La trascendencia de la Igualdad y la Libertad
Derecho | 23/12/2011

 

 

La trascendencia de la Libertad y la Igualdad

 

 

Dos valores trascendentes del ser humano: la Igualdad y la Libertad. la igualdad es un lugar para la libertad, del mismo modo y al mismo tiempo la libertad es un lugar para la igualdad.

No puede existir la una sin la otra, pueden que vayan retrazados en el espacio temporal del desarrollo de las sociedades en las cuales no toca vivir, pero es un hecho que allí donde hay igualdad hay mayor libertad y también donde hay libertad debiera haber mayor igualdad. Sin embargo en esta amalgama indisoluble, pareciera ser que es, en la libertad de conciencia donde puede florecer la igualdad, sin libertad de conciencia, de pensamiento, de opinión y de expresión no es posible la igualdad.

 

Desarrollo.

 

El solo concepto de igualdad, nos lleva a aceptar la existencia de diferencias en el seno de los grupos humanos y por ende en la sociedad, es solo a partir de esta constatación que podemos aspirar a la igualdad, esta puede ser plena o parcial, lo digo porque al igual que la democracia o la libertad esta puede tener limitaciones, que bien emanan de los poderes políticos, de la estructura de la sociedad o de los poderes fácticos, e incluso hasta de las propias limitaciones humanas. De manera temeraria me a atrevo a decir que nunca es posible la plena libertad. De ahí que efectivamente podamos hablar que la igualdad es un camino para alcanzar la libertad, siempre y cuando sean nuestras conciencias las que asuman con fuerza y claridad estos dos conceptos.

La igualdad permite relacionarse con el otro en la misma sustancia, bajo las mismas condiciones y en una relación simétrica, donde ambos se sienten con los mismos derechos y las mismas obligaciones, la igualdad no permite privilegios de ninguna especie. En el ordenamiento jurídico en las sociedades democráticas la igualdad ante la ley aparece como una de las primeras garantías constitucionales y se entiende que esta es el logro de incesantes luchas de los oprimidos y discriminados por obtener los derechos inherentes a toda persona humana.

Vivimos en sociedades profundamente desiguales. Unos tienen más que otros, grandes masas de hombres y mujeres de nuestros países y el mundo entero viven en condiciones miserables, apenas suficiente para subsistir, sin esperanzas de cambio. Esta situación ha generado la infelicidad y pobreza de grandes masas y la opulencia y alegría de unos pocos, esto no es política sino que cruel realidad.

La desigualdad no es solo producto de las condiciones materiales en las cuales se desarrolla una sociedad, no es solo el producto de las relaciones de producción, o solo explicable por la propiedad o no de los medios de producción, también existe el sentimiento de desigualdad, que apela al sentimiento y la subjetividad en nosotros, nos sentimos desiguales en poder, en oportunidades, en conocimientos, en cultura y a veces en imagen de si mismo, esta desigualdad, aunque subjetiva muchas veces, es mas dramática e inmovilizadota de nosotros que la económica. Contra esta desigualdad, que se crea por condiciones estructurales de la sociedad y de las relaciones humanas debemos anteponer la mente esclarecida y la confianza en nuestras propias capacidades, las que vamos descubriendo y perfeccionando permanentemente en nuestro camino iniciático.

La búsqueda de la igualdad es una tarea permanente e incansable para todo hombre libre que quiere lo mejor para su país y para su entorno social y cultural, el encuentro de la igualdad con la equidad y la justicia están a la vuelta de la esquina, siempre y cuando seamos capaces de ser tolerantes y vivir las diferencias que existen entre nosotros, juzgando con la sana critica de la conciencia libre de prejuicios y de dogmas. Solo de esta manera es posible avanzar en nuestra propia superación y contribuir a la superación de nuestra sociedad, tan llena de desigualdades e inequidades.

 

Es cierto, por otra parte, que no somos todos iguales, los hombres no somos iguales, los países y las sociedades no son iguales, las culturas no son iguales, todo esto corresponde al tiempo y al lugar histórico en que nos haya tocado vivir, y espero que nadie pretenda uniformar este mosaico de diversidad, que muchas veces constituyen la fuerza y belleza a la vida. Pero esta diversidad tiene como limite la dignidad de los hombres y mujeres que habitan nuestra tierra. Debemos generar las condiciones para que todos los hombres y mujeres de nuestra tierra tengan las mismas oportunidades para poder vivir con dignidad, libertad y estar en un plano de igualdad con el otro.

 

La libertad es como el aire que respiramos, es indispensable para la vida de los seres humanos, esta afirmación que puede ser temeraria para los relativistas o autoritarios, para muchos cobra sentido cuando la libertad se pierde, ya sea por conducta individual o por que la sociedad vive bajo algún régimen político autoritario.

 

La libertad, no es solo  un medio para alcanzar la perfección individual y social, sino que como un valor en si mismo, como algo que hay que defender, cultivar y ampliar.

 

Creemos en la libertad de reunión, en la libertad de pensamiento, en la libertad de expresión, en la libertad de creación artística e intelectual, en la libertad de culto, en fin en todas aquellas libertades que nos acompañan desde la revolución francesa hasta nuestros días, y de aquellas otras libertades que las civilizaciones a través de su devenir han ido dejando como patrimonio de los hombres y mujeres de este mundo. La mayoría de ellas consagradas en las distintas Cartas fundamentales o Constituciones que los países se han ido dando, marco de convivencia y de valores fundamentales que permiten el crecimiento individual y social.

 

 

La libertad tiene un vértice, que fortalece a todas las libertades, que debemos sin descanso alcanzar, cual es la libertad de conciencia.

 

La libertad de conciencia la podemos definir como aquella facultad que solo tienen los hombres de tener pensamientos que solo ellos conocen y a los cuales por lo general agregan una conducta acorde con este. De ahí que la libertad de conciencia se concibe como un  derecho que toda persona tiene, y como derecho este se encuentra resguardado en la mayoría de las Constituciones democráticas que existen en la actualidad, bajo distintas modalidades, libertad de pensamiento, libertad de creación, libertad religiosa y otras.

 

En nuestro país, Chile,  jurídicamente la libertad de conciencia se encuentra protegida en la Constitución en su articulo 19 Nº 6, en la  Convención Americana de los Derechos Humanos, en su articulo 12, y en el Pacto Internacional de los Derechos Políticos y Sociales de Naciones Unidas, articulo 18.

 

Para entender de mejor manera lo que es la libertad de conciencia necesariamente debemos incursionar en lo que es la conciencia o lo que esta significa, si es posible darle un significado, por muy precario que este sea.

 

Conciencia es el conjunto de pensamientos, razones, procesos pensantes que tienen su desarrollo en el cerebro humano. Es impensable, hasta el momento hablar de conciencia sin hacer referencia al ser humano, la conciencia esta ligada a este, e incluso la existencia de la conciencia es la esencia de este ser humano, sin conciencia no hay ser humano y sin ser humano no hay conciencia.

La libertad de conciencia debe entenderse como autonomía de las personas en pos de sus verdades, cada mujer y cada hombre distinguen por sí mismos entre el bien y el mal y eligen lo que les parece verdadero.

Esto significa reconocer en  las personas la condición de sujeto moral, capaz de darse a sí mismo los criterios de reconocimiento de la verdad y la libertad que busca.

Por otra parte la conciencia es algo más que el juicio que hacemos acerca de nuestra condición moral. Es el llamamiento implacable y despiadado a que lleguemos a ser lo que debemos ser. Puede definirse como el sentido personal, interno, de lo que es moralmente bueno o malo de nuestra conducta y motivaciones, lo que nos impulsa hacia la acción correcta. La conciencia proviene de una intuición o pensamiento individual, abierto al conocimiento y a la formación que desemboca en un juicio.      

La conciencia constituye el núcleo central y básico e la personalidad del ser humano, ella estructura la conformación ética de la persona humana, posibilitando la integridad moral del individuo y el libre desarrollo de su personalidad.

La libertad de conciencia protege el proceso racional, reflexivo, la elaboración intelectual del ser humano y su adhesión o no a concepciones valóricas  o creencias, sean estas religiosas, filosóficas, ideológicas, políticas o de cualquier otra naturaleza, como asimismo a rechazar aquellas que considera erróneas; proceso que corresponde al fuero interno de la persona que tiene un carácter inviolable, el cual plantea una exigencia de comportarse exteriormente de acuerdo con tales concepciones.

En definitiva, es la facultad de toda persona para formarse su propio juicio, sin ningún tipo de interferencias; el derecho de pensar con plena libertad, lo que posibilita la propia selección o determinación de valores de acuerdo con los cuales formula su proyecto de vida y la conformación a dicho pensamiento de su actividad externa personal y social.

Para muchos estudiosos de este tema la libertad de conciencia solo tiene que ver con el ámbito del pensamiento o de las creencias religiosas, a nuestro juicio esto no es así. La libertad de conciencia va mas allá de la religión ya que la libertad de conciencia es el fuero interno de la persona humana, la integridad de su conciencia, se protege y cada uno de nosotros tiene que protegerlo como un derecho de defensa frente a las intromisiones de cualquier tipo que pretendan violentarla. La conciencia constituye con el individuo una unidad indisoluble, la persona "es" tal con su conciencia, a diferencia de otros derechos, como la libertad de creencias, en que el individuo "adhiere" a una religión, filosofía, ideología o cuerpo de ideas. La libertad de conciencia exige asimismo al individuo una actuación externa conforme a sus propios juicios morales. A cualquier institución, a cualquier individuo le está imposibilitado  penetrar en la conciencia, debiendo respetar el proceso intelectual y la búsqueda de la verdad que desarrolle autónomamente la persona, como asimismo, su comportamiento externo conforme a su conciencia.

Otro aspecto que no se puede eludir en el debate sobre la libertad de conciencia es lo que se ha dado en llamar la conciencia social, y como esta no es la suma de las conciencias individuales en un tiempo y espacio determinado, sino que es mas bien el estado al cual haya llegado la civilización humana en su derrotero de búsqueda de perfección y de humanidad.

Ahora bien, la libertad de conciencia genera inevitablemente una pluralidad de creencias que obliga a la relativización de cada una de éstas en el ámbito público y a la creación de normas morales y de conductas seculares o laicas y por lo tanto ajenas a una doctrina específica.

Ligado al tema de la libertad de conciencia  se encuentra la necesaria confrontación con la practica, la dualidad libertad de conciencia y consecuencia en el actuar es insoslayable. Pensar y actuar de la misma manera se ha tornado difícil en nuestros días, ya sea porque el estado o sus normas consuetudinarias censuran  esta posibilidad, o por algo que es más sutil aún, como lo es la  autocensura. Así al hombre contemporáneo le cuesta ejercer su libertad de conciencia, y este es uno de los mayores desafíos que tenemos, el de ser auténticos y consecuentes con nuestras convicciones y principios.

El libre examen aparece como una necesidad permanente de cualquier persona que quiera ejercer y actuar desde su propia conciencia, y no de lo que la generalidad o los medios hacen aparecer como verdades absolutas o da por hechos cosas que no lo son. Solo con el permanente examen de nuestro pensamiento, de nuestras ideas y de nuestra practica vamos edificando nuestra conciencia y por ende nuestra capacidad de actuar. Nosotros les concedemos autoridad moral a las personas para formar sus propios juicios y actuar de acuerdo con su libertad de conciencia. Por lo tanto, desde nuestra identidad masónica debemos entender que la laicidad del Estado Chileno es una condición imprescindible para la protección de la libertad de conciencia, concretada en el respaldo a todas las personas para que vivan de acuerdo con sus convicciones íntimas y espirituales en igualdad de circunstancias, ejerciten su autonomía moral e intelectual para gobernar sus vidas y les sea respetado su pensamiento y su derecho a decidir libremente.

Por último decir que en el mundo moderno no basta con tener libertad de conciencia asimilada a la libertad de pensamiento y de creencia religiosa, sino que hoy día el desarrollo de las sociedades se juega en el debate de ideas que se dan en el espacio de lo público, por lo tanto la libertad de conciencia se puede ver dramáticamente coartada en sociedades donde la expresión de las ideas estén limitadas. Solo es posible la verdadera libertad de conciencia en una sociedad libre.

Hoy día la libertad de conciencia no pasa de ser una idea romántica sin el corolario de la libertad de expresión, y la libertad de expresión en el foro público y ciudadano, a través de medios modernos de comunicación y con amplia cobertura.

La Libertad, la igualdad y la libertad de conciencia, forman una trilogía indisoluble, cualquiera que se exprese por separado dejara de manifiesto la imperfección que tiene cualquier sociedad más allá de los sistemas políticos que existan en ellas. No olvidemos que siempre hemos considerado a la democracia como el sistema político donde puede desarrollarse la libertad y la igualdad, sin embargo la historia nos ha mostrado que esto tiene más de algún desencuentro, y esto porque solo se entiende la Democracia como un sistema político y no como un sistema de Valores. La Democracia más que un sistema político es una forma de relacionarse entre las personas, donde prima la igualdad, la libertad, la fraternidad, la tolerancia y el respeto irrestricto de los derechos humanos, tanto colectivos como los individuales.

 

Ernesto Galaz Cañas

Abogado

Lic. En Ciencias Criminológicas

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