De
acuerdo con la ONUSIDA, en 2008 vivían 33.4 millones (31.1-35.8 millones) de personas
infectadas con VIH1. Según CENSIDA,
para 2007 el estimado de personas adultas infectadas por este virus en México fue
de 200 mil 2.
Pese
a los grandes avances médicos, al desarrollo de nuevos tratamientos antirretrovirales
y a las campañas masivas para la prevención
y control de esta pandemia, el tabú y la discriminación en torno del VIH
continúan representando un enorme obstáculo para la disminución en el número de
casos nuevos, así como el suministro de asistencia, apoyo y tratamiento adecuados.
Gran
parte del rechazo relacionado con las personas infectadas por VIH se construye sobre
concepciones negativas anteriores y las refuerza. A menudo se cree que las personas
infectadas merecen su destino, porque han hecho algo malo. Con frecuencia, estas
malas acciones se vinculan con relaciones sexuales o con actividades ilícitas o
reprobadas por la sociedad, como el consumo de drogas intravenosas. Los hombres infectados pueden ser percibidos como
homosexuales, bisexuales o clientes de prostitutas. Las mujeres con el virus son
consideradas como promiscuas o profesionales del sexo. A menudo, la familia y
la comunidad perpetúan el estigma y la discriminación, por miedo, ignorancia y
porque resulta cómodo culpar a quienes se han visto afectados primero. Muchas veces,
los medios de comunicación también contribuyen a la discriminación relacionados
con el VIH /SIDA al insinuar que se trata de una enfermedad de heroinómanos o
una plaga homosexual, con lo cual refuerzan esos estereotipos y creencias erróneas.
La
discriminación asociada al VIH /SIDA no sólo trae consecuencias respecto de la violación
de derechos humanos de quien la sufre. En particular, tiene grandes
consecuencias psicológicas en relación con el modo en que las personas con el VIH
/SIDA se ven a sí mismas, lo cual conduce en algunos casos a la depresión, la falta
de autoestima y la desesperación. También
socavan la prevención haciendo que las personas teman averiguar si están o no infectadas,
por miedo a las reacciones de los demás. Provocan que quienes corren el riesgo
de infectarse y algunos de los afectados sigan manteniendo relaciones sexuales
sin protección, debido a su convencimiento de que comportándose de forma diferente
levantarían sospechas acerca de su estado seropositivo. Y hacen que las personas
con el VIH /SIDA sean calificadas erróneamente como una especie de problema y
no como parte de la solución para contener
y controlar la epidemia 3.
Desde
1992 (fecha en la que la Comisión Nacional de Derechos Humanos recibió la primera
queja por presuntas violaciones a los derechos humanos de una persona con VIH),
hasta el 25 de diciembre de 2008, este organismo nacional ha abierto un total de
870 expedientes de quejas de personas que han visto violentados sus derechos humanos
como portadores del VIH o enfermos de sida. De acuerdo con el análisis de las quejas,
se aprecia que el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) acumuló el mayor número
de quejas: 55.01% (494 quejas). En segundo lugar, está el Instituto de Seguridad
y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSTE), con 12.81%
(115 quejas); siguen, en tercer lugar,
la Secretaría de Salud y la Secretaría de la Defensa Nacional, ambas instituciones con 5.12% (46 quejas) 4.
Estos
datos confirma que, a pesar del bajo riesgo de contagio hacia el personal de
salud en la atención de estos pacientes (0.3%), existe un alto porcentaje
de individuos que tienen actitudes de
rechazo contra pacientes con VIH, incluidos los
odontólogos.
En
los pocos estudios que existen en nuestro país respecto de la discriminación,
en específico en el consultorio dental, se ha reportado que 25.8% de los dentistas encuestados en la ciudad de México no está en disposición de atender sujetos con
VIH. En una encuesta realizada
entre odontólogos de la Universidad
Nacional Autónoma de México se reportó que 14.4% asumiría actitudes
discriminatorias al exigir certificados médicos, remitirlos a otros servicios o negarse a atenderlos5.
Dentro
de las múltiples razones para negar la atención odontológica hacia el sujeto
infectado por el VIH, predominan aquellas relacionadas principalmente con
deficiencias en el conocimiento y
aplicación en las medidas de control de
infecciones en el consultorio dental.
Ciertos odontólogos, únicamente ante la
sospecha de encontrarse frente a un paciente con VIH, aplican estas
precauciones o bien las
incrementan. Sin embargo, la práctica
odontológica en la que existe la distinción de un paciente, en relación con la
aplicación de las medidas de control de infección en el consultorio dental es
inapropiada e inútil. Por una parte, se sabe
que ciertos sujetos conocedores de su seropositividad al VIH, ocultan al
dentista su estado con el fin de evitar
su rechazo. Por la otra, considerando
que un gran número de los pacientes infectados no presentan síntomas por
periodos prolongados y que las pruebas
para detectar el VIH no son positivas
hasta un lapso de dos a seis meses después del contagio, es poco probable la
identificación de un alto porcentaje de
los sujetos portadores del VIH en el consultorio dental6.
A
pesar de que los odontólogos forman un pilar muy importante en materia de
detección temprana, prevención, monitoreo
y mejora en la calidad de vida de los
pacientes con VIH /SIDA, se ha
documentado que los comportamientos y
actitudes de ellos están más cercanos a mitos, creencias, emociones,
pautas culturales y sociales, que al conocimiento científico y ética profesional.
Los
lineamientos actuales señalan que el dentista no debe rechazar a un paciente
por el hecho de ser portador de VIH. Por
ello, es necesario enfatizar en la educación profesional para reforzar los programas —que deben incluir medidas adecuadas para el
control de infecciones, formas de transmisión, problemática social de la infección por VIH — y en la importancia
de negar la atención odontológica hacia estos pacientes, lo que representa
un obstáculo para la prevención de
nuevos contagios y es un riesgo real de
contagio en el consultorio dental. De
esta manera, con toda esta información,
los estudiantes de odontología tendrían la oportunidad de realizar una práctica
profesional adecuada en la atención
hacia este tipo de pacientes.
Sobre los autores:
César Esquivel
Chirino es egresado de la Facultad de Odontología de la UNAM, donde actualmente
estudia el doctorado en Ciencias
Odontológicas; investigador de la
Facultad de Odontología de la UIC.
Martha Margarita
González Esquerra egresó de Odontología de la
UIC; es aspirante a la maestría en Estética Dental.
Yolanda Valero
Princet es cirujano maxilofacial egresada de la
UNAM, coordinadora de
licenciatura y en Odontología; autora de
varios artículos.
[1] onusida, “Situación de la
epidemia de sida” [en línea],
[2] onusida, “Campaña mundial
contra el sida 20022003. Marco conceptual y base para la acción: Estigma y discriminación
relacionados con el vih/sida”.
[3] Vid. el sitio de la Comisión Nacional de
Derechos Humanos [en línea],
[4] Lily Esquivel Pedraza,
Laura Fernández Cuevas y Carlos Magis Rodríguez, “Actitudes de rechazo hacia el
paciente infectado por el vih, en la práctica odontológica”, aDm, vol. lvii,
núm. 6 2000 pp. 214-217.
[5] Roberto Gómez García,
Alejandro Grimaldi Carpio y Rocío Lara Navarro, “Conocimiento y actitudes de
los odontólogos frente al sida”, aDm, vol. lviii, núm. 3, 2001, pp. 85-89.
[6] Idem