Si a estas alturas alguien tenía alguna duda razonable al respecto, el “espectáculo” de la cadena con víctimas inmobiliarias y las amenazas telefónico-mediáticas al presidente del Banco Provincial, debería despejarla a satisfacción.
Lo primero a señalar es que el drama de las “estafas inmobiliarias” se ha venido agravando por la acción y omisión del régimen que preside el señor Chávez. Mientras menos viviendas se construyan, menos alternativa tienen los potenciales y efectivos compradores, y más ventaja adquieren las reducidas empresas de construcción, y en especial las codiciosas.
El “gobierno revolucionario” ha prácticamente desarticulado a la industria de la construcción privada, entrabando y encareciendo su trabajo, hiper-regulando al sector y estableciendo amplios márgenes de discrecionalidad oficial para su supervisión o, más bien, acoso.
¿Consecuencias? Una caída vertiginosa en la terminación de viviendas y un aumento, también considerable, en la incertidumbre y dificultad para construir y acceder al techo propio. Por ello, las víctimas del abuso inmobiliario lo son, principalmente, de las delirantes políticas aplicadas por el gobierno personalizado que se pretende erigir en la defensa de sus derechos.
Dicho esto, vamos a lo segundo, o la necesidad gubernativa de echarle la culpa a los otros, sean los que fueren con tal de confundir a la opinión pública sobre la verdadera raíz del drama. Y en esta dimensión se vienen montando las campañas y teatros públicos y notorios de los últimos tiempos en materia de “defensa de la clase media” en lo habitacional.
La puesta en escena en muchos de estos eventos propagandísticos, además, se encaja en la noción del poder como una especie de atributo personal, en olímpico desprecio a todo lo que parezca institución, sea estatal o particular. Terreno abonado para el atropello y la ufana soberbia del yo mano porque mando yo….
Y en medio del trance o frenesí demagógico, siempre apuntando al aprovechamiento político de las circunstancias y las audiencias, el señor Chávez se explaya en amenazas e inculpaciones para tratar de demostrar que él es el vengador todopoderoso; y cuando su violencia verbal causa efectos de zozobra masiva, verbigracia corridas bancarias, no se le ocurre otra originalidad que advertir que sus opositores están desestabilizando al país por órdenes del imperio yanqui….
Es el reino de la mandonería, como si el Estado venezolano y, más allá, el conjunto del país, fueran una taguara primitiva en donde la única ley es la voluntad del mandón. Y eso no tiene nada de siglo XXI sino de retroceso trágico a los tiempos de la barbarie.
Comentarios
Uno de ello sería Venezuela, abalado por una inflación que superó el 27% el año anterior; el control de los medios tradicionales e internet de parte del gobierno; y el totalitarismo del presidente.
¿Es esta una oportunidad para hacer un llamado internacional a mediar en una salida armoniosa del actual gobierno o no queda más que esperar –Dios quiera que no- afrontar una situación similar a Egipto?