Protestas, disturbios y cabestroides
Política Nacional | 15/02/2012

Nunca he entendido el comportamiento violento de algunos humanos, -bueno, más bien de ciertos humanocabestroides-, que aprovechan ríos revueltos de protesta para dar rienda suelta al instinto destructor que les hierve en las entrañas. Quizás es que tampoco he detenido mi curiosidad en averiguar estos salvajes comportamientos y, precisamente por esa indiferencia, nadie me ha podido aclarar que factor del ADN influye en esos cabestroides para destruir lo que se les ponga por delante.

Son escenas que se repiten con frecuencia. Solemos verlas a diario cuando sobremesamos la comida. Nos llegan desde los rincones más insospechados. Casi todas las escenas tienen la misma estructura y perfil. Grupos de violentos, con los rostros embozados para parecer sombras, lanzando piedras, bolas de acero, líquidos inflamables, vallas protectoras y toda clase de objetos contra las barreras de efectivos policiales responsables del control y del orden. Además lo hacen con saña y con intención de lesionar a los agentes. Avanzan y retroceden en los ataques como en auténtica guerra de guerrillas.

En los últimos días hemos tenido oportunidad de visionar de forma cumplida este tipo de violencia en Grecia. Atenas ha sido el escenario central del caos. Y todo ello por la simple decisión de votar un plan de recortes para evitar la bancarrota del país. Intentar que Grecia funcione con el empuje de los propios griegos ha costado un auténtico caos en Atenas: más de cien agentes de policía heridos de diversa consideración y 54 personas hospitalizadas, entre civiles y policías; más de una docena de edificios quemados, entre ellos dos cines y varias sedes bancarias, incluido el edificio central del banco Alphabank, una comisaría de policía atacada, cristaleras de comercios rotas, mobiliario urbano arrancado y destrozado, 150 comercios y almacenes asaltados y saqueados.

Es legítimo y, a veces necesario, que los ciudadanos manifiesten públicamente sus inquietudes y muestren sus desacuerdos contra medidas y decisiones que les afectan. Las protestas se pueden escenificar a través de concentraciones, manifestaciones o huelgas. Se pueden exhibir pancartas de protesta, vocear consignas y corear pareados, pero siempre respetando la libertad y la integridad de las personas, respetando también los bienes materiales y, especialmente, de los responsables del orden.

Los edificios, las instalaciones urbanas, las entidades y centros institucionales, los comercios, las lunas de escaparates y el resto de elementos que suelen ser objeto de las iras de los cabestroides, no tienen la culpa de las circunstancias que originan las protestas.

Los disturbios que se generan aprovechando movilizaciones, concentraciones, o manifestaciones, ni favorecen ni fortalecen las razones que provocan la protesta.

Si los cabestroides tendrían que pagar lo que arrasan, los comportamientos serían muy distintos.

Comentarios

2 - An - 21/02/2012 10:09
Sí, a mí me han dicho que el enemigo, los peligrosos estudiantes, iban quemando calles, y tal. Venga hombre, solo un poco de porfavor, que en Valencia solo ha habido unos culpables. Y está muy claro quiénes son, por mucho que algunos tratéis, de una forma u otra, de deslegitimar toda protesta y culpar a los manifestantes.
1 - Eduardo Tapia - 15/02/2012 20:25
Como menciona esta columna, este tipo de protestas es algo que se repite en muchos países del orbe.
Sin embargo, la gran mayoría de la ciudadanía no se manifiesta de esta forma ni admite este comportamiento, aun estando de acuerdo con la motivación de la protesta, ya que ven como sus derechos son vulnerados por estos personajes que poco o nada entienden de respeto.
Así llego a creen que en muchos de los casos quienes dirigen estos disturbios no tienen otro objetivo que el simple hecho de destruir, saquear y robar en medio del caos y la desesperación de sus conciudadanos.
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