Si en absoluto permanece en pie la idea de que
la verdad no se ha dejado conquistar, entonces "¿qué cosa existente en
nosotros es lo que aspira propiamente a la verdad? F. Nietzsche. Me he
interrogado siempre por la causa de ese querer. De ser así, suponiendo que la
verdad sea una mujer, ¿cómo?, ¿no está justificada la sospecha que en estos
meses la insistencia de acercarme a la verdad se ha hecho posible? Lo cierto es
que para mí, la Verdad eres Tú y que en última instancia provocarás una
"voluntad de verdad": aspirar propiamente a conquistarte como si cada
uno de los instantes de mi vida quisieran repetirse infinitas veces.
Ahora bien, la razón conoce sus límites: “el sueño de la razón produce monstruos” Francisco de Goya y Lucientes. Pero si de sueños se trata que mejor que soñar con la Sabiduría. Se trataba en su estilo de la diosa de las artes, las técnicas de la guerra. Desde ahí que haya comprendido la vida de aquellos insectos que logran empujar bolas de barro. La sabiduría es en sí misma la facultad de conducir la vida por el deber y la estética. La primera está en proporción con el mandamiento autónomo categórico Kantiano: regir el comportamiento humano en todas sus manifestaciones posibles; como la forma correcta de aplicar el conocimiento que estando más allá del conocimiento muestra lo elemental de la vida: "quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola" M. Vargas Llosa. La segunda, y más delicada que la primera es una cuerda tendida entre la virtud y el vicio. Existe lo bello en sí y lo bueno que es en sí y para si. Es un hecho que después de seis meses logre conocer lo bello sin necesidad alguna de una representación correspondiente con la realidad. Es más, siendo lo bello una noción abstracta ligada a numerosos aspectos de la existencia humana, la Verdad es bella en sí misma, deseable y viciosa como suele pasar con la vida que imagina un escrito: … entonces, le preguntan a Faulkner: ¿cuál sería el mejor ambiente para un escritor?
-El arte tampoco tiene nada que
ver con el ambiente; no le importa dónde está. Si usted se refiere a mí, el
mejor empleo que jamás me ofrecieron fue el de administrador de un burdel. En
mi opinión, ese es el mejor ambiente en que un artista puede trabajar. Goza de
una perfecta libertad económica, está libre del temor y del hambre, dispone
de un techo sobre su cabeza y no tiene nada qué hacer excepto llevar unas pocas
cuentas sencillas e ir a pagarle una vez al mes a la policía local. El lugar
está tranquilo durante la mañana, que es la mejor parte del día para trabajar.
En las noches hay la suficiente actividad social como para que el artista no se
aburra, si no le importa participar en ella; el trabajo da cierta posición
social; no tiene nada qué hacer porque la encargada lleva los libros; todas las
empleadas de la casa son mujeres, que lo tratarán con respeto y le dirán
"señor". Todos los contrabandistas de licores de la localidad también
le dirán "señor". Y él podrá tutearse con los policías. De modo,
pues, que el único ambiente que el artista necesita es toda la paz, toda la
soledad y todo el placer que pueda obtener a un precio que no sea demasiado
elevado. Un mal ambiente sólo le hará subir la presión sanguínea, al hacerle
pasar más tiempo sintiéndose frustrado o indignado. Mi propia experiencia me ha
enseñado que los instrumentos que necesito para mi oficio son papel, tabaco,
comida y un poco de whisky –
La sabiduría está en saber dirigir
muy bien la vida de tal modo que la felicidad siempre sea el fin de la
realización humana. En cuanto al vicio, la Verdad
por ser en sí misma independiente, es un hábito considerable y para mí, moral.
La Verdad, por el hecho de ser conquistable es un vicio y a la vez, una virtud,
por ser causa y objeto de mi realidad, mi esperanza, mi certeza. De ser así, la
razón tiene sus fines, límites y sueños. Considero que hay que darle paso a
ella más si se sabe que todo es posible. Por ejemplo, el amor más que un
enunciamiento de un sujeto sobre el otro, es un acto de habla: acción del
objeto mismo de lo soñado, pero esta vez no de manera independiente, sino
conjunta, relacional y compartida. Esto es, porque lo siento así, que no todo
es de tiempo puesto que hay frutos que nadie los come.
La Verdad para mí es la Mujer que ahora quiero: hay que
querer y luego decirlo: usted me ha restituido a mí mismo y a la grandeza, y,
además, a esos instantes cuando no tenía fe genuina en la existencia de “mí”
mismo; ¿de modo qué se puede escribir así por uno de nosotros? Hube de
reconocer la imposibilidad de decirlo todo. Es cierto: he sido mal educado en
lo que llaman “hablar en idioma”, en las letras, y la lengua extranjera. No
Sólo eso. Debe ser también, inclusive, porque me la pasé bromeando acerca de
una paradoja: “los que en esta vida se han amado y se hacen enterrar en la
misma sepultura, no son tan cándidos como se cree. Puede ser que sus cenizas se
mezclen y se confundan, ¡quién sabe!... (...)" D. D. ¿Qué
habrás de pensar?. Considero que hay una ley de afinidad - proximidad con y
para el otro - en virtud de pensar la suerte de formar un ser común - siendo
los componentes de un todo - de lo que en física y matemáticas se llamaría “continuo”
- De ser así, señalaría que vivo absolutamente consiente que te necesito. He de
verte y luego quererte y luego decírtelo para luego verte: sólo quiero publicar
en nuestros “sucesos”; yo, aprendiz, nunca pensé hacerlo, me has tentado,
empujado a lograrlo. Hay que querer y luego decirlo: "en todos los puntos
donde no haya nada escrito, leed que a ti te amo". D. Diderot.
Finalmente,
sabiendo que la Verdad es una mujer puedo afirmar que la
conciencia, al momento de reconocer que una determinada persona se revele como
insostenible, ceder su lugar a una nueva persona que niegue y a la vez recoja
en una figura superior la frustrada pretensión de la figura anterior y
que por este motivo quiero aspirar
propiamente a conquistarte como si cada uno de los instantes de mi vida
quisieran repetirse infinitas veces.
Camilo Bejarano.