El sujeto femenino en la pampa salitrera. Una mirada desde los estudios de género (I)
Historia | 09/01/2012

Las reflexiones que a continuación se exponen son un intento por comprender la historia de las mujeres como un saber desestructurante  para las Ciencias Sociales. Las posibilidades que existen de contribuir a un conocimiento más inclusivo obligan a cuestionarse  discursos consensuados desde la Ciencia Histórica que han dejado al sujeto mujer como un objeto de estudio apartado de los procesos  sociales. Desde esta afirmación, preguntarse el lugar de las mujeres en la masacre de 1907 permite escribir de otra forma la historia y  mirar con otros ojos los documentos que investigamos. En la necesidad por construir discursos sociales más justos para las memorias  colectivas, es que la emergencia de este texto surge como una posibilidad crítica y responsable de facilitar mayores interrogantes  que certezas, para que la matanza de la Escuela de Santa María de Iquique no quede como un hecho en sí mismo, incuestionable  e inamovible, sino que como un contexto en relación con otros contextos y sujetos dinámicos y versátiles, es decir, que la matanza  sea un suceso capaz de leerse en otro tiempo y en otro espacio, originando nuevas respuestas a ese presente y futuro.

 

 Introducción

La historia: Una disciplina en disputa

“Se trata ahora de detectar la incidencia de las  interrupciones. Interrupciones cuyo estatuto  y naturaleza son muy diversos. (…) La obra  de un sabio no tiene la misma incidencia, ni  puede ser descrita de la misma manera, en uno  y otros niveles; no es la misma historia la que  se hallará contada, acá y allá. Redistribuciones  recurrentes que hacen aparecer varios pasados,  varias formas de encadenamiento, varias  jerarquías de importancia, varias redes de  determinaciones, varias teleologías, para una  sola y misma ciencia”. Michel Foucault.

 Iniciar un cuestionamiento acerca de lo que  se ha instalado teóricamente como verdad  resulta desafiante si deseamos idear y construir  una nueva forma de pensar. La necesidad por  conocer el pasado de las sociedades permite  rescatar las memorias sumergidas en los inconscientes sociales que manifiestan ideas,  prácticas y discursos materializados en el  presente. En este sentido, la necesidad por  visualizar de una forma más justa a todos los  sujetos obliga imperiosamente a detenerse  en la forma como se ha construido el conocimiento histórico.

La historia, como parte de las disciplinas de  las ciencias humanas, acerca el pasado al  presente de forma discursiva, configurando  imaginarios que simbólicamente van identificando a los individuos y las individuas  con su realidad. La historia positivista del  siglo XIX construyó verdades históricas de  procesos políticos absolutos, inamovibles e  incuestionables, narrados mediante la utilización de documentos oficiales, intentando  erigir un pensamiento lineal y progresivo  que diera estabilidad política a los grupos de  poder que gobernaban las estructuras de ese  momento. Las sociedades excluyentes que  se imaginaron a partir de ese racionamiento  impidieron que otros sujetos sociales fuesen  historizados –mujeres, infantes, pobres e indígenas– restringiendo las representaciones  históricas acerca del pasado de las sociedades  humanas, omitiendo de esta manera parte  importante del devenir histórico. 

El cambio de paradigma científico, de una  ciencia absoluta a una relativa, reconfigura la  forma de estructurar las nociones que comprenden la realidad, creando cuestionamientos  críticos acerca de las verdades que se habían  construido hasta entonces. El conocimiento  certero y tradicional que imperaba en la disciplina manifestó limitantes para responder  a las necesidades por conocer pasados más  complejos y discontinuos, que desterritorializarán las ideas totalizantes que se habían  generado hasta el momento.

La creación de nuevos planteamientos teóricos  permitió generar nuevas interrogantes, cuestionamientos e inquietudes dando relevancia  a sujetos que hasta entonces habían estado  marginados de los procesos históricos. Este  intento por estructurar las memorias de una  forma más compleja permite a la disciplina  histórica ocuparse del sujeto invisibilizado,  sujeto ausente en la historia oficial decimonó- nica, la cual omitió actores relevantes para una  comprensión integral y compleja del pasado.  Hacia el siglo XX, la historiografía francesa  daba cuenta de las necesidades por integrar  nuevos métodos y temáticas al estudio de la  historia que permitieran dar cuenta de la crisis  estructural que estaban llevando las sociedades occidentales. En este contexto, la escuela  de los annales irrumpe como una posibilidad  para la emergencia de temas sociales y económicos que dieran respuestas más cercanas  a la realidad de la época. En este sentido, el  objeto de estudio histórico cambia del político  al social, reconfigurando inevitablemente las  metodologías de la disciplina para tener un  acercamiento más subjetivo de los discursos  que se instalaban en la sociedad. De aquí en adelante, el objeto de estudio ya no se buscará  más en la fuente oficial, sino que en lugares  cotidianos, de manifestaciones subjetivas  que den cuenta de las incertidumbres que  gobiernan los cuerpos sociales.

En la actualidad, la crítica a las epistemologías  de los sesenta permitió repensar nuevamente  la disciplina, generando diálogos multidisciplinarios que desmontaran la rigidez marxista  o estructuralista de la historia, provocando una crisis gnoseológica en la historia.  La emergencia de lo cotidiano, de las subjetividades, de las discontinuidades, del deseo,  de la literatura, de la filosofía, de la sociología y de las incertidumbres, de convivir en el caos  mediático de la modernidad, permitieron una  escritura histórica más descontextualizada,  menos lineal y con más interrogantes que  respuestas. No obstante, la historiografía  chilena, y en especial la nueva historia social1, que es la que hoy por hoy gobierna el discurso  histórico oficial en nuestro país, deja entrever  muchas resistencias en este sentido.

El sujeto popular del cual la historia social  se hace cargo configura representaciones  sociales rígidas de procesos históricos lineales, situando a este objeto de estudio como  el nuevo icono historiográfico del siglo XX,  donde los marginados y las marginadas, las  mujeres, los obreros, los niños y los indígenas  recobran protagonismo en los grandes relatos  de la historia nacional. 

La escasa complejización del pasado que  se instala en este discurso historiográfico  naturaliza al sujeto como un actor lineal  dentro de las estructuras, incapaz de tener  cuestionamientos e incertidumbres acerca  de su realidad, sino que, por el contrario, es  un sujeto estructural y racional que supone  la marginalidad como medida de resistencia  política. Por tanto, se construye una noción  ahistórica y esencialista de lo popular, un  concepto elástico y abarcador de un todo  abstracto trascendental e incuestionable de las  experiencias denominadas académicamente  como populares, que siendo manifestaciones  sociales dinámicas, complejas, variables y  discontinuas pueden tener tiempos y espacios  diferentes a lo que se ha instalado discursivamente como verdad 2 .

 

El sujeto femenino: Una construcción discursiva

La historia de las mujeres irrumpe en la disciplina histórica como un intento por complejizar  el pasado de las sociedades. La historia de las  mujeres adquiere en un primer momento un  carácter compensatorio, permitiendo insertar  las historias de mujeres célebres en los grandes  relatos históricos, reparando de esta manera  la opacidad histórica del sujeto femenino en la  disciplina3. Junto con esto, en los años sesenta  se inicia desde los movimientos feministas  una crítica epistemológica de lo que hasta  entonces se había concebido como ciencia,  creando marcos teóricos que incluyeran al  sujeto femenino como un objeto de estudio  posible dentro de las ciencias sociales. 

En este contexto, el análisis histórico con perspectiva de género emerge con la historia de  las mujeres y con el estudio de la vida privada,  poniendo en conflicto los espacios diferidos  que han construido los discursos históricos  y la invisibilización del sujeto mujer en la  historia. Esta producción científica dio inicio a reflexiones epistemológicas en relación con las construcciones del pasado, evidenciando  que los discursos hegemónicos de la historia  eran masculinistas no sólo por la exclusión de  la mujer en sus relatos, sino por la inexistente  representación de las relaciones de poder  entre los sujetos. 

Este esbozo muestra a la historia de las mujeres como un saber desestructurante desde  lo que se ha establecido como teoría, proponiendo desmontar lo que se ha impuesto  como verdad inamovible, derribando el ser  racional, dejando al cuerpo y al deseo posibles  generadores de teorías que problematicen la  realidad, para criticar y reformular los contratos sociales. De esta manera, las formas de  analizar el pasado toman diversas miradas,  utilizando nuevas fuentes que den cabida a  los registros femeninos4 como documentos legítimos para el análisis histórico, se inicia a  su vez la revisión de las fuentes tradicionales  desde un enfoque crítico para encontrar ahí  al sujeto femenino. Esta producción historiográfica desmonta el saber oficial, invierte  los paradigmas, los conceptos y las certezas  históricas, desestructurando el presente. 

En este contexto, emerge la historia de género,  que se ocupa principalmente de las relaciones  de poder entre los sexos y de la construcción  de lo femenino y lo masculino a lo largo de la  historia. La posibilidad que se gesta a partir de  esta mirada es la crítica y la sospecha desde  donde se mira el pasado, creando discursos complejos, inclusivos y particulares que desconfiguren las estructuras rígidas que se han  cimentado en la historia. Analizar el pasado de  las sociedades desde un saber problemático  permite visualizar lugares antes impensados  para descubrir las memorias colectivas; la  esfera privada en este sentido se torna un  locus político fundamental para estudiar las  relaciones de poder que se establecen entre  los sujetos, revelando los lugares que ocupan  hombres y mujeres en la conformación de la  esfera privada, conociendo las interacciones  de lo íntimo, identificando los imaginarios  y la simbólica que producen los sujetos. En  efecto, reflexionar acerca de las representaciones sociales que tienen estas prácticas se  visualizan las significaciones que tienen éstas  en la esfera pública y privada, las cuales son  primordiales para el estudio del pasado.

La construcción histórica del sujeto mujer  se vuelve así un campo de disputa política,  porque son otros los vestigios que hablan  de ellas5 ; sólo en las primeras décadas del  siglo XX latinoamericano6  el registro de  material femenino se torna una fuente real  para el estudio de la historia. La historia de  género en la actualidad sigue marginada de los  estudios históricos oficiales, si bien es cierto  las mujeres como objeto de estudio han sido  incluidas en este discurso construyendo un  conocimiento más inclusivo en las representaciones sociales del pasado; el género como  categoría de análisis aún es resistida por los  discursos históricos actuales, no sólo por la  crisis epistemológica que genera en el pensamiento, sino porque evidencia la existencia  de las relaciones de poder entre los sujetos.  Por lo tanto, integrar un conocimiento que  desterritorialice el pensamiento hegemónico  obliga imperiosamente a desestructurar los  cimientos del poder. 

 

La historia social:

Una reflexión crítica del sujeto mujer

En la actualidad, la visibilización de las mujeres  en la disciplina histórica es innegable. Existe  una vasta historiografía que permite conocer  cada vez más el pasado de las sociedades y,  específicamente, la historia de las mujeres. La  situación que se plantea hoy por hoy es cómo  se inscribe el sujeto femenino en los discursos  históricos y qué representaciones sociales  existen de éste. El discurso historiográfico  que más visibiliza al sujeto mujer es sin duda  la historia social, corriente historiográfica  que sitúa a las mujeres en la categorización  del bajo pueblo7. La mujer del bajo pueblo es el objeto de estudio por excelencia de  esta línea historiográfica, que inscribe a las  mujeres como sujetos complementarios de  los procesos históricos, construyendo una  dialéctica de clase escasamente reflexiva,  invisibilizando las relaciones de poder que  se generan en los procesos.

Si bien es cierto puede ser una perspectiva  legítima en la construcción de discursos,  esto limita la posibilidad de problematizar la realidad de forma compleja, porque niega las relaciones de poder que se establecen en  los procesos sociales, creando oposiciones  innecesarias en las representaciones sociales  de la historia. Asimismo, se asume a las mujeres como complementos anexos a los relatos  históricos, ya que se las instala como objetos  de estudio anexos a la investigación en sí y no se las inserta como participantes activas  del proceso en sí mismo, conservando en este  sentido una historia de esferas separadas.

Por lo tanto, la incorporación debiese ser  ahora en igualdad de condiciones, es decir,  acercarse al estudio de las mujeres como sujetos  trascendentales en los procesos históricos,  sujetos capaces de generar dinámicas propias  y colectivas que influyan en el desarrollo  histórico de la realidad, intentar escribir un discurso más inclusivo, más reflexivo, más  responsable y más complejo, que visualice la  especificidad y heterogeneidad de discursos  existentes en el pasado.


Parte (II)


[1] Una crítica contributiva a la nueva historia social, ver  Burke (1996). 

[2] Para conocer acerca del concepto popular y del discurso  historiográfico que se construye a partir de esa noción  ver Salazar (1990) y Salazar y Pinto (2004).

[3] Para mayor información ver Lavrín (1985).

[4] Los diarios de viajeras son vestigios privados valiosos  para registrar la historia de las mujeres. Un trabajo interesante que utiliza esta fuente para relatar el viaje de una aristócrata chilena a principios del siglo XX a Europa  es el de Sanhueza (2006).

[5] Para un acercamiento a la historia de las mujeres en  occidente, realizada con fuentes tradicionales y vestigios  privados femeninos ver Duby y Perrot (2000). Este texto  incluye en la introducción del tomo I una reflexión interesante acerca de la historiografía de las mujeres, referida  no sólo a la escasez de fuentes para la construcción de  una historia del sujeto femenino, sino que también las  dificultades y problemas para representar socialmente  a las mujeres. 

[6] Lavrín, ob. cit. 1985.

[7] Para un conocimiento mayor acerca del concepto de la  mujer del bajo pueblo ver Salazar (1992), Brito (1995). 

Comentarios

Esta columna aún no tiene comentarios.
BUSCAR
volver a vista clásica