Mujeres del salitre:
Trabajadoras en la pampa salitrera
El problema que tengo para escribir estos versos son las palabras, porque tuve poco estudio y no sé muy bien cómo empezar esto. Pero de todos modos me parece mejor escribir del modo en que yo hablo… Pero antes de hincar el diente en este trabajo quiero hacer una declaración: si cuento mi vida de niño no es solamente para que la lean mis nietos, es sobre todo porque quiero hacerle un homenaje a mi madre, y en su persona, a todas las mujeres que vivieron y sufrieron en las salitreras. Porque se ha escrito mucho del pampino, del obrero, del caliche y la camanchaca, pero poco se ha dicho sobre la mujer, sobre sus privaciones, sus humillaciones y sus penas. Y así fue8.
Este vestigio manifiesta una interesante realidad si nos detenemos en la historia del enclave minero a fines del siglo XIX. Mucho se habla de los obreros, del ciclo del salitre, de la bonanza económica, de los conflictos sociales y, en especial, de la masacre de 1907 que culmina con la matanza de la Escuela de Santa María de Iquique, pero poco se conoce sobre las mujeres. Si bien es cierto existe un discurso historiográfico que incluye a las mujeres en la vida de la pampa salitrera9 éste no complejiza la realidad de estos sujetos, ya que se les representa socialmente como cuerpos funcionales al discurso historiográfico falogocéntrico que se materializa en la historia del movimiento obrero, y más específicamente en aquellos organizados en partidos de izquierda. La historia de las mujeres en la pampa salitrera adquiere entonces un carácter complementario a los procesos sociales que se desarrollan, son historias anexas al proceso en sí que democratizan el discurso histórico en relación con la inclusión de otros sujetos al análisis, dejando de lado la problematización de las estructuras sociales con las cuales se interactúa.
El discurso se da a conocer a través de las palabras, mediante la creación de un lenguaje, que en este caso adquiere un significado importante en cómo se construye el texto y en la intencionalidad del mismo, ya que al nombrar al objeto se realiza una representación social de éste, se le designan funciones, características y valores según el discurso que se desarrolle, por lo tanto, un discurso historiográfico androcéntrico, inevitablemente va a situar a las mujeres como objetos del sujeto, es decir, artefactos históricos de los procesos estructurales, sujetos carentes de individualización que se sitúan en la historia como apartados al contexto que se está construyendo, lo cual se materializa en la mayor visibilización historiográfica del pampino que de la pampina10.
Este contexto invita a la pregunta ¿dónde están las mujeres en la pampa salitrera? El ciclo del salitre, que va desde 1880 a 193011 reconfigura la actividad económica del país. Las posibilidades laborales que se abren en el norte del territorio nacional a fines del siglo XIX gracias a la explotación del mineral blanco provocan grandes migraciones desde el centro y sur de Chile, como también de las zonas fronterizas de Perú y Bolivia12 que visualizaron en aquel lugar expectativas de vida favorables que les permitieran sobrevivir a la carestía de vida que Chile desencadenaba con la oligarquía en el poder. La explosión demográfica que vivió la provincia de Tarapacá durante la época llevó a un incremento de la población cercana al 40%13 desde 1885 a 1920, provocando reconfiguraciones en las estructuras sociales, una de las cuales fue la laboral debido a los nuevos puestos de trabajo que se abrieron en el norte del país por la extracción del salitre.
Sin duda las necesidades económicas de mujeres y hombres provocaron el gran éxodo geográfico desde zonas alejadas al enclave minero; las condiciones inhumanas en que se encontraban los sectores populares hacía urgente establecerse en trabajos remunerados que brindaran mejores condiciones de vida. A principios del siglo XX, la provincia de Tarapacá fue la región que sostuvo económicamente al país, teniendo una influencia económica del 60% hacia 190014 , provocando una demanda por mano de obra importante para el funcionamiento no sólo de la extracción del nitrato, sino que también para el equipamiento y las actividades de las oficinas salitreras15.
La aridez del desierto no obstaculizó la sociabilidad en la pampa salitrera. Las manifestaciones políticas y culturales femeninas, tales como los centros Belén de Sárraga16 , donde se desarrollaron actividades de educación informal, discusiones políticas y encuentros culturales, permitieron generar espacios de sociabilidad tanto para mujeres como para hombres. Tarapacá tuvo una migración mayoritariamente masculina17, no obstante las mujeres representaron el 41,8% de la población en la región aportando parte importante de la fuerza laboral en la provincia18 , lo que las sitúa como un objeto de estudio relevante en la historia del enclave minero.
La importancia histórica que tiene esta región para la historia nacional es de tal relevancia que resulta inexplicable la invisibilización del sujeto femenino en los procesos estructurales del devenir histórico; si nos detenemos en las fuentes oficiales encontramos mujeres incluso en las extracciones del mineral blanco, mujeres inmersas dentro de las minas, obreras trabajando junto a obreros en las minas del salitre, lo que hace cuestionar los discursos históricos acerca del movimiento obrero escritos hasta el día de hoy, donde se asume que el movimiento obrero es únicamente masculino, construyendo lenguajes unívocos y universales, quedando marginadas las mujeres de estas representaciones e imaginarios.
Al sujeto femenino no se le nombra en el discurso, por lo tanto no existe en el pasado, creando realidades segregadas y excluyentes que limitan una comprensión integrada, inclusiva y compleja del pasado. En efecto, se construye una historia rígida y binaria donde sólo algunos hablan, los trabajadores del salitre y los otros, las mujeres son quienes acompañan a quienes tienen la palabra.
Los censos de la República de Chile19 señalan que existían cerca de mil obreras trabajando en la pampa salitrera, entre calicheras, salitreras, toneleras, carboneras, mineras y gañanes que abandonaron la feminidad hegemónica para adentrarse en la extracción del nitrato. Esto supone interrogantes novedosas, induciendo a inquietudes complejas acerca del pasado, porque levanta datos inexistentes en el discurso oficial problematizando de otra forma las representaciones sociales existentes del sujeto femenino y del masculino. Ya lo decía la cantata de Santa María de Iquique que las mujeres debían bajar desde la pampa salitrera a luchar junto al movimiento obrero en las reivindicaciones laborales:
Y si observan la pampa y la/ imaginan/ en tiempos de la industria del/ salitre/ verán a la mujer y al fogón mustio/ al obrero sin cara, al niño triste (…) Vamos mujer/ partamos a la ciudad/ todo será distinto/ no hay que dudar/ No hay que dudar, confía/ Ya vas a ver / Porque en Iquique todos/ Van a entender/ Toma mujer/ Mi manta te abrigará (…) Largo camino tienes/ que recorrer/ atravesando cerros/ vamos mujer/ Vamos mujer, confía/ Que hay que llegar/ En la ciudad podremos/ Ver todo el mar/ Dicen que Iquique es grande/ Como un Salar/ Que hay muchas casas lindas/ Te gustarán/ Te gustarán, confía (…) Vamos mujer/ partamos a la ciudad/ Todo será distinto/ No hay que dudar20 .
Estos vestigios muestran nuevas aristas en las construcciones históricas del pasado en la pampa salitrera, los cuestionamientos que se generan a partir de estos datos desterritorializan el conocimiento cimentado desde la historiografía reciente revelando nuevas problemáticas a las memorias nacionales.
La complejización que supone encontrar mujeres donde nunca antes han sido vistas supone un nuevo contexto histórico para analizar las fuentes que las nombran; son vestigios oficiales, estatales y estadísticos, que revelan a las mujeres como trabajadoras, como obreras del salitre, y no sólo como pulperas, comerciantes, madres y esposas como siempre se les ha caracterizado. Estos datos revelan una nueva realidad creando nuevos cuestionamientos, inquietudes y problemáticas, encrucijando el conocimiento existente, invitando a escribir una historia más inclusiva no sólo en el lenguaje sino que también en las representaciones sociales de los sujetos en cuestión. Si existen cerca de mil obreras en las oficinas salitreras, ¿habrán existido mujeres en la huelga de 1907 en la ciudad de Iquique? De los miles de obreros asesinados en la matanza de la Escuela Santa María de Iquique, ¿habrán existido mujeres aniquiladas junto a los obreros del salitre? Si fuese así, ¿cómo se construye esa historia?, ¿cómo se nombra el objeto de estudio?, ¿cuáles son las nuevas dinámicas en las que se debe detener la historia?, ¿cuáles fueron las relaciones que se establecieron entre mujeres y hombres al interior de la huelga?, ¿qué lugares ocuparon hombres y mujeres en la resistencia política?
Estas preguntas invitan a nuevos análisis, mucho más complejos porque suponen sujetos inexistentes hasta ahora en los discursos históricos, a su vez, desestructuran las certezas construidas a partir de los consensos historiográficos obligando a revisar las fuentes y los imaginarios del pasado, incitando el estudio y búsqueda de nuevas fuentes y formas de interpretar la historia, construyendo una nueva mirada a la historia de Chile. Incluir al sujeto femenino en el discurso historiográfico permite particularizar las problemáticas, crear representaciones más heterogéneas e inclusivas, construyendo imaginarios sociales más justos e integrados.
Conclusiones
Iniciar un estudio sobre las mujeres ofrece inevitablemente desmontar la epistemología. La construcción del conocimiento históricamente ha sido propiedad de lo masculino, que no se relaciona directamente con el estudio de los hombres como sexo, sino con la forma occidental falogocéntrica de concebir las realidades21. Lo masculino ha sido lo que ha gobernado el pensamiento de las sociedades latinoamericanas, comenzar a desmontar lo que se ha impuesto como verdad resulta imperioso y a la vez crítico, no sólo por las incertidumbres que se generan en el contexto sino que también por el caos gnoseológico y social que establece el descubrir que todo lo que se ha escrito tiene cierta intencionalidad política de opacar manifestaciones igual o más importantes que las otras.
Sin duda, la masacre de la Escuela Santa María de Iquique cambió el contexto social, económico y político del país. Las miles de muertes de obreros y obreras que luchaban por mejores condiciones de vida, más humanas, más justas y dignas, no justifican la acción del Estado chileno. El giro que toma el curso de la historia de ahí en adelante merece un reconocimiento a los hombres y mujeres que marcharon y resistieron en la escuela aquel 21 de diciembre de 1907, por las convicciones políticas que incardinaban sus cuerpos y por intentar construir una sociedad más justa y digna para todas y todos. En este contexto, la masacre se transforma en un objeto de estudio relevante para la historia de Chile, aún más cuando se cumplen cien años de aquel injustificado acontecimiento. Para la historia de las mujeres parece ser un hecho aislado; nada se dice de ellas en la participación de tan importante suceso, nada se escribe de ellas, ni siquiera se las nombra; en efecto, no existen en la historia.
La omisión de manifestaciones en la disciplina histórica ha sido objeto de estudio para la misma. El discurso histórico siempre ha tomado sujetos específicos a los cuales analizar por diversos motivos, excluyendo problemas y temáticas fundamentales en el desarrollo de las sociedades. Invisibilizar al sujeto femenino pone en riesgo la veracidad del discurso y la construcción del pasado, porque las mujeres han estado siempre en la historia, en la sociedad, en el pasado, en el presente y en el futuro. Incluir a las mujeres como sujetos en la construcción de la historia y en especial en el discurso de la masacre de 1907 acerca el discurso a la sociedad en su conjunto, porque todas y todos participan en igualdad de condiciones en la construcción de la memoria. Inscribirlas en el texto complejiza la realidad creando una nueva mirada a la historia de Chile, permite pensar de otra manera el presente y desmonta los binarismos y las segregaciones lingüísticas en la realidad. En efecto, nombrar el sujeto femenino en la historia es escribir un pasado inclusivo, heterogéneo, indisciplinado, singular y complejo que permite memorias colectivas más justas y humanas.
Agradecimientos
En este trabajo deseo agradecer a dos personas fundamentales para que este texto pudiera ser posible. A Margarita Iglesias, por su inagotable apoyo y crítica certera en la historia de las mujeres, y a Christian Cardoso, por acompañarme y colaborar infinitamente en la travesía historiográfica de las mujeres.
[8] Testimonio de Daniel Enrique Aguirre Santander, 1926 (2007).
[9] Para mayor información ver González (2002, 2006).
[10] Una discusión interesante sobre el lenguaje en la historia ver Scott, Bryan y Stansell (1989).
[11] En general, la historiografía chilena referida al salitre coincide que el ciclo salitrero chileno va desde 1880 a 1930, con un financiamiento mayoritariamente de capitales ingleses. Ver, por ejemplo: Pinto (1990), Cademártori (1968), Sutter, C. y Osvaldo Sunkel (1982), Meller (1996), Soto (1998).
[12] González, ob. cit, 2002, pp. 126-151.
[13] En 1885 la población de la provincia de Tarapacá correspondía a 45.086 habitantes, incrementándose hacia 1920 a 100.553 habitantes. Censos de la República de Chile, 1885, 1895, 1907 y 1920.
[14] Entre 1880 y 1930 las exportaciones del salitre representaron cerca del 70% del PIB para esos años, alcanzando su máxima entre 1915 y 1926, con un 60% en promedio (Sutter, C. y O. Sunkel 1982: 126-132).
[15] En promedio, la fuerza de trabajo entre hombres y mujeres durante 1880 y 1920 en la región de Tarapacá fue del 4% en relación con el total nacional, representando la tercera provincia con más población trabajadora durante la época. Las provincias de Santiago y Valparaíso fueron las que la antecedieron, con un 16% y 9,8% respectivamente. Ver: Núñez, Isabel (2007), Censos de la República de Chile, 1885, 1895, 1907 y 1920.
[16] Ruiz, O. y M. Correa (2001), Núñez (2006).
[17] Ver: Núñez (2006:45), González (2002:13).
[18] Las mujeres, trabajadoras remuneradas, representaron entre 1880 y 1920 en promedio el 40% de la mano de obra de la provincia de Tarapacá (González 2002: 41-49).
[19] En este ensayo se utilizará al censo de la República de Chile por ser la fuente por excelencia de la historia económica y laboral para estudiar la fuerza laboral, observándolo desde una perspectiva de género, los números y la representación social femenina que ahí existe, para dar explicaciones a la opacidad económica de las mujeres en la historia de Chile.
[20] Quilapayún (1998) Cantata popular Santa María de Iquique, Warner Music Chile.
[21] Barbieri (1999), Oyarzún (2000), Lamas (1996).
Referencias citadas
Documentos gubernamentales
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Comisión Central del Censo, Censo de la República de Chile levantado el 28 de noviembre de 1907, Santiago, Imprenta y Litografía Universo, 1908.
Dirección General de Estadística, Censo de población de la República de Chile levantado el 15 diciembre de 1920, Santiago, Imprenta y Litografía Universo, 1925.
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