La historiografía masónica de alcance
público, en América Latina, es más bien precaria. Hay muy pocos textos de
acceso masivo que traten procesos, personajes, hechos, etc. de importancia
historiográfica, en que la mirada de lo masónico tenga un impacto importante en
los estudios y reconstrucciones de la historia de los países latinoamericanos.
Es más, la historiografía de los centros de estudios, academias y
universidades, muchas veces han mostrado una flagrante ignorancia o una grosera
equidistancia sobre la importancia de las logias masónicas en los procesos
históricos de nuestro continente, incluyendo todas las Américas.
Sin embargo, la historia de nuestro
continente está íntimamente ligada a muchas influencias o protagonismo de los
hombres de logias, a partir y en conclusión de su condición masónica. Más de
algún pretendido historiador de prestigio en Chile, por ejemplo, se ha
disculpado por su ignorancia sobre esa influencia, señalando que ello obedece a
la falta de fuentes, por culpa del secreto masónico. Los he escuchado en forma
directa. Sin embargo, quienes han desarrollado investigación seria y meticulosa
al respecto lo han hecho en fuentes públicas, en su gran mayoría.
Algunos, desde su ignorancia, han
tratado de formular tesis, estableciendo determinadas afirmaciones, que se han
transformado en reiteraciones históricas, a pesar de su infundio. En Chile es
memorable el rol de Vicuña Mackenna y todo lo que no supo hacer con el archivo
de O´Higgins. Para que decir de lo que no supo ver.
Europa, empero, cada día se preocupa más
del rol de las logias, no solo en determinados procesos, sino también en la
implicancia espiritual que ella generó en muchos de los cambios de la
civilización occidental hacia la secularización, hacia el desarrollo del
pensamiento científico, hacia el laicismo e incluso hacia el liberalismo como
corriente emancipadora en lo político y espiritual. Todos los años hay
simposios o seminarios al que concurren historiadores consagrados y noveles
investigadores en torno a la historia e influencia de la masonería.
Las Américas, en tanto, – la latina y la anglosajona – han sido
avasalladas por visiones religiosas exclusivistas, el catolicismo y los
integrismos protestantes, respectivamente, que han logrado establecer lugares
comunes históricos con mucho éxito, prescindiendo de ciertos sujetos
históricos, dando una lectura distorsionada y unilateral de los eventos, e
incluso construyendo relatos antojadizos, sin ningún asidero real. No en vano,
San Martín está sepultado en una catedral y a O´Higgins se le adjudica el voto
a la Virgen del Carmen que, en realidad, fue realizado por el Cabildo de
Santiago.
En la construcción de una historiografía
que recupera la presencia masónica en la historia, se han ido produciendo una
serie de sucesos interesantes, de historiadores masones y no masones, que
buscan abordar determinados procesos o hechos, agregando nuevas luces a la
visión de la historia general de América Latina. Son investigadores puntillosos,
que siguen líneas de investigación nuevas sobre viejas fuentes, armando algunos
rompecabezas que no fueron resueltos, y encontrando evidencias latentes en
fuentes en que la ignorancia de otros pasó desapercibidamente.
Como un aporte a la historiografía
chilena con efecto universal, teniendo como referencia el antecedente de lo masónico,
se inscribe la publicación hace algunos meses del libro “¿Fue masón el Papa Pío IX?” del historiador chileno Manuel Romo
Sánchez, un riguroso y dedicado autor de varias indagaciones en la historia
masónica chilena, que aborda los detalles de la visita a Chile del Vicario
Apostólico Arzobispo Muzzi, en cuya comitiva estuvo el joven sacerdote Juan María Mastai
Ferretti, quien pasaría a la historia como el Papa Pío IX, y, en esa condición,
por haber agregado nuevas condenas a los masones y al pensamiento científico, al
primero a través de más de 100 documento, y al segundo en piezas como la
encíclica Quanta Cura y su
tristemente célebre “Syllabus”.
Sin embargo, la presencia en el Río de
la Plata y en Chile, históricamente ha alimentado la sospecha de que el joven
Mastai Ferretti participó en actividades masónicas, a pesar del encono que tuvo
hacia las logias, posteriormente, en su calidad de pontífice.
Como nos lo recuerda Manuel Romo, nada
más oprobioso para el papado y la jerarquía católica llegó a ser el proceso de
independencia de los países americano. El año 1816, el Papado emitía una bula
condenando la revolución independentista que forjó a las naciones americanas.
El poco afecto de los líderes y protagonistas de la Independencia respecto de los representantes de una Iglesia
que simbolizaba el estado de cosas que trataban de superar, hizo que los
obispados y los conventos quedaran a la deriva, sin los deberes del Estado y
los beneficios religiosos del concordato, y las parroquias al arbitrio de los
curas que persistían en desarrollar su labor pastoral aunque fuera por razones
de subsistencia personal.
Los miembros de las logias que
influyeron en el proceso emancipador, sin embargo, tipos tolerantes y
partidarios de la libertad de cultos, no eran hombres anti-iglesia o anti-religión,
y reconocieron que había una parte importante de la población que tenía una
necesidad espiritual, que requería de asistencia religiosa. Ello será
determinante para buscar fórmulas para aproximarse a una solución con el
papado, que normalizara las actividades religiosas de la Iglesia Católica en
Chile. Así se produce el viaje plenipotenciario del cura patriota José Ignacio
Cienfuegos, junto a una comitiva, que no fue recibida como representación
diplomática por el Papa, ya que ello significaba reconocer el “gobierno
disidente del Reino de Chile”.
Cazurramente, como lo es la diplomacia
papal, Pío VII nombró un vicario que mandó a Chile sin calidad diplomática, acompañado
de una delegación donde iba el joven cura noble Mastai Ferretti, quien comenzaba
a hacer carrera dentro de las estructuras del poder pontificio. La comitiva
arribó a Buenos Aires, en enero de 1824, siendo recibida con recelos por parte
de las autoridades argentinas, encabezadas por Rivadavia. A inicios de marzo
llegaron a Santiago de Chile, donde tampoco hubo la mejor recepción. Sin
embargo, lo situación fue superada y se transformaron en huéspedes del liberal
y masón Director Supremo, Ramón Freire.
¿Participó en actividades logiales el
sacerdote Mastai Ferretti, en su breve paso por Argentina o en Chile? ¿Fue
iniciado el futuro Papa Pío IX en Europa, en alguna logia militar, antes que
decidiera ser sacerdote a los 22 años?
Esas son las dudas que aborda el trabajo de Romo, que no pretende ser
concluyente, aunque busca confirmar algunas de las afirmaciones que han
circulado al respecto.
En ese sentido, aporta información
importante que ayuda a despejar determinados mitos o afirmaciones que se dan
como ciertas, al mismo tiempo que genera cierta duda histórica en otros
aspectos.
Buen aporte es este trabajo realizado
por Manuel Romo, que fue presentado en noviembre pasado en la Sociedad de
Historia y Geografía, y que se suma a otros trabajos interesantes que ha
publicado anteriormente: “Diccionario de
la Brujería en Chiloé” (que ha tenido dos ediciones), “Folklore
Médico de Chiloé” (2001) y “Prisión
de los patriotas chilenos en las Islas Juan Fernández” (2004). Se suma también
a su producción disponible en Internet, que da cuenta de sus investigaciones
sobre la masonería, a través de la revista digital “Archivo Masónico”, que lleva ya 25 números.
Comentarios
Es innegable el rol de la Institución Masónica en la consecución de un mundo más humano, más digno y más civilizado. La libertad del pensamiento no tiene precio. La práctica de la Ciencia, tampoco.
La historia de la iglesia católica (con minúsculas) es la historia de lo más sórdido y bajo de la conciencia humana. Múltiples libros demuestran sus atrocidades. Y sin embargo, en el seno de este lodo inmundo habita un Centro y un Eje que pocos entienden: y es la misma leyenda del héroe del Mito Solar que aún hoy podría seguir llamándose Prometeo. Es que Materia y Espíritu son las dos columanas que limitan nuestro quehacer y entendimiento. DISCERNIR ese Centro y ese Eje y vivir en Él es nuestra más noble misión.
PD: nunca me han gustado los comentarios dogmáticos. La Verdad no es dogmática, es como el fotón: partícula y onda. ¡Vaya cuestión!