La trascendencia de la Libertad y la Igualdad
Dos valores trascendentes del ser humano: la Igualdad y la Libertad. la
igualdad es un lugar para la libertad, del mismo modo y al mismo tiempo la
libertad es un lugar para la igualdad.
No
puede existir la una sin la otra, pueden que vayan retrazados en el espacio
temporal del desarrollo de las sociedades en las cuales no toca vivir, pero es
un hecho que allí donde hay igualdad hay mayor libertad y también donde hay
libertad debiera haber mayor igualdad. Sin embargo en esta amalgama indisoluble,
pareciera ser que es, en la libertad de conciencia donde puede florecer la
igualdad, sin libertad de conciencia, de pensamiento, de opinión y de expresión
no es posible la igualdad.
Desarrollo.
El solo concepto de igualdad, nos lleva a aceptar la existencia de
diferencias en el seno de los grupos humanos y por ende en la sociedad, es solo
a partir de esta constatación que podemos aspirar a la igualdad, esta puede ser
plena o parcial, lo digo porque al igual que la democracia o la libertad esta
puede tener limitaciones, que bien emanan de los poderes políticos, de la
estructura de la sociedad o de los poderes fácticos, e incluso hasta de las
propias limitaciones humanas. De manera temeraria me a atrevo a decir que nunca
es posible la plena libertad. De ahí que efectivamente podamos hablar que la
igualdad es un camino para alcanzar la libertad, siempre y cuando sean nuestras
conciencias las que asuman con fuerza y claridad estos dos conceptos.
La igualdad permite relacionarse con el otro en la misma sustancia,
bajo las mismas condiciones y en una relación simétrica, donde ambos se sienten
con los mismos derechos y las mismas obligaciones, la igualdad no permite
privilegios de ninguna especie. En el ordenamiento jurídico en las sociedades
democráticas la igualdad ante la ley aparece como una de las primeras garantías
constitucionales y se entiende que esta es el logro de incesantes luchas de los
oprimidos y discriminados por obtener los derechos inherentes a toda persona
humana.
Vivimos en sociedades profundamente desiguales. Unos tienen más que
otros, grandes masas de hombres y mujeres de nuestros países y el mundo entero
viven en condiciones miserables, apenas suficiente para subsistir, sin esperanzas
de cambio. Esta situación ha generado la infelicidad y pobreza de grandes masas
y la opulencia y alegría de unos pocos, esto no es política sino que cruel
realidad.
La desigualdad no es solo producto de las condiciones materiales en
las cuales se desarrolla una sociedad, no es solo el producto de las relaciones
de producción, o solo explicable por la propiedad o no de los medios de
producción, también existe el sentimiento de desigualdad, que apela al
sentimiento y la subjetividad en nosotros, nos sentimos desiguales en poder, en
oportunidades, en conocimientos, en cultura y a veces en imagen de si mismo,
esta desigualdad, aunque subjetiva muchas veces, es mas dramática e
inmovilizadota de nosotros que la económica. Contra esta desigualdad, que se crea
por condiciones estructurales de la sociedad y de las relaciones humanas
debemos anteponer la mente esclarecida y la confianza en nuestras propias
capacidades, las que vamos descubriendo y perfeccionando permanentemente en
nuestro camino iniciático.
La búsqueda de la igualdad es una tarea permanente e incansable para
todo hombre libre que quiere lo mejor para su país y para su entorno social y
cultural, el encuentro de la igualdad con la equidad y la justicia están a la
vuelta de la esquina, siempre y cuando seamos capaces de ser tolerantes y vivir
las diferencias que existen entre nosotros, juzgando con la sana critica de la
conciencia libre de prejuicios y de dogmas. Solo de esta manera es posible
avanzar en nuestra propia superación y contribuir a la superación de nuestra
sociedad, tan llena de desigualdades e inequidades.
Es cierto, por otra parte, que no somos todos iguales, los hombres no
somos iguales, los países y las sociedades no son iguales, las culturas no son
iguales, todo esto corresponde al tiempo y al lugar histórico en que nos haya
tocado vivir, y espero que nadie pretenda uniformar este mosaico de diversidad,
que muchas veces constituyen la fuerza y belleza a la vida. Pero esta
diversidad tiene como limite la dignidad de los hombres y mujeres que habitan
nuestra tierra. Debemos generar las condiciones para que todos los hombres y
mujeres de nuestra tierra tengan las mismas oportunidades para poder vivir con
dignidad, libertad y estar en un plano de igualdad con el otro.
La libertad es como el aire que respiramos, es indispensable para la
vida de los seres humanos, esta afirmación que puede ser temeraria para los
relativistas o autoritarios, para muchos cobra sentido cuando la libertad se
pierde, ya sea por conducta individual o por que la sociedad vive bajo algún
régimen político autoritario.
La libertad, no es solo un
medio para alcanzar la perfección individual y social, sino que como un valor
en si mismo, como algo que hay que defender, cultivar y ampliar.
Creemos en la libertad de reunión, en la libertad de pensamiento, en
la libertad de expresión, en la libertad de creación artística e intelectual,
en la libertad de culto, en fin en todas aquellas libertades que nos acompañan
desde la revolución francesa hasta nuestros días, y de aquellas otras
libertades que las civilizaciones a través de su devenir han ido dejando como
patrimonio de los hombres y mujeres de este mundo. La mayoría de ellas
consagradas en las distintas Cartas fundamentales o Constituciones que los
países se han ido dando, marco de convivencia y de valores fundamentales que
permiten el crecimiento individual y social.
La libertad tiene
un vértice, que fortalece a todas las libertades, que debemos sin descanso
alcanzar, cual es la libertad de conciencia.
La libertad de conciencia la podemos definir como aquella facultad
que solo tienen los hombres de tener pensamientos que solo ellos conocen y a
los cuales por lo general agregan una conducta acorde con este. De ahí que
la libertad de conciencia se concibe como un
derecho que toda persona tiene, y como derecho este se encuentra
resguardado en la mayoría de las Constituciones democráticas que existen en la
actualidad, bajo distintas modalidades, libertad de pensamiento, libertad de
creación, libertad religiosa y otras.
En nuestro país, Chile, jurídicamente la libertad de conciencia se
encuentra protegida en la Constitución en su articulo 19 Nº 6, en la Convención Americana de los Derechos Humanos,
en su articulo 12, y en el Pacto Internacional de los Derechos Políticos y
Sociales de Naciones Unidas, articulo 18.
Para entender de mejor manera lo que es la libertad de conciencia
necesariamente debemos incursionar en lo que es la conciencia o lo que esta
significa, si es posible darle un significado, por muy precario que este sea.
Conciencia es el conjunto de pensamientos, razones, procesos pensantes
que tienen su desarrollo en el cerebro humano. Es
impensable, hasta el momento hablar de conciencia sin hacer referencia al ser
humano, la conciencia esta ligada a este, e incluso la existencia de la
conciencia es la esencia de este ser humano, sin conciencia no hay ser humano y
sin ser humano no hay conciencia.
La libertad
de conciencia debe entenderse como autonomía de las personas en pos de sus
verdades, cada
mujer y cada hombre distinguen por sí mismos entre el bien y el mal y eligen lo
que les parece verdadero.
Esto
significa reconocer en las personas la condición de sujeto moral, capaz
de darse a sí mismo los criterios de reconocimiento de la verdad y la libertad
que busca.
Por otra parte la conciencia es algo más que el
juicio que hacemos acerca de nuestra condición moral. Es el llamamiento
implacable y despiadado a que lleguemos
a ser lo que debemos ser. Puede definirse como el sentido personal,
interno, de lo que es moralmente bueno o malo de nuestra conducta y
motivaciones, lo que nos impulsa hacia la acción correcta. La conciencia
proviene de una intuición o pensamiento individual, abierto al conocimiento y a
la formación que desemboca en un juicio.
La conciencia constituye el
núcleo central y básico e la personalidad del ser humano, ella
estructura la conformación ética de la persona humana, posibilitando la
integridad moral del individuo y el libre desarrollo de su personalidad.
La libertad de conciencia
protege el proceso racional, reflexivo, la elaboración intelectual del ser
humano y su adhesión o no a concepciones valóricas o creencias, sean estas religiosas,
filosóficas, ideológicas, políticas o de cualquier otra naturaleza, como
asimismo a rechazar aquellas que considera erróneas; proceso que corresponde al
fuero interno de la persona que tiene un carácter inviolable, el cual plantea
una exigencia de comportarse exteriormente de acuerdo con tales concepciones.
En definitiva, es la facultad
de toda persona para formarse su propio juicio, sin ningún tipo de
interferencias; el derecho de pensar con plena libertad, lo que posibilita la
propia selección o determinación de valores de acuerdo con los cuales formula
su proyecto de vida y la conformación a dicho pensamiento de su actividad
externa personal y social.
Para muchos estudiosos de este
tema la libertad de conciencia solo tiene que ver con el ámbito del pensamiento
o de las creencias religiosas, a nuestro juicio esto no es así. La libertad de
conciencia va mas allá de la religión ya que la libertad de conciencia es el
fuero interno de la persona humana, la integridad de su conciencia, se protege
y cada uno de nosotros tiene que protegerlo como un derecho de defensa frente a
las intromisiones de cualquier tipo que pretendan violentarla. La conciencia
constituye con el individuo una unidad indisoluble, la persona "es"
tal con su conciencia, a diferencia de otros derechos, como la libertad de
creencias, en que el individuo "adhiere" a una religión, filosofía,
ideología o cuerpo de ideas. La libertad de conciencia exige asimismo al
individuo una actuación externa conforme a sus propios juicios morales. A
cualquier institución, a cualquier individuo le está imposibilitado penetrar en la conciencia, debiendo respetar
el proceso intelectual y la búsqueda de la verdad que desarrolle autónomamente
la persona, como asimismo, su comportamiento externo conforme a su conciencia.
Otro aspecto que no se puede
eludir en el debate sobre la libertad de conciencia es lo que se ha dado en
llamar la conciencia social, y como esta no es la suma de las conciencias
individuales en un tiempo y espacio determinado, sino que es mas bien el estado
al cual haya llegado la civilización humana en su derrotero de búsqueda de
perfección y de humanidad.
Ahora bien, la libertad de conciencia
genera inevitablemente una pluralidad de creencias que obliga a la
relativización de cada una de éstas en el ámbito público y a la creación de
normas morales y de conductas seculares o laicas y por lo tanto ajenas a una
doctrina específica.
Ligado al tema de la libertad de
conciencia se encuentra la necesaria
confrontación con la practica, la dualidad libertad de conciencia y
consecuencia en el actuar es insoslayable. Pensar y actuar de la misma manera
se ha tornado difícil en nuestros días, ya sea porque el estado o sus normas
consuetudinarias censuran esta
posibilidad, o por algo que es más sutil aún, como lo es la autocensura. Así al hombre contemporáneo le
cuesta ejercer su libertad de conciencia, y este es uno de los mayores desafíos
que tenemos, el de ser auténticos y consecuentes con nuestras convicciones y
principios.
El libre examen aparece como una necesidad permanente de cualquier persona que quiera ejercer y actuar desde su propia conciencia, y no de lo que la generalidad o los medios hacen aparecer como verdades absolutas o da por hechos cosas que no lo son. Solo con el permanente examen de nuestro pensamiento, de nuestras ideas y de nuestra practica vamos edificando nuestra conciencia y por ende nuestra capacidad de actuar. Nosotros les concedemos autoridad moral a las personas para formar sus propios juicios y actuar de acuerdo con su libertad de conciencia. Por lo tanto, desde nuestra identidad masónica debemos entender que la laicidad del Estado Chileno es una condición imprescindible para la protección de la libertad de conciencia, concretada en el respaldo a todas las personas para que vivan de acuerdo con sus convicciones íntimas y espirituales en igualdad de circunstancias, ejerciten su autonomía moral e intelectual para gobernar sus vidas y les sea respetado su pensamiento y su derecho a decidir libremente.
Por último decir que en el mundo
moderno no basta con tener libertad de conciencia asimilada a la libertad de
pensamiento y de creencia religiosa, sino que hoy día el desarrollo de las
sociedades se juega en el debate de ideas que se dan en el espacio de lo
público, por lo tanto la libertad de conciencia se puede ver dramáticamente
coartada en sociedades donde la expresión de las ideas estén limitadas. Solo es
posible la verdadera libertad de conciencia en una sociedad libre.
Hoy día la libertad de conciencia no
pasa de ser una idea romántica sin el corolario de la libertad de expresión, y
la libertad de expresión en el foro público y ciudadano, a través de medios
modernos de comunicación y con amplia cobertura.
La Libertad, la igualdad y la libertad
de conciencia, forman una trilogía indisoluble, cualquiera que se exprese por
separado dejara de manifiesto la imperfección que tiene cualquier sociedad más
allá de los sistemas políticos que existan en ellas. No olvidemos que siempre
hemos considerado a la democracia como el sistema político donde puede
desarrollarse la libertad y la igualdad, sin embargo la historia nos ha
mostrado que esto tiene más de algún desencuentro, y esto porque solo se
entiende la Democracia como un sistema político y no como un sistema de Valores. La Democracia más
que un sistema político es una forma de relacionarse entre las personas, donde
prima la igualdad, la libertad, la fraternidad, la tolerancia y el respeto
irrestricto de los derechos humanos, tanto colectivos como los individuales.
Ernesto Galaz Cañas
Abogado
Lic. En Ciencias Criminológicas