La Osadía de la Ignorancia
Ciudadanía | 16/11/2011

La ambición tiene muchas caras, existe en aquel que desea treparse para alcanzar poder, y en aquel que se hace anacoreta, no desea nada en el mundo porque su única ambición es el cielo y la liberación. La ambición disfrazada con el desinterés consigue engañar a todos.

Todos  los problemas de la vida tienen su origen en el miedo y la ambición. El albañil que es codicioso abandona su obra, cuando haya en el camino otra obra, aún cuando la última sea de tinieblas realmente. Muchas personas de manera osada creen que si todos marcháramos al ritmo de sus ideas religiosas o políticas viviríamos en un mundo feliz y perfecto, dicen “yo sé” y este solo es ignorancia con conocimiento prestado; nada de eso existirá si antes no comprendemos individualmente el significado de las cosas.

Cuando alguien es pobre internamente, busca externamente cosas para complementarse y conseguir satisfacción.  Por eso es que lo material tiene un valor desproporcionado, y el ser humano está dispuesto a robar, y mentir a cada instante. Son inútiles todos los cambios políticos o religiosos sin haber comprendido antes nuestra propia pobreza interior.

Puede cambiarse una y otra vez el sistema social, pero sin comprender esto, el individuo creará siempre nuevos medios de obtener satisfacción personal a costa de la paz de otros.

La dependencia psicológica de las cosas crea la explotación y la esclavitud. La ambición  del mundo está dentro del individuo y sus causas secretas son el odio y el miedo. Por eso vemos que en las entidades públicas, sobretodo, es “Doctor”, desde el señor portero hasta el de cargo más elevado, para decirse cualquier cosa se llaman así mismos: “Doctor, Doctor”, ¿cómo se hacen llamar doctores cuando no conocen siquiera medianamente las funciones de su propio cargo? El insignificante insecto ambiciona ser elefante.

 El miedo y la búsqueda de seguridad se encuentran íntimamente asociados, otro mecanismo oculto que despierta la ambición se llama ayn hará - envidia y es el resorte secreto de toda maquinaria social. La gente está en puestos que no le corresponden, que nada tienen que ver con su verdadera vocación individual. Debido a esto, la máquina social funciona pésimamente.

Esto es semejante a un motor (Colombia-Cesar-Valledupar), que estuviera estructurado con piezas que no le corresponden, y el resultado tiene que ser inevitablemente el desastre, el fracaso, el absurdo.

 

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