Corría la segunda mitad del 2020, pasado ya el confinamiento
vírico de principios de año, y este que escribe recibe la llamada de José Francisco
Pérez, a quien conocía de compartir varias tertulias y debates televisivos y
radiofónicos. Estaba yo alejado de la política activa (parte por desencanto,
parte por obligaciones profesionales) así que escuché la propuesta con algunas
reservas, y acepté una reunión informal, café mediante, para que me
profundizara más en la idea. Ahí cambió mi perspectiva y mis reticencias
iniciales se transformaron en ansia de querer saber más sobre el proyecto.
La idea era apasionante, un partido donde lo importante era
el binomio ciudadano/gestión, basando la segunda íntegramente en el primero.
Comenzamos siendo pocos, pero con una fuerte convicción en la idea y
visualizando un horizonte motivador.
Esa idea, que es hoy ya una realidad hecha partido político,
es Hablemos Ahora. Esta denominación no fue escogida al azar, tiene mucha carga
significativa, porque los problemas de la gente hay que hablarlos ahora, ya, no
más tarde, porque más tarde puede ser que se compliquen y/o ya no tengan
solución.
Transcurrido el tiempo, Hablemos Ahora ha planteado
denuncias diarias sobre el lamentable estado de muchas estructuras de diversos
municipios de Gran Canaria, llegando a los móviles, tabletas y ordenadores de
muchos ciudadanos que, en la mayoría de ocasiones, ven cómo sus quejas son
ninguneadas e ignoradas.
Este ninguneo es resultado de la pérdida de contacto con la
calle de los dirigentes, que se llenan la boca en campaña, pero llegado el
momento de materializar los compromisos con la ciudadanía, repentinamente,
tienen otras prioridades y adolecen de una falta de tiempo y recursos que,
súbitamente, recuperan cuando faltan unos meses para las elecciones.
Y es que en el panorama actual, en el que la sociedad está
fuertemente dividida en bloques, cada vez más diferenciados, la gente de a pie
está harta de que la ideología esté por delante del contribuyente que sólo
quiere ver eficiencia y eficacia en la gestión del dinero que se le quita en
concepto de impuestos y tasas. Gestión, gestión y gestión, es lo que quiere la
gente. Ciudades limpias, buenos servicios, infraestructuras funcionales y
ágiles, profesionales al cargo de las concejalías y consejerías y, sobre todo,
representantes que no estén al albur de decisiones tomadas en Madrid, donde lo
que prima es el interés particular del partido de turno, y no el de las
personas.
Este partido está compuesto por personas que no necesitan de
la política para vivir, personas que tienen sus trabajos y negocios a los que
volver, una vez finalizado su servicio a la ciudadanía. Es una formación
fresca, dinámica, comprometida, y que no tiene cargas ni hipotecas con ninguna
red clientelar (ya sea política o económica). Sólo nos mueve el deseo de ver
nuestra ciudad, nuestro municipio, nuestra isla y nuestro archipiélago limpio,
modernizado, con unas infraestructuras eficaces y eficientes y unos gestores
públicos en los que las personas vean reflejado el dinero que sale de los
impuestos que religiosamente paga.
En este grupo humano se tiene muy claro que la política no
se basa en buscar puestos de poder, sino cargos de responsabilidad, esa
responsabilidad que el ciudadano pone en los hombros de los que los representan
y gestionan el patrimonio público. Ese patrimonio que convierte a las ciudades
y los pueblos en lo que son y que dan forma a la identidad de los mismos.
En definitiva, Hablemos Ahora sólo pretende ser una
extensión de los ciudadanos en las administraciones públicas.