Desafíos para la Democracia y la Convivencia social. Los procesos de reconciliación exitosos son
fundamentales para construir una democracia sostenible que garantice la verdad,
la justicia y la reparación en situaciones posconflicto. Esto es sobre cómo ampliar
el concepto de política de reconciliación e incluirlo estructuralmente en la
agenda de democratización que fomente la inclusión social, la justicia económica,
la participación en el poder político y, en conjunto, el respeto pleno de los
derechos humanos.
Puesto que
no existe consenso acerca de que la verdad y la justicia sean en sí mismas una
garantía suficiente para la reconciliación, es comúnmente aceptado que el
reconocimiento de la verdad y la aplicación de la justicia constituyan
elementos que, en última instancia, promuevan la reconciliación en el grado de
ser un proceso dinámico muy complejo y de largo plazo. Según Carlos Martín Beristain
- la reconciliación se da a dos niveles: “el individual o comunitario, y entre
el Estado y la sociedad civil” Por lo general estas dos categorías cuentan con
distintos factores, actores y mecanismos para realizar los objetivos. Sin
embargo, se necesitan medidas que permitan crear nuevas relaciones de
poder tendientes a fortalecer la
confianza de la sociedad en las instituciones. Además de esto, se busca que
exista una estrecha interdependencia entre reconciliación y democracia.
En su artículo, Reconciliación luego de conflictos violentos: un marco teórico (2006) Carlos Martín Beristaín, señala que “en los últimos años ha habido un interés
creciente en la reconciliación posterior a conflictos violentos en diferentes
partes del mundo” (15) El concepto se
refiere a cuestiones tales como: rescatar la convivencia entre grupos
enfrentados, reconstruir el tejido social y organizativo fracturado, establecer
de nuevo un consenso social después de enfrentamientos armados o de regímenes
basados en la represión política (15). Así, al hablar de una eficaz salida
democrática en situaciones posconflicto, se debe tener en cuenta dos
perspectivas: “la de estructuras y procedimientos, que permite manejar los
temas en conflicto que dividen a la sociedad; y el conjunto de relaciones
fundamentales entre los grupos involucrados” (15) En este sentido, “el
compromiso democrático se orienta a buscar soluciones a las causas del conflicto,
mientras que la reconciliación se dirige a las relaciones entre los que deben
implementar las soluciones (Estado, políticos y población) (15) Se afirma que
la noción de reconciliación como proceso global que comprende instrumentos como
la justicia, la verdad y la reparación es la garantía de que la violencia del
pasado no volverá.
Así pues, los factores determinantes en la
reconciliación posconflicto “es el balance de poder entre el régimen previo y
su sucesor en el momento de la transición (21) De modo que, (i) los posibles
escenarios posibles de transición resulta de acciones conjuntas, “incluyendo
negociaciones entre el gobierno anterior y los grupos de oposición” (22); (ii)
las culturas constituyen el espacio en el que se producen los cambios sociales
y suelen ser fuerzas potentes en el proceso de reconciliación (22); Por otro
lado, (iii) es necesario considerar la situación de las víctimas y
sobrevivientes para establecer programas adecuados a sus necesidades plurales y
diversas (23). Esto tiene que ver con la identidad y participación social de
las víctimas en consideración con los derechos y la dignidad de las mismas, en
beneficio de evitar los procesos de victimización secundaria – “la adquisición
de una identidad de víctima como estigma” – (23), así como la consolidación de
“procedimientos y criterios claros para la identificación de las víctimas y
beneficiarios de los programas de apoyo” (25) Esto supone que “los conflictos
violentos destruyen las estructuras de la sociedad y tiene un impacto en el
comportamiento colectivo y la subjetividad” (29) Así, el proceso de curación
implica entre otras cosas, estrategias políticas orientadas en el proceso de
reconciliación personal y nacional; aspectos estructurales y de fondo como la
depravación, el racismo, el sexismo o las violaciones de derechos humanos; el
contexto cultural que tiene que ver con la atribución del sentido del trauma en
el camino de la recuperación psicosocial; la reconstrucción del ámbito social y
cultural, apoyo individual y familiar, entrenamiento de personas locales en
capacidades de apoyo psicosocial, grupos de autoayuda y la importancia de las
formas simbólicas.