio”; por la otra, se arreciará con la promesa de distribuir recursos
(financieros o no financieros) entre la población. La estrategia oficialista
será de un sesgo conservador y dirigida a mantener la fidelidad de su público
electoral, so pena de perder “sus beneficios”.
En realidad, falta aún camino por
recorrer para el 7 de Octubre y nada está escrito; pero los sectores
democráticos han dado un paso gigantesco y consistente para emprender esa ruta.
La oposición democrática y popular ahora está unida, con unos lineamientos
programáticos de gobierno definidos, con una plataforma organizativa y con la
candidatura de Henrique Capriles Radonsky. Bajo estas circunstancias, la Unidad
asumirá el reto de enfrentar política y electoralmente a la mayor maquinaria
propagandística que ha existido en Venezuela. Hay un largo camino.
@migonzalezm