Desde
niños adquirimos seguridades e inseguridades que nos son dadas inconscientemente,
la mayor de las veces, por nuestro entorno social y por nuestra familia.
En mi caso, siendo
muchacho por ahí por los ochenta, tenía el temor de lo que venía escuchando por
mis coetáneos: el Tercer año medio es muy difícil.
Ahora, a la distancia
veo cómo sufrí innecesariamente durante los años anteriores por la inminente
llegada de aquel crucial año. Todos los cursos y niveles tienen su
dificultad, indudablemente, pero van encadenados con nuestra madurez intelectual
y afectiva, de modo que no existe cosa alguna que no esté preconcebida para un
niño o adolescente. En otras palabras, la educación contempla dificultades
graduales acordes a la edad de los educandos.
Un niño de 4 años tendrá
sus propias dificultades de inserción a la escolarización y deberá superar
desarraigo familiar (con llantos desgarradores y abrazos de oso a las piernas
de su madre, para que no lo deje en ese ambiente nuevo, desconocido y
amenazante) Luego, ante la situación irremediable de verse solo en un
mundo "tan ancho y ajeno" (recordando a Ciro Alegría) viene el
proceso de socialización forzada, en donde toma conciencia del mundo que le
rodea. Ese descubrimiento es vital y marcador para el resto
de sus días. Aprenderá a hacerse de sus propios amigos y a conquistar sus
propios espacios.
Bueno, lo que sigue es
una historia conocida por todos: ya insertos en el medio escolar, uno está
sujeto a las vicisitudes de la vida y el éxito o fracaso escolar tendrá
relación directa con cada uno de los eventos personales que nos acontezcan.
Es en estas fechas, las
postrimerías de las vacaciones, cuando nos sobreviene a padres e
hijos por igual (y confieso que me sucede a mí también, como profesor) toda la
carga de stress por el inicio del año escolar.
Todos teníamos miles de
proyectos al iniciar las vacaciones : unos querían leer y llegar mejor
preparados al inicio escolar, otros quisieron tomar clases de matemáticas para
no acrecentar esos vacíos de materia o unas calificaciones muy justas, otros
salieron con el objetivo de solo descansar, con el pleno convencimiento de que
debían practicar el ocio en todas sus letras y, en fin, sería largo e
infructuoso detallar las muchas intenciones de cada persona ante su
"tiempo libre", pero convengamos en que nuestra sociedad chilena es
en gran medida culpógena. Hagamos lo que hagamos, hiciéramos lo
que hiciéramos sentiríamos que algo faltó, que algo no cumplimos del todo.
Sugiero humildemente que
aprendamos a asumir que lo que hacemos o dejamos de hacer es por nuestra propia
voluntad y que por tal razón, ejercimos nuestro derecho libremente.
Disfrutemos lo hecho efectivamente y no nos detengamos en las culpas, que
a nada conducen.
Cada año es una nueva
oportunidad para vivir, para aprender, para conocer.
Este año no será ni más
difícil ni más fácil que el anterior... estoy más grande, sé enfrentar estos
desafíos mejor que el año pasado.
Padres y madres:
potencien la seguridad en sus hijos y esto se logra no con presiones indebidas.
Nuestros hijos no vienen destinados a cumplir lo que la vida no quiso para
nosotros.
Cada niño es único y
tendrá su espacio en la vida que él logre forjarse. Las familias deben
facilitarles los espacios agradables, los afectos, la protección y, por cierto
toda su manutención y orientación. Lo que él logre por sí mismo será la
consecuencia de todos estos aspectos que he mencionado.
Ni las listas de útiles,
ni las exigencias de uniforme por parte de los colegios, ni una marca de
zapatillas, ni un reclamo, ni nada de nada hará que marzo detenga su llegada.
Buscamos cada año
pretextos para todo, sin embargo todos llegamos como sea a ese primer día.
No suframos más de lo necesario, no escuchemos todo lo que dice la
televisión ni los diarios, que en gran parte ha contribuido a nuestra forma de ser
chilenos, el andar a última hora, el buscar un justificativo, el regatear.
Eso nos ha vuelto inseguros, poco satisfechos, materialistas y
extremadamente competidores con el otro.
Hace un par de días
reclamaban por las redes sociales por los altos precios de las listas
escolares. No digo que no sea verdad, pero fíjense en la media de los
jóvenes chilenos, incluso niños muy pequeños: la mayoría posee un celular que
es más caro que una lista completa de útiles escolares.
Padres, madres,
estudiantes, colegas profesores: estamos prontos a entrar a clases.
Todos vamos con los
mismos temores. Ánimo y mucha suerte.