¿FILOSOFIA O RELIGION?
¿ATEO O AGNÓSTICO?
INTRODUCCION
En el lenguaje común
un ateo y un agnóstico, tienden a ser asimilados como si fueran una misma cosa,
sin embargo el tema es
bastante más complejo y requiere de un mayor conocimiento que defina
conceptualmente ambas posiciones filosóficas.
En el pensamiento colectivo de las personas
se han arraigado las dos ideas principales y antagónicas del ser humano: Religión
y Filosofía. De un lado la religión que basa su especulación en la Fe, aceptando
el dogma como respuesta a todas las preguntas en razón del carácter de evidente
e indiscutible de la presencia de una entidad última o divinidad. Y por otro
lado, la filosofía que utiliza la Razón, para comprender el significado de los
fenómenos o hechos de la realidad, sin suponer, para comprenderlos, ninguna
consideración previa, que no se funde en razones, manteniendo una actitud
crítica permanente, lo que constituye las preocupaciones del conocimiento humano
para explicar el principio u origen de todo lo que es.
Si bien la filosofía define al Ateísmo[1],
como una postura teórica que niega la existencia de Dios, lo que le confiere a
dicho término un significado preciso, sin embargo en razón de la diversidad de
concepciones existentes sobre Dios, le otorgan a dicha negación, una cierta imprecisión
necesaria de aclarar.
Las disputas entre la Filosofía y Religión,
características de las diversas etapas de la historia humana, señalan que en
algunos momentos la primera ha sido absorbida por la Religión, tal como sucedió
en la Edad Media. Pero en otros momentos, como en la actualidad, la Filosofía sostiene
una posición más libre, en razón al enfoque conservador de la Religión. Y Si bien Filosofía y Religión se enfrentan,
la una con la razón y la otra con el dogma, el hombre común siente una fuerte tendencia
a aceptar ambas posiciones como validas, y parte de una verdad relativa, es el “Agnosticismo”,
cuyo conocimiento filosófico, se encuentra a medio camino entre la verdad del
dogma y la verdad de la razón, a ello se le llamara la tercera verdad, una que acepta
todo, pero que a la vez duda de todo.
DESARROLLO
LA FILOSOFÍA Y SUS INTERROGANTES
La filosofía, constituye la expresión máxima
del pensamiento del hombre como ser cerebral e intelectual, y su perspectiva es
dar respuestas coherentes a las diversas
interrogantes del hombre, sobretodo cuando se ha preguntado acerca del origen
del mundo, de la materia, del hombre, de la naturaleza del alma, de la vida, y
de la muerte. Y por tanto se define a la filosofía como la
ciencia que se ocupa de responder las grandes interrogantes que desvelan al
hombre.
Sin embargo la duda persiste y ante los problemas
para aceptar que el universo existió desde siempre; la tendencia se orienta, a
sostener que en cierto momento antes del llamado Big Bang, no existía nada. De
ahí que para el creyente sea más fácil acatar lo que propone la religión:
"El espíritu planeaba encima de las tinieblas y luego se hizo la
materia". Del mismo modo, si alguien se pregunta: ¿"dónde"
residen los pensamientos?, en verdad se está planteando la relación entre
pensamiento y cerebro, es decir, entre materia y espíritu. Asimismo, cuando se
plantean las relaciones entre la voluntad y el poder, siendo que el poder es lo
material, y la voluntad lo inmaterial o lo espiritual; y así cuando se plantean
las relaciones entre la "conciencia social", y las condiciones
materiales de la "existencia social".
El fundamento de la filosofía, es el
hombre y ello conduce siempre a preguntas; que suelen presentarse bajo diversas
formas y criterios. Sin embargo, lo que en verdad cuenta aquí es el modo de
plantear dichas relaciones, y aunque abunde la diversidad de doctrinas y puntos
de vista; sólo hay dos respuestas posibles a esas interrogantes: Una respuesta
de naturaleza científica o Una respuesta de naturaleza no-científica.
IDEALISMO Y MATERIALISMO
Sin duda el hombre busca incansablemente
respuestas a su origen y destino, sobre lo cual los filósofos se han visto forzados
a tomar partido por una u otra de las respuestas. El hombre primitivo carecía
de los medios intelectuales necesarios para formularse tales preguntas y
desconocía por completo el mundo que lo rodeaba, y la prueba de ello es que
atribuían a seres sobrenaturales la responsabilidad de los sucesos que
observaban.
Mas tarde, surge la idea de la
inmortalidad del alma y de una vida espiritual separada del cuerpo por fuera de
la materia. En verdad, ya desde la filosofía griega, y particularmente desde
Platón, se comienza oponer materia y pensamiento.
Idealismo y Materialismo constituyen dos
respuestas antagónicas a la cuestión fundamental de la filosofía, evolución o
creación. De modo que se puede decir que el idealismo corresponde a la
concepción no-científica del mundo, y que el materialismo constituye pues la
concepción estrictamente científica. Las pruebas son aportadas por cada una de
estas concepciones. Al decir que en la experiencia se verifica la existencia de
cuerpos o materia sin pensamiento, tales como las piedras, madera, metales;
pero hasta el momento, no ha sido posible comprobar la existencia de un
pensamiento o espíritu sin un cuerpo.
MATERIA, Y ESPÍRITU
Cada vez que se piensa en el mundo, se
puede concluir que este puede ser agrupado bajo diversas formas, sin embargo
dos categorías le representan de mejor forma: "materia" y
"espíritu". En este sentido se puede señalar que la contradicción se
vale de las palabras más diversas. Así, para referirse al espíritu se emplea los
términos de "pensamiento", "alma", "ideas",
"conciencia", lo mismo que al referirse a la materia, se hace bajo
términos tales como "naturaleza", "tierra",
"mundo", "ser", etc. Federico Engels, refiriéndose a estas
diferencias en su escrito sobre Ludwig Feuerbach, las establece con precisión
al llamar al "Ser", materia, y al pensamiento "Espíritu.
ATEÍSMO Y OTRAS POSTURAS FILOSÓFICAS Y RELIGIOSAS
Es preciso distinguir el ateísmo de otras
dos doctrinas que a menudo se disfrazan con él: agnosticismo y escepticismo.
Algunos pensadores no niegan ni afirman la existencia de Dios, pero consideran
que no es posible llegar a ninguna conclusión acerca de ello. Estos pensadores
son denominados agnósticos, y entre ellos se puede contar a los positivistas,
que sólo afirman lo que es objeto de la experiencia. Otros niegan la
posibilidad de conocer cualquier verdad –son los escépticos– y por consiguiente
niegan la posibilidad de conocer la existencia de Dios. Así pues, el ateo se
diferencia del agnóstico en que no admite siquiera la mera posibilidad de la
existencia de Dios, y del escéptico en que, aunque niegue a Dios, sí admite la
posibilidad de conocimiento.
LA OTRA EXPRESION FILOSOFICA “EL AGNOSTICISMO”
El pensamiento filosófico del hombre ha transitado desde la
necesidad de dar respuesta a fenómenos inexplicables hasta el desarrollo de las
ciencias y la filosofía pero siempre enfrentada a la necesidad de encontrar
respuestas divinas, a fin de intentar respuestas en busca de una verdad siempre
esquiva, en este sentido el hombre ha encontrado distintas vertientes a
considerar una de las cuales es el agnosticismo.
La filosofía considera a Dios y particularmente a la religión como
un problema, sin embargo no puede probar la contradicción entre si Dios existe,
o no. Particularmente la filosofía se apoya para sus deducciones en la razón,
pues constituye la búsqueda del saber, es decir todo lo problematiza, lo
cuestiona, y establece la duda. Se define entonces la creencia de que la existencia o no de Dios es un asunto superfluo en tanto
que no forma parte esencial de la condición humana, aunque sí lo sea de la
cultura y de la historia humana.
Muchos no creyentes se definen como
agnósticos antes que ateos. No creen que dios exista, pero no están seguros de
ello y entonces son renuentes a ser llamados ateos. Una actitud común es decir:
“Tal vez hay algo allí afuera. A fin de cuentas, no lo conocemos todo”.
Quienes profesan el agnosticismo no son
necesariamente antirreligiosos, siendo respetuosos de todas las creencias que
proceden de una reflexión individual y honesta, y no de un interés egoísta, de
la desesperación o de la presión del entorno. AGNÓSTICO, es una palabra que proviene del griego (no) y gnosis
(conocimiento), entiende la fe sólo como una opción personal de cada
individuo que él no comparte.
ATEO O
AGNOSTICO
La tercera Verdad filosófica conocida
como Agnosticismo, sostiene no es posible de conocer la verdadera naturaleza de
las cosas y de la materia, y que sólo se accede a sus apariencias. De ahí su
nombre: Agnosticismo[2].
Según los filósofos agnósticos, nunca se sabrá con absoluta certeza si el
espíritu o la materia existen por sí mismas, porque sólo se conoce de ellas
solo sus apariencias. Un ejemplo es que los hombres primitivos creían que el
Sol era un disco rojo y aplanado, ya que así se les aparecía a sus sentidos.
En tanto los idealistas disputan con los
materialistas la existencia objetiva o subjetiva de la materia, los agnósticos
sostienen que nada de esto puede conocerse con certeza, pues sólo podremos
conocer las apariencias. Los sentidos; según sostienen los agnósticos, permiten
conocer las cosas, sus aspectos externos, sus apariencias, y esas apariencias
existen y que en términos filosóficos se denomina: "la cosa”.
La posición del Agnóstico, señala que su posición se expresa en que
"los argumentos que se presentan en favor de la existencia de Dios, no
permiten afirmar que existe". Por otra parte la posición del ateo es más
terminante al señalar que: "los argumentos que se exhiben en contra de la
existencia de Dios permiten afirmar que no existe".
EL agnóstico pone el acento en la naturaleza, según él,
no-conclusiva de la argumentación del creyente. Propone, por principio,
desconocer el referente teísta y suspender cautelarmente el juicio definitivo
sobre la posibilidad de saber si Dios existe o no.
El punto del agnóstico frente al creyente es tan formalista y tan
teoricista en su actitud de espera -dice que necesita pruebas concluyentes para
decidir- que, de hecho, su posición nominal no se corresponde con los esquemas
de comportamiento vital a los que cada uno de nosotros tiene que atenerse en el
mundo de la praxis, entendiendo por esta categoría no sólo lo que se
hace, sino también la estructura teórica y motivacional de lo que se hace.
La actitud agnóstica, en su estricta formulación teórica, no pasa
de aparecer como más bien académica o vagamente verbal es lo que quiso decir
Bertrand Russell al declararse agnóstico teórico y ateo práctico. Cabe que
quien se tome a sí mismo por agnóstico sólo sea un creyente dudoso, en cuyo caso es relativamente
frecuente que se deba cambiar su autodefinición.
CONSECUENCIAS DE ESTA TEORÍA FILOSÓFICA
El agnosticismo, sin duda constituye una
hipótesis muy seductora, y a la vez, ampliamente difundida en estos días. Esta creencia
ejerce su influjo en muchos escritos, y su impacto se ha hecho sentir fuertemente
en aquellas filosofías que han decidido permanecer neutrales sin compromiso respecto
del problema fundamental “buscar la verdad”, y por ello mantener, una cierta
reserva respecto de la ciencia, ante la imposibilidad de conocer la verdadera
naturaleza de las cosas, tal como lo afirman los agnósticos, y si los
conocimientos quedan restringidos a la experiencia de las cosas; entonces no
será posible allí su existencia objetiva, y aún menos, saber si las cosas
existen por sí mismas.
Y si acaso existen otros medios para
acceder al conocimiento de la "cosa en
sí", como por ejemplo, la fe religiosa, el agnóstico no desea saberlo, ni
considera que pueda ejercerse algún derecho a ello. Así, en lo que concierne a
la ciencia y a la vida práctica, el agnóstico es un materialista; pero se trata
de un materialista que no acepta asumir la filosofía, y al mismo tiempo no desea
polemizar con los idealistas, ni tampoco enfrentarse a las religiones, y por
ello, se trata de un “materialista avergonzado” de su condición.
Ahora bien, las consecuencias que pueden
extraerse de esta filosofía, es que poniendo en duda el alcance de las
proposiciones científicas, y no viendo en ella sino a unas meras apariencias;
el agnosticismo propone no tomar en cuenta el contenido de verdad de las
ciencias, y que por lo mismo, toda tarea de conocimiento es inútil, y en
consecuencia, debe renunciar a toda forma de progreso.
CONCLUSIONES
En los diversos momentos de la historia
humana, los hombre buscaron explicaciones plausibles a los fenómenos que
observaba, y la aceptación de esas distintas corrientes del pensamiento, permitieron
a la religión apropiarse del espacio, luego a partir del progreso de las
ciencias “la razón” logra un terreno trascendente en la vida del hombre,
logrando ocupar las capacidades de pensar y filosofar sobre todo a partir de la
duda metódica heredada de Descartes.
El estudio de las religiones, tiene el
propósito de entender que los hombres tiene el deseo irrefrenable de salvarse de
un posible castigo divino y que sólo en las religiones y particularmente en el
cristianismo se encuentra su salvación, mientras que para quienes han crecido
en la fuente del pensamiento
humano, al estilo
de Feuerbach, el hombre ha
realizado su camino: primero creó a Dios y más tarde entendió que ello solo era
un peldaño en el conocimiento humano, al considerar a Dios como una creación
humana y por lo tanto como Feuerbach niegan su existencia así como la de
cualquier otro dios.
De la misma manera, a
la gente no le gusta la ciencia, pues ella desafía creencias arraigadas, lo que
contraría su sentido común, le desbarata sus doctrinas, le desmonta la
perfección de los humanos como creación divina; y, ante todo les daña el
negocio a los que se lucran con la ignorancia de las mayorías. En conclusión Filosofías y Religión se
hayan estrechamente vinculadas en tanto contenido de la religión como tema
principal de la reflexión filosófica; y la filosofía como fundamentación
religiosa.
A partir de las discrepancias entre las
dos tendencias, filosofía y religión, surge como una forma propicia el Agnosticismo,
pues frente a la duda de lo que no se puede explicar no considera que pueda
ejercerse el derecho a ser dueño de la verdad. Y por lo que concierne a la
ciencia y a la vida práctica, el agnóstico es un materialista; pero se trata de
un materialista que se muestra renuente a asumir su filosofía, y al mismo
tiempo no quiere polemizar con los idealistas, ni tampoco enfrentarse a las
religiones, y por ello, se trata de un “materialista avergonzado de serlo” o de
un “religioso avergonzado de serlo”.