Ayer la ciudadanía dio dos
mensajes muy claros, el primero es vamos a seguir aguantando a los candidatos
que nos ponen, que es seleccionado por un ricachón sentado en la presidencia de
los partidos políticos, ese candidato vendido, corrupto, obediente y sereno que
busca complacer a sus patrones que legislan, que mandan y que regulan la
política en México. El segundo mensaje es todavía mejor, confrontemos nuestras
ideas como salvajes, porque no importa la opinión que tenga el otro, la mía es
la correcta.
La cámara baja ayer tuvo un revés,
y es que la población no votó como esperaban por los y las candidatas de Morena
a la cámara, pero aun así continua con una cómoda mayoría, no absoluta pero
suficiente, para continuar con la ideología, equivocada o correcta del
Presidente López, mientras que las coaliciones que representan en ambas partes
la podredumbre del país, celebran entusiastas las victorias que poco a poco se
fueron delineando para mostrar a nuestros futuros gobernantes de varios
niveles, que durante los próximos años buscarán colarse y adaptarse para
escalar cada vez más.
Pero mientras en el legislativo las
cosas no favorecieron al partido en el poder, en las gubernaturas hoy se habla
de la transformación, han quedado atrás aquellos bríos de pelear con el
presidente, uniéndose los gobiernos norteños. Ahora la gran parte, pertenecen a
la nueva idea política nacional y se ha evangelizado correctamente para que en
este país los y las mexicanas, sigan creyendo que la redención les llega a
aquellos que optan por cambiar su piel escamosa por una guinda.
La cereza del pastel fue media
ciudad adoptando la lucha del Presidente y la Jefa de Gobierno y la otra mitad
alzando la voz de hartazgo común, eso sí, la clase media resentida tuvo la
culpa dicen los altos mandos, es porque los periódicos y los medios de
comunicación han influenciado para que esta clase social, se levante contra la
rectitud y la razón, mientras que el chiquero de programas sociales sigue
utilizando esos recursos que ya no llegan para generar estabilidad y crecimiento
económico, tampoco para el empleo, o la seguridad, ahora lo más importante es
alzar los pompones y gritar muy fuerte cuando te pongan la vacuna o te den tu
beca por contemplar el horizonte.
Esta elección llega en un momento
complicado, una época de pandemia, de violencia, de choques, de críticas, pero
sobre todo de polarización de la ciudadanía, aquella que hoy prefiere burlarse
de aquellos que antes eran “Fifi” pero hoy perdieron su empleo o su modo de
vida, que preocuparse por los problemas del país, total siempre hay otros
datos. Y es que, en estos tiempos, el garrotazo va para arriba, no alcanza a
llegar y cae en la clase media, eso sí para que los programas sociales sigan
convenciendo a la ciudadanía.
Totalmente despreocupados por el
rumbo del país, hay quienes al regocijarse se les olvida que al parecer no
iremos más que hacia abajo en todos los sentidos económicos, pero es grande la
dicha de hundir al otro mexicano y sentir la satisfacción de que uno ya no es
más exitoso que yo. Y esta lógica NO es de la gente que trabaja, esa gente que
trabaja sus tierras, que vende en un mercado, que puso su negocio, que estudió
años para tener un empleo, es la ideología de las personas que hoy cómodamente reciben
la caridad del gobierno a cambio de no escuchar las razones que hoy lanzan los
opositores.
Gana el partidismo y la
imposición, ganan aquellos que son sínicos, que son iguales, que no importa el
color, representan una idea obsoleta de gobernar, en la que en realidad no
eliges nada, y solamente te hacen pensar que has hecho oír tu voz, mientras que
las personas que valen la pena, siguen en los hospitales, en las estaciones, en
los aparadores, en las oficinas y en el país, esperando que alguna vez un
candidato pueda hacer en un sexenio lo que ellos podrían hacer en un día.
A lo lejos se escuchan aquellas
voces que se intentan acallar, de todos aquellos capaces que no fueron
seleccionados por el poder porque no son obedientes, corruptibles, sínicos o sociópatas,
sino que son personas comunes que ven y viven cosas comunes y entienden los
problemas, las necesidades y las carencias de esta sociedad tan mexicana y tan
optimista.
Somos parte de una voz que
retumba muy fuerte, pero que fácilmente se vuelve a acallar para dejar entre
ver un patrocinio en redes sociales y aunque muchos salen a señalarlos, la
lanita que les cae y que pertenece a todos las y los mexicanos que pagamos
impuestos ya cayó. Mientras los partidos en sus cuartos de guerra se ríen de
aquellos que no ven la injusticia que radica en que, a ti ciudadano, te cobren
cada vez que compras, que te quitan de tu nomina, que te quitan de tus pocos
recursos, para darle a estos partidos políticos cuyo trabajo es hacer un buen
show.
Mientras que nosotros entusiastas
celebramos la fiesta de la democracia, el presidente hace su rabieta desde
palacio y los candidatos al estilo del “Checo” sacan la sidra para celebrar una
victoria que en muchos casos será la mentira de todos los años y la misma
política tradicional que nos han dejado años de una transformación ideológica
que no llega.
Creamos en las y los mexicanos
que en verdad podrían hacer una diferencia, pongamos a uno de cada gremio en
los curules, pongamos a las personas que les interesa el campo porque toda su
vida lo han trabajado, a los que les interesa la salud pública porque compran
su propio material para recetar, pongamos a aquellos que les interesa el
crecimiento económico porque no les alcanza para la renta de su local, pongamos
en esos curules a aquellos que conocer lo que es que te asalten o te roben una
autoparte o que simplemente se suben al transporte esperando llegar.
Vamos a dejar de engrandecer a
estos hijos de alguien, estos ahijados de los de siempre, a esta clase política
que no sabría qué hacer si no está en el lodo de la política, esos mismos que
piden su mochada y que representan todo menos a las personas.
No importa quien esté en 2024,
incluso esperemos llegar a ese día como está el país, pero si tu hijo de nadie,
si tu empleado, si tu lector cualquiera llegas a estar allí, cuenta con mi
voto.