El sujeto femenino en la pampa salitrera. Una mirada desde los estudios de género (II)
Historia | 10/01/2012

Parte (I)


Mujeres del salitre:

Trabajadoras en la pampa salitrera

El problema que tengo para escribir estos versos  son las palabras, porque tuve poco estudio y no  sé muy bien cómo empezar esto. Pero de todos  modos me parece mejor escribir del modo en  que yo hablo… Pero antes de hincar el diente  en este trabajo quiero hacer una declaración: si  cuento mi vida de niño no es solamente para  que la lean mis nietos, es sobre todo porque  quiero hacerle un homenaje a mi madre, y en  su persona, a todas las mujeres que vivieron y  sufrieron en las salitreras. Porque se ha escrito  mucho del pampino, del obrero, del caliche y  la camanchaca, pero poco se ha dicho sobre la  mujer, sobre sus privaciones, sus humillaciones  y sus penas.  Y así fue8.

Este vestigio manifiesta una interesante  realidad si nos detenemos en la historia del  enclave minero a fines del siglo XIX. Mucho  se habla de los obreros, del ciclo del salitre,  de la bonanza económica, de los conflictos sociales y, en especial, de la masacre de 1907  que culmina con la matanza de la Escuela de  Santa María de Iquique, pero poco se conoce  sobre las mujeres. Si bien es cierto existe un  discurso historiográfico que incluye a las  mujeres en la vida de la pampa salitrera9 éste  no complejiza la realidad de estos sujetos,  ya que se les representa socialmente como  cuerpos funcionales al discurso historiográfico  falogocéntrico que se materializa en la historia  del movimiento obrero, y más específicamente en aquellos organizados en partidos  de izquierda. La historia de las mujeres en la  pampa salitrera adquiere entonces un carácter  complementario a los procesos sociales que  se desarrollan, son historias anexas al proceso  en sí que democratizan el discurso histórico  en relación con la inclusión de otros sujetos al  análisis, dejando de lado la problematización  de las estructuras sociales con las cuales se  interactúa.

El discurso se da a conocer a través de las  palabras, mediante la creación de un lenguaje, que en este caso adquiere un significado importante en cómo se construye el texto y  en la intencionalidad del mismo, ya que al  nombrar al objeto se realiza una representación social de éste, se le designan funciones,  características y valores según el discurso  que se desarrolle, por lo tanto, un discurso  historiográfico androcéntrico, inevitablemente  va a situar a las mujeres como objetos del  sujeto, es decir, artefactos históricos de los  procesos estructurales, sujetos carentes de  individualización que se sitúan en la historia  como apartados al contexto que se está construyendo, lo cual se materializa en la mayor visibilización historiográfica del pampino que  de la pampina10.

Este contexto invita a la pregunta ¿dónde  están las mujeres en la pampa salitrera? El  ciclo del salitre, que va desde 1880 a 193011 reconfigura la actividad económica del país.  Las posibilidades laborales que se abren en  el norte del territorio nacional a fines del  siglo XIX gracias a la explotación del mineral  blanco provocan grandes migraciones desde  el centro y sur de Chile, como también de  las zonas fronterizas de Perú y Bolivia12  que  visualizaron en aquel lugar expectativas de  vida favorables que les permitieran sobrevivir  a la carestía de vida que Chile desencadenaba  con la oligarquía en el poder. La explosión  demográfica que vivió la provincia de Tarapacá  durante la época llevó a un incremento de  la población cercana al 40%13  desde 1885 a  1920, provocando reconfiguraciones en las  estructuras sociales, una de las cuales fue  la laboral debido a los nuevos puestos de  trabajo que se abrieron en el norte del país  por la extracción del salitre.

Sin duda las necesidades económicas de  mujeres y hombres provocaron el gran éxodo  geográfico desde zonas alejadas al enclave  minero; las condiciones inhumanas en que  se encontraban los sectores populares hacía  urgente establecerse en trabajos remunerados  que brindaran mejores condiciones de vida. A  principios del siglo XX, la provincia de Tarapacá  fue la región que sostuvo económicamente al  país, teniendo una influencia económica del  60% hacia 190014 , provocando una demanda  por mano de obra importante para el funcionamiento no sólo de la extracción del nitrato,  sino que también para el equipamiento y las  actividades de las oficinas salitreras15.

La aridez del desierto no obstaculizó la  sociabilidad en la pampa salitrera. Las manifestaciones políticas y culturales femeninas, tales  como los centros Belén de Sárraga16 , donde  se desarrollaron actividades de educación informal, discusiones políticas y encuentros  culturales, permitieron generar espacios de  sociabilidad tanto para mujeres como para  hombres. Tarapacá tuvo una migración mayoritariamente masculina17, no obstante las  mujeres representaron el 41,8% de la población  en la región aportando parte importante de  la fuerza laboral en la provincia18 , lo que las  sitúa como un objeto de estudio relevante en  la historia del enclave minero. 

La importancia histórica que tiene esta región  para la historia nacional es de tal relevancia  que resulta inexplicable la invisibilización del  sujeto femenino en los procesos estructurales  del devenir histórico; si nos detenemos en las  fuentes oficiales encontramos mujeres incluso  en las extracciones del mineral blanco, mujeres inmersas dentro de las minas, obreras  trabajando junto a obreros en las minas del  salitre, lo que hace cuestionar los discursos  históricos acerca del movimiento obrero escritos hasta el día de hoy, donde se asume que el  movimiento obrero es únicamente masculino,  construyendo lenguajes unívocos y universales,  quedando marginadas las mujeres de estas  representaciones e imaginarios.

Al sujeto femenino no se le nombra en el  discurso, por lo tanto no existe en el pasado,  creando realidades segregadas y excluyentes  que limitan una comprensión integrada,  inclusiva y compleja del pasado. En efecto,  se construye una historia rígida y binaria  donde sólo algunos hablan, los trabajadores del salitre y los otros, las mujeres son quienes  acompañan a quienes tienen la palabra.

Los censos de la República de Chile19  señalan  que existían cerca de mil obreras trabajando en  la pampa salitrera, entre calicheras, salitreras,  toneleras, carboneras, mineras y gañanes que  abandonaron la feminidad hegemónica para  adentrarse en la extracción del nitrato. Esto  supone interrogantes novedosas, induciendo  a inquietudes complejas acerca del pasado,  porque levanta datos inexistentes en el discurso oficial problematizando de otra forma  las representaciones sociales existentes del  sujeto femenino y del masculino. Ya lo decía  la cantata de Santa María de Iquique que las  mujeres debían bajar desde la pampa salitrera  a luchar junto al movimiento obrero en las  reivindicaciones laborales:

Y si observan la pampa y la/ imaginan/ en  tiempos de la industria del/ salitre/ verán  a la mujer y al fogón mustio/ al obrero sin  cara, al niño triste (…) Vamos mujer/ partamos a la ciudad/ todo será distinto/ no  hay que dudar/ No hay que dudar, confía/  Ya vas a ver / Porque en Iquique todos/  Van a entender/ Toma mujer/ Mi manta  te abrigará (…) Largo camino tienes/ que  recorrer/ atravesando cerros/ vamos mujer/  Vamos mujer, confía/ Que hay que llegar/  En la ciudad podremos/ Ver todo el mar/  Dicen que Iquique es grande/ Como un  Salar/ Que hay muchas casas lindas/ Te  gustarán/ Te gustarán, confía (…) Vamos  mujer/ partamos a la ciudad/ Todo será  distinto/ No hay que dudar20 .

Estos vestigios muestran nuevas aristas en  las construcciones históricas del pasado en  la pampa salitrera, los cuestionamientos que  se generan a partir de estos datos desterritorializan el conocimiento cimentado desde  la historiografía reciente revelando nuevas  problemáticas a las memorias nacionales. 

La complejización que supone encontrar  mujeres donde nunca antes han sido vistas  supone un nuevo contexto histórico para  analizar las fuentes que las nombran; son  vestigios oficiales, estatales y estadísticos,  que revelan a las mujeres como trabajadoras, como obreras del salitre, y no sólo como  pulperas, comerciantes, madres y esposas como siempre se les ha caracterizado. Estos  datos revelan una nueva realidad creando nuevos cuestionamientos, inquietudes y  problemáticas, encrucijando el conocimiento  existente, invitando a escribir una historia  más inclusiva no sólo en el lenguaje sino que  también en las representaciones sociales de  los sujetos en cuestión. Si existen cerca de  mil obreras en las oficinas salitreras, ¿habrán  existido mujeres en la huelga de 1907 en la  ciudad de Iquique? De los miles de obreros  asesinados en la matanza de la Escuela  Santa  María de Iquique, ¿habrán existido mujeres  aniquiladas junto a los obreros del salitre? Si  fuese así, ¿cómo se construye esa historia?,  ¿cómo se nombra el objeto de estudio?,  ¿cuáles son las nuevas dinámicas en las que  se debe detener la historia?, ¿cuáles fueron  las relaciones que se establecieron entre  mujeres y hombres al interior de la huelga?,  ¿qué lugares ocuparon hombres y mujeres  en la resistencia política?

Estas preguntas invitan a nuevos análisis,  mucho más complejos porque suponen sujetos inexistentes hasta ahora en los discursos  históricos, a su vez, desestructuran las certezas  construidas a partir de los consensos historiográficos obligando a revisar las fuentes y los  imaginarios del pasado, incitando el estudio  y búsqueda de nuevas fuentes y formas de  interpretar la historia, construyendo una  nueva mirada a la historia de Chile. Incluir al  sujeto femenino en el discurso historiográfico permite particularizar las problemáticas,  crear representaciones más heterogéneas e  inclusivas, construyendo imaginarios sociales  más justos e integrados.

 

Conclusiones

Iniciar un estudio sobre las mujeres ofrece  inevitablemente desmontar la epistemología.  La construcción del conocimiento históricamente ha sido propiedad de lo masculino, que  no se relaciona directamente con el estudio  de los hombres como sexo, sino con la forma  occidental falogocéntrica de concebir las  realidades21. Lo masculino ha sido lo que ha  gobernado el pensamiento de las sociedades  latinoamericanas, comenzar a desmontar  lo que se ha impuesto como verdad resulta imperioso y a la vez crítico, no sólo por las  incertidumbres que se generan en el contexto  sino que también por el caos gnoseológico y  social que establece el descubrir que todo lo  que se ha escrito tiene cierta intencionalidad  política de opacar manifestaciones igual o  más importantes que las otras.

Sin duda, la masacre de la Escuela Santa  María de Iquique cambió el contexto social,  económico y político del país. Las miles de  muertes de obreros y obreras que luchaban por  mejores condiciones de vida, más humanas,  más justas y dignas, no justifican la acción  del Estado chileno. El giro que toma el curso  de la historia de ahí en adelante merece un  reconocimiento a los hombres y mujeres que  marcharon y resistieron en la escuela aquel  21 de diciembre de 1907, por las convicciones  políticas que incardinaban sus cuerpos y por  intentar construir una sociedad más justa y  digna para todas y todos. En este contexto,  la masacre se transforma en un objeto de estudio relevante para la historia de Chile, aún  más cuando se cumplen cien años de aquel  injustificado acontecimiento. Para la historia  de las mujeres parece ser un hecho aislado;  nada se dice de ellas en la participación de  tan importante suceso, nada se escribe de  ellas, ni siquiera se las nombra; en efecto, no  existen en la historia.

La omisión de manifestaciones en la disciplina histórica ha sido objeto de estudio  para la misma. El discurso histórico siempre  ha tomado sujetos específicos a los cuales  analizar por diversos motivos, excluyendo  problemas y temáticas fundamentales en el  desarrollo de las sociedades. Invisibilizar al  sujeto femenino pone en riesgo la veracidad  del discurso y la construcción del pasado,  porque las mujeres han estado siempre en la  historia, en la sociedad, en el pasado, en el  presente y en el futuro. Incluir a las mujeres  como sujetos en la construcción de la historia  y en especial en el discurso de la masacre de  1907 acerca el discurso a la sociedad en su  conjunto, porque todas y todos participan  en igualdad de condiciones en la construcción de la memoria. Inscribirlas en el texto  complejiza la realidad creando una nueva  mirada a la historia de Chile, permite pensar  de otra manera el presente y desmonta los  binarismos y las segregaciones lingüísticas  en la realidad. En efecto, nombrar el sujeto  femenino en la historia es escribir un pasado  inclusivo, heterogéneo, indisciplinado, singular  y complejo que permite memorias colectivas  más justas y humanas.

 

Agradecimientos

En este trabajo deseo agradecer a dos personas  fundamentales para que este texto pudiera  ser posible. A Margarita Iglesias, por su inagotable apoyo y crítica certera en la historia  de las mujeres, y a Christian Cardoso, por  acompañarme y colaborar infinitamente en  la travesía historiográfica de las mujeres. 

 

[8] Testimonio de Daniel Enrique Aguirre Santander,  1926 (2007).

[9] Para mayor información ver González (2002, 2006). 

[10] Una discusión interesante sobre el lenguaje en la  historia ver Scott, Bryan y Stansell (1989). 

[11] En general, la historiografía chilena referida al salitre  coincide que el ciclo salitrero chileno va desde 1880  a 1930, con un financiamiento mayoritariamente de capitales ingleses. Ver, por ejemplo: Pinto (1990), Cademártori (1968), Sutter, C. y Osvaldo Sunkel (1982),  Meller (1996), Soto (1998).

[12] González, ob. cit, 2002, pp. 126-151.

[13] En 1885 la población de la provincia de Tarapacá correspondía a 45.086 habitantes, incrementándose hacia  1920 a 100.553 habitantes. Censos de la República de  Chile, 1885, 1895, 1907 y 1920.

[14] Entre 1880 y 1930 las exportaciones del salitre representaron cerca del 70% del PIB para esos años, alcanzando  su máxima entre 1915 y 1926, con un 60% en promedio  (Sutter, C. y O. Sunkel 1982: 126-132).

[15] En promedio, la fuerza de trabajo entre hombres y  mujeres durante 1880 y 1920 en la región de Tarapacá fue del 4% en relación con el total nacional, representando la  tercera provincia con más población trabajadora durante la época. Las provincias de Santiago y  Valparaíso fueron las que la antecedieron, con un 16% y 9,8% respectivamente. Ver: Núñez, Isabel (2007), Censos de la República  de Chile, 1885, 1895, 1907 y 1920.

[16] Ruiz, O. y M. Correa (2001), Núñez (2006). 

[17] Ver: Núñez (2006:45), González (2002:13).

[18] Las mujeres, trabajadoras remuneradas, representaron  entre 1880 y 1920 en promedio el 40% de la mano de obra  de la provincia de Tarapacá (González 2002: 41-49).

[19] En este ensayo se utilizará al censo de la República  de Chile por ser la fuente por excelencia de la historia  económica y laboral para estudiar la fuerza laboral,  observándolo desde una perspectiva de género, los  números y la representación social femenina que ahí  existe, para dar explicaciones a la opacidad económica  de las mujeres en la historia de Chile.

[20] Quilapayún (1998) Cantata popular Santa María de  Iquique, Warner Music Chile.

[21] Barbieri (1999), Oyarzún (2000), Lamas (1996).

 

 

Referencias citadas

Documentos gubernamentales

Dirección General de Estadística, Sexto censo general de la población de Chile levantado el 26 de  noviembre 1885, tomos I y II, Valparaíso: Imprenta  La Patria, 1889-1890.

Dirección General de Estadística, Séptimo censo  general de la población de Chile levantado el 28  de noviembre de 1895, tomos I y II, Valparaíso:  Imprenta Universo, 1900-1904.

Comisión Central del Censo, Censo de la República  de Chile levantado el 28 de noviembre de 1907,  Santiago, Imprenta y Litografía Universo, 1908.

Dirección General de Estadística, Censo de población de la República de Chile levantado el 15  diciembre de 1920, Santiago, Imprenta y Litografía  Universo, 1925.

Testimonio de Daniel Enrique Aguirre Santander  (1926), en Bienal de Arte en el Desierto: Memorias al  viento, oficina salitrera Humberstone, Iquique.

 

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Comentarios

6 - Karelia Cerda - 29/01/2014 00:51
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