(Parte I)
Las oportunidades para la autoridad política local en tiempo de democracia
La
serie de reformas al régimen municipal
chileno5, que se realizan tras la vuelta de la democracia,
enfatizan en la democratización del
gobierno municipal (elección de alcaldes
y concejales) y en el establecimiento de
cierto control ciudadano de las autoridades municipales. Este proceso repercutió en los municipios andinos en la medida “que
favore[ció] la formación o al menos una mayor visibilidad y presencia de entidades
locales andinas como comunidades
locales, grupos de interés,
organizaciones de base de distinto tipo,
bases y clientelas locales de partidos, grupos y redes basadas en el parentesco”
(Gundermann 2003:58).
En
este contexto, los dirigentes aymaras,
especialmente aquellos con experiencia en la ciudad o cuentan con formación técnica
y/o profesional, toman el control de los
municipios bajo el régimen democrático,
reemplazando a los alcaldes designados
del régimen militar. Sin embargo, la
adscripción étnica tiene una transversal
que comienza a imponerse en la medida
que estos dirigentes alcanzan una mayor
experiencia en los cargos públicos de
los gobiernos locales. A partir de este
entonces, el tema étnico se vuelve un medio eficiente de tratamiento de los problemas socioeconómicos por el fomento de
políticas de desarrollo local, apoyadas
por organismos de cooperación
internacional.
El
proceso descentralizador también alcanzó
a nivel regional bajo el actual gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, al haber
creado la Región XV, Arica-Parinacota,
según Ley Nº 20.175 de abril de 2007,
restaurando a la antigua provincia de Arica, del período peruano, sus límites y su independencia de la
provincia de Tarapacá, a la que fue
anexada a partir de 1929. Putre es el
principal municipio chileno de la
triple-frontera, actualmente capital de
la provincia de Parinacota, una de las dos de la nueva región de Arica-Parinacota.
Putre,
una antigua localidad de unos mil
doscientos habitantes cuyas calles recuerdan el vínculo colonial entre Arica y Potosí,
ha tenido durante el siglo veinte
importancia geopolítica y, por lo mismo,
ha albergado a un importante contingente
militar que, sin dudas, afectó en la
conducta e identidad de los habitantes
de esta localidad. Empero, en estos días
es el eje de uno de los proyectos más
interesantes que haya surgido durante la
última década: Alianza Estratégica Aymaras Sin Fronteras (AE). El alcalde de este
pueblo, Francisco Humire Alejandro, es
el líder natural de este proyecto que
reúne a 56 municipios de los tres
países, abarcando una población
aproximada de ciento ochenta mil personas, y que ha interesado a organismos
internacionales como el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID) y la
ONG CeSPI, entre otros. También ha
incorporado a gobiernos nacionales como
el de Chile, gobiernos regionales como el de Tarapacá y el de Tacna, ONG nacionales
como el Centro de Estudios y Servicios
Multidisciplinarios INTI de Bolivia.
¿Cómo
se llegó a la formulación de este proyecto? Posiblemente las debilidades de
esta región pobre y marginal, lejana e
inhóspita, sufrieron una metamorfosis gracias a la doble tendencia de globalización por un lado y descentralización por otro, en fortalezas
que dirigentes bien enfocados fueron
capaces de transformar en oportunidad.
Aymaras
sin fronteras
Los
altos índices de pobreza en las comunidades aymaras de Perú, Bolivia y Chile6
, su condición de marginalidad, la
expulsión de su población joven, la
existencia de municipios con escasos
recursos operativos, carencia de
servicios básicos de salud y educación, la falta de caminos pavimentados, la pérdida de
la lengua vernácula, el deterioro de la
producción agropecuaria, etc., se
transformaron en una problemática
imposible de eludir por los gobiernos regionales y nacionales, y en un
tema de interés para organismos internacionales de cooperación7.
Los
municipios rurales chilenos encontraron un
medio eficaz de reunión en la Feria Regional Andina de 1998, año en que se funda
además la Asociación de Municipios
Rurales, como dos patas de una mesa que
comenzaba a construirse. También en Bolivia las Asociaciones de Municipalidades de La Paz (AMDEPAZ) y de Oruro (AMDEOR) y en Perú la Asociación
de Municipalidades Rurales de Tacna
(AMRAT) se integraron a la AE.
En
el año 2000 la tercera FERAN se internacionaliza con la presencia de municipios
de Charaña y Arequipa, transformándose
en una plataforma de encuentro que fue
creciendo año tras año, ocupándose de
problemas como la transferencia
tecnológica en las áreas de artesanía,
agricultura, turismo y ganadería.
Una
tercera pata de la mesa la constituye la
entrada en escena del especialista peruano Nilo Meza Monge (2005), quien apoya a Francisco Humire desde Tacna, acordando la elaboración del megaproyecto Alianza Estratégica
“Aymaras Sin Fronteras”, proyecto que se realiza el nueve de noviembre
de 2001, bajo el nombre de Alianza
Estratégica Aymaras Sin Fronteras.
Una
vez definida la AE y aprobado su nombre
por las cancillerías8, emerge una cuarta pata de la mesa: los gobiernos regionales y
nacionales. Los gobiernos de Tacna y de Tarapacá se
comprometieron con e l
proyecto, así como el gobierno nacional de Chile, a
través de la Subsecretaría de Desarrollo
Regional (Subdere).
Si
nos preguntamos cómo surgió la Alianza
Estratégica “Aymaras Sin
Fronteras”, en busca de personas
responsables, todo indica hacia una
persona: Francisco Humire. Es sorprendente conocer la biografía de Humire
en consideración del poder alcanzado por
su gestión como alcalde rural y
presidente de AE. Nació en una estancia
pequeña, cercana a Parinacota, llamada
Murmuntani, que no tenía escuela durante
la niñez de Humire. Hijo de un pastor de
ganado andino, siendo el mismo pastor
cuando pequeño. Debió enfrentar la
pobreza y la discriminación en la ciudad
de Arica, que fue a la vez una etapa de
socialización política importante. Humire
ha logrado comprender las necesidades del mundo andino, dándole gran relevancia a la identidad aymara por sobre la identidad
nacional. En palabras del propio Humire:
“Antes de las fronteras nacionales la región Aymara era una sola, seguramente con problemas
como los tiene cualquier región del
mundo. Cuando se definen las fronteras
nacionales llegaron los problemas ya que
nos dividieron”9.
Por
otra parte, Humire aceptó la institucionalidad vigente para el logro de sus
objetivos y poder acceder a las
oportunidades de la globalización con apoyo técnico gubernamental y no gubernamental, expresado fundamentalmente a través de la cooperación descentralizada.
A saber:“Si bien hemos logrado que los
organismos de cooperación internacional se fijen en la Alianza, y por otro lado los organismos como
la Cancillería también se preocupen de
nuestras iniciativas, es imposible
pensar la gestión de la Alianza como
esfuerzos aislados.
Es
necesaria una sinergia que permita generar
convenios y otro tipo de alianzas. A fines del año pasado el Gobierno Regional por medio
de la SUBDERE ha logrado asignar
profesionales abocados a la posibilidad
de que la Alianza se configure como una
entidad de derecho. Hay acercamientos
que están dirigidos a que los Gobiernos
Regionales otorguen una personalidad jurídica a la Alianza, esta es una
propuesta que se ha hecho extensiva al
GORE de Arica y Parinacota, siendo ellos
los que han asignado profesionales”.
“Los
apoyos de los Gobiernos Regionales son
importantes, ya que muchas de las aplicaciones de los intereses de la
Alianza pasan por la sensibilidad que
ellos y otros agentes regionales tengan
hacia el mundo Aymara”.
Humire
considera que ellos tienen las ideas más
claras que los representantes de los
gobiernos regionales, respecto del desarrollo transfronterizo, pero
entiende que debe trabajar con ellos,
sin perder por tanto su finalidad
última: la unidad aymara trinacional. En
palabras del propio Humire, lo destacable de la AE es precisamente su
carácter étnico: “Nosotros tenemos un
sustento cultural que nos hace distintos
a otras regiones ya que somos Aymaras.
La Alianza busca el otorgar fuerza al
movimiento indígena haciendo resurgir
una organización que tiene un pasado milenario. Desde tiempos Tiwanaku que esta zona tiene
algo especial, una concepción regional
con una base étnica que es necesario
reivindicar”.
“Se
tenía muy en claro que sin una organización
poderosa desde la periferia, nuestros problemas no tendrían forma de hacerse notar. Desde
la capital o desde el extranjero se
tiene la idea de que Chile es un país en
desarrollo y esas cosas, pero no es así
en las zonas extremas. Por ejemplo, en
estos momentos en General Lagos, Colchane y
Ollagüe los municipios están peleando por tener 24 horas de energía eléctrica –actualmente
solo tiene por 3 horas–. Entonces cuando
las exigencias rayan en las necesidades
básicas hay que tomar cartas en el
asunto”.
Observamos
que la perspectiva de Humire es
panandina, pero que no es contestataria hacia el poder político de los estados
nacionales, sino más bien es una demanda
institucional, donde lo político se pone
al servicio del requerimiento étnico.
“A
pesar de estos problemas concretos, no descuidamos el pasado y nuestras
reivindicaciones como pueblo, estamos
muy conscientes que a nivel comunal y a nivel territorial, cada municipio y
cada alcalde tiene y enfrenta problemas
concretos que tienen que ver con la pobreza y marginalidad. Si nosotros como
autoridades con ascendencia e identidad
indígena Aymara no somos capaces de
atacar y solucionar estos problemas, es
difícil que otra persona sin esta visión
regional lo haga”.
“Nuestra
labor de Alcaldes nos hace –por la
naturaleza de nuestro cargo– tener una visión regional y tener conciencia plena de los
problemas de nuestras comunidades. Ahora
no es novedad que las autoridades
rurales tengan la noción de
macrorregión, entonces si las particularidades de la zona Aymara son las mismas en los tres
países, el sentido común nos lleva a
buscar soluciones comunes para la región
Aymara”. Humire logra unir la capacidad política del gobierno local con la problemática
aymara transfronteriza, sin considerar
los conflictos diplomáticos entre un país
y otro10, poniendo por sobre
ellos la identidad aymara. En este punto
Humire está muy próximo a comprender las
oportunidades que la globalización puede
ofrecer a demandas locales con identidad
territorial.
“Alianza
Aymaras Sin Fronteras ha demostrado que
sus miembros poseen un capital cultural que
sobrepasa la función de Alcalde, ya que muchas veces esto implica un sacrificio enorme que
quita tiempo y quita recursos
personales.
“Cuando
comenzamos, la visión que tenía era incomprendida. Muchas veces el Concejo
Municipal puso trabas como no aprobar
platas para realizar viajes a Bolivia o
al Perú. No había una visión de
integración, había un encapsulamiento hacia
lo meramente local. Además existía una desconfianza de lo que
efectivamente se podía lograr con la
Alianza”.
“Para
salir de estos amarres muchas veces tuve
que sacar plata de mi bolsillo para poder
recorrer los municipios bolivianos o peruanos, debía pedir permisos administrativos o
incluso usar mis vacaciones para hacer
esta gestión. A muchos les puede parecer
que esto puede resultar incompatible con
la labor alcaldicia, pero para mí era
algo personal”.
¿Cómo
el hijo menor de seis hermanos de un
humilde campesino aymara pudo transformarse en alcalde del principal pueblo del
altiplano ariqueño y presidente de
AE “Aymaras Sin Fronteras”? Un titular del periódico La Voz
de Parinacota describe a Francisco
Humire de la siguiente forma: “Denominación común de su vida ha sido tomar iniciativas
drásticas que le han impuesto caminos
tan desconocidos como inesperados: pastor, mozo, almacenero, jornalero, ganadero-carnicero
y próspero industrial panificador, el
destino le tenía bajo la manga una carta
imprevista que lo marcó para siempre: la
gestión pública”. Francisco Humire es
militante del partido Unión Demócrata
Independiente (UDI), por lo mismo,
cuenta con el respaldo del senador por
Tarapacá (que incluye a Arica-Parinacota)
de ese partido Jaime Orpis; también goza del apoyo de los comerciantes e industriales
de Arica-Parinacota. A pesar de su
origen, se puede afirmar que Francisco
Humire forma parte de la burguesía
aymara transfronteriza, cuya principal
expresión social y económica es
identificable en La Paz, Bolivia.
La
última pata de la mesa de la AE fue salir
al encuentro de la globalización. En enero del año 2002 lograron un apoyo del Banco
Mundial para la realización de eventos
en Perú, Bolivia y Chile, en abril de 2004
de la Cooperación belga, en abril de
2006 la ONG italiana CeSPI le presta
asesoría para presentar el proyecto de
los circuitos turísticos integrados al Banco
Interamericano de Desarrollo (BID).
¿Se
podría afirmar que estamos en presencia
de un fenómeno de
“glocalización”? Para Daniel
Bello, AE es una organización internacional sin fines de lucro, que “mediante
la articulación y cooperación a través de las fronteras, la organización busca
implementar y gestionar políticas que
fomenten el desarrollo de la comunidad en las siguientes áreas: agricultura, infraestructura,
pequeñas empresas, recursos naturales,
energía, cultura, educación, salud,
derechos civiles, participación política
y desarrollo económico. Como primer paso
en la consecución de los objetivos antes
señalados, y en respuesta a las transformaciones que se han venido dando
en relación a la institucionalidad
política en el marco de la glocalización
–con el ánimo de integrarse a lo que
Castells llama el Estado-red–, la organización,
impulsada por su presidente –el
actualmente alcalde de Putre–, Francisco
Humire, se preocupó de crecer construyendo fuertes lazos, principalmente
intermunicipales, dentro y a través de
las fronteras de Chile, Perú y Bolivia,
al tiempo que definía metas amplias e
identificaba posibles proyectos específicos
para adoptar y ejecutar (Bello 2007).
La
triple-frontera andina, sus desafíos y
amenazas
En
Sudamérica existen trece puntos tripartitos;
Chile participa de dos: el tripartito Bolivia, Argentina y Chile, que algunos autores
han denominado como “región circumpuneña” (Benedetti 2005), y aquel entre Bolivia,
Perú y Chile, la triple-frontera andina.
Ambos tripartitos comparten el histórico problema de la marginalidad territorial y política. La
región circumpuneña lo sufre aún más, a
pesar de estar rodeada de grandes
reservas naturales, donde operan
corporaciones internacionales y empresas
nacionales privadas y estatales,
especialmente de la gran minería del cobre. Si se analizan los otros tripartitos en su
mayoría sufren de problemas similares,
especialmente porque se ubican al interior del continente, sufriendo, además de los conflictos propios
de las fronteras internacionales, el
problema de los espacios marginales.
Existe,
sin embargo, un tripartito que podríamos
denominar central, es la llamada
“TripleFrontera”, como nombre propio, donde se ubican las ciudades de Foz de Iguazú
(Brasil), Ciudad del Este (Paraguay) y
Puerto Iguazú (Argentina). Esta región
es conocida por su importancia turística, comercial y energética, que genera gran dinamismo en las fronteras.
Las triple-fronteras en general y esta
en particular se han transformado en
objetivos estratégicos a escala
internacional (especialmente de los
Estados Unidos) por ser territorios propensos para el contrabando, el
narcotráfico y el terrorismo11.
La Cámara de Representantes de los
EE.UU. habría aprobado “una moción para
que George W. Bush pida la formación de
una fuerza de tarea para actuar contra el
terrorismo en el hemisferio occidental, especialmente en la zona de la
Triple-Frontera”, lo que se une a la
importante presencia militar
norteamericana en Paraguay.
La
tendencia mundial, conjeturamos, apunta
hacia una mayor importancia geoestratégica de las triple-fronteras de cara a una
globalización que presiona por la circulación de bienes, servicios y personas. La tendencia es que
estas zonas de integración pasen de la
condición de marginalidad a otra de
centralidad, en la medida que se
consoliden los corredores
internacionales. No obstante, como señala Witker (2005), también constituyen zonas en que agentes globales, que giran en
torno a asociaciones ilícitas
(narcotráfico y contrabando, fundamentalmente), actúan con cierta impunidad, trayendo, como consecuencia, respuestas contradictorias por parte de
las autoridades que cautelan las
triple-fronteras. En este contexto,
Grimson señala que en las fronteras de
América Latina actuales la tendencia hacia
“el control sobre las poblaciones
fronterizas parece haberse fortalecido, tanto en relación a la circulación de personas como
de pequeñas del llamado “contrabando hormiga”. Así, en muchos casos, los fronterizos
perciben una mayor presencia estatal. El
Estado se retira en su función de protección
y reaparece en su papel de control y
regulación” (Grimson 2004:11).
Si
bien se ha extendido esta tendencia en América Latina, podemos decir que
la triple-frontera que analizamos no
alcanza los niveles de las zonas problemáticas, aunque el narcotráfico y el contrabando constituyen dos problemas que podrían frenar el
progresivo avance de la dinámica
transfronteriza presente en la
región.
Retomando el
desafío al desarrollo que conlleva la Triple-Frontera
Andina, la intersección de las fronteras peruana, boliviana y chilena podría
ser calificada perfectamente como marginal, pues desde la perspectiva peruana la frontera sur es una de las zonas
más lejanas de la capital, Lima. Algo similar
acontece respecto de Chile, la frontera norte está aproximadamente a dos mil kilómetros de Santiago. Si bien para el caso
boliviano la distancia no es relevante,
es una de las áreas más pobres del país,
caracterizada por comunidades indígenas
aymaras, por tanto, desde un punto de
vista económico y social es una frontera
occidental de Bolivia marginal, donde la burguesía aymara de La Paz define el mercado andino controlando los
precios y los circuitos. Los aymaras
están presentes también en Perú y Chile
y sus comunidades representan las áreas
de mayor pobreza a escala nacional en
ambos países.
Sin
embargo, aunque resulte paradojal, también sería correcto decir que es un
espacio de gran dinámica poblacional y
comercial, donde existe una plataforma
que es capaz de vincular como un pivote al mercado asiático con el mercado del norte de Chile, sur del
Perú, Bolivia, noroeste de Argentina,
Paraguay y el apetecido mercado
brasileño de São Paulo. Las zonas
francas de Iquique (ZOFRI) y de Tacna
(ZOTAC) han contribuido notoriamente a
ese proceso de internacionalización de esta
región supranacional. Aunque es sabido que dentro de sus dinámicas está el contrabando transfronterizo, que se ha transformado
especialmente para Bolivia en un importante eje
de su economía (caracterizada por las ferias), donde el mercado de Alto La Paz tiene un
papel dominante. Ha sido especialmente
analizado el contrabando de ropa usada
desde Chile que, según la Cámara
Nacional de Industrias, habría superado
las 8.000 toneladas, equivalentes a unos
40 millones de dólares, generando una
pérdida de unos 500 millones de dólares en el quinquenio 2000-2005 (6% del PIB), siendo
la industria textil la más perjudicada;
empero, ha surgido una industria, del
tipo maquila, que le agrega valor a la
ropa usada, especialmente en ciudades
como Oruro.
Decir que esta región supranacional está lejana de los centros económicos y políticos de los tres países, es una verdad innegable, en otras palabras, un territorio marginal desde la perspectiva de los estados nacionales de Perú, Bolivia y Chile. Sin embargo, desde una perspectiva internacional es región notoriamente central gracias a la definición, por un lado, de la Zona Franca como cabeza de playa de la economía del sudeste asiático y, por otro, por ser la posible área de salida de los corredores bioceánicos, cuyo principal producto de exportación sería la soya del Brasil. La presencia no sólo de transnacionales, como aquellas de la gran minería del cobre, sino también de organismos políticos internacionales, estatales y no gubernamentales, ha demostrado que esta región está enfrentando una marcada inserción en la globalización. Este fenómeno descrito en la triple-frontera no está exento de procesos internos de exclusión, donde campesinos andinos de los tres países quedan excluidos de los beneficios de la “glocalización”, donde una burguesía aymara transfronteriza domina los circuitos comerciales y la ayuda nacional e internacional.
[5] Se trata de la Ley N° 18.695,
Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades, que entra en vigor en
1992, no habiendo hasta la fecha
reformas sustantivas en el régimen
municipal. Por lo que se refiere a este proceso en Bolivia, constituye el país donde se han
hecho mayores avances, aunque la
activación de los municipios rurales no
fue concretada antes de la reciente reforma de 1994, las transferencias de
recursos son altas y los gobiernos
locales tendieron a mezclarse con los sistemas de autoridad
consuetudinarios dominantes en la etapa previa.
Las asociaciones de municipios y mancomunidades, más cercanas al sistema tradicional del ayllu,
son numerosas y tienen un peso cierto en
el sistema político nacional. La
participación de las tres mancomunidades de La Paz, Oruro y Potosí desde el año 2006 es bastante
activa; sin embargo, la percepción
conflictiva de la frontera con Chile, a
propósito del tema marítimo, restringió el peso
de la parte boliviana a una acción muy regional, hasta el involucramiento reciente y sobre todo formal
del centro. En efecto, el año 2002 se
registraron más de mil autoridades
municipales (entre alcaldes y concejales), constituyendo el 62% del espectro municipal boliviano. Ver:
Albó, X. y Quispe, V. (2002), Quiénes
son indígenas en los gobiernos
municipales, Ed. Plural, La Paz, Bolivia, pág. 140. En Perú, si bien el
proceso de descentralización va avanzando con la elección del consejo regional,
recobrada desde el 2001, la “democradura” fujimorista recentralizó abruptamente el sistema político, y la
dependencia directa de los espacios
locales al centro durante este periodo
dejó huellas, profundizando una cultura política local que, muchas veces, se manifiesta en una
actitud de esperanza “localista” sin iniciativa muy fuerte en
cuanto a asociaciones de municipios o
integración territorial. De hecho, en el
caso de Tacna la AMRAT fue fundada por los
mismos miembros de la ONG ICOR, quienes trabajan para promover la AE. La AMRAT fue desactivada
al mismo momento que la AE, y a partir
de 2006 fueron los mismos miembros de ONG
quienes remotivaron a los alcaldes a
seguir con el proyecto. Incluso algunos alcaldes, sobre todo del lado peruano, esperaban ver los “resultados” de la alianza antes de seguir comprometiéndose.
[6] Según los datos del PNUD en
los linderos inferiores del “desarrollo humano”. “De hecho, el índice de desarrollo humano de
la región que abarca las ciudades y pueblos
miembros de la AE es mucho menor que el de cualquier otro país de América Latina: .499, bastante
inferior que el .635 de Nicaragua, que
tiene el índice más bajo de Centro y
Sudamérica. Para poner en perspectiva el índice de desarrollo humano de la AE
de .449, esa calificación situaría la
Alianza Estratégica en el percentil 13,9 entre los países del mundo, quedando en el lugar 149 de un total
de 176 países (Chile se califica en el
lugar 38; Perú, en el 82 y Bolivia en el
114)”. Bello, Daniel (2007),
Alianza Estratégica Aymaras Sin
Fronteras. Una respuesta territorial a los desafíos de la globalización, artículo presentado a la
revista Si Somos Americanos, INTE,
Iquique.
[7] V.gr., han mostrado interés
en esta zona transfronteriza organismos de cooperación como la Agencia de Cooperación del Japón (JICA) y la ONG
italiana CeSPI, entre otros.
[8] Su nombre original habría
sido Alianza Estratégica Trinacional
Aymaras Sin Fronteras. El concepto Trinacional
no habría sido aceptado por las cancillerías y gobiernos nacionales.
[9] Entrevista realizada al
alcalde y presidente de AE, Francisco
Humire Alejandro, febrero 2008.
[10] Bolivia y Chile no tienen
relaciones diplomáticas desde 1978.
[11] Como señala Iván Witker, se
sitúa dentro de “las llamadas zonas problemáticas o “áreas sin ley (outlaw areas) o espacios sin gobierno, según las denomina
Oppenheimer. Este último identifica los
siguientes puntos fronterizos: el
corredor Tabantinga-Leticia en la frontera de Colombia con Brasil, la zona del lago Agrio entre Ecuador
y Colombia, la selva del Darién en
Panamá, Surinam y varios lugares en
países del MERCOSUR, destacando la Triple Frontera entre Argentina Paraguay y Brasil” Witker, I. (2005), La Triple Frontera: la incertidumbre en el nuevo
escenario APEC, en Ross, C. (Editor),
Chile y APEC 2004. Al encuentro de una
oportunidad, Ediciones Instituto de Estudios Internacionales,
Universidad Arturo Prat, Iquique, p. 131.