El 26 de octubre me encontré con un artículo
en El Espectador que se titulaba ¿Protestar cómo? Al terminar de leerlo lo
primero que se me vino a la mente fue el lobby que le hicieron los
paramilitares a ministros y congresistas hace unos años. Esta imagen surgió por
la propuesta que la columnista, Catalina Ruíz-Navarro, les hace a los lectores,
en especial a los estudiantes. Ella les aconseja que la mejor estrategia para
poder conseguir el apoyo de congresistas y ministros, es hacer lobby. En pocas
palabras, lo que sugiere es que los estudiantes deben caer en el juego de la
politiquería barata que tanto suelen criticar los mismos columnistas de
opinión.
Invitar a los estudiantes a que caigan en ese
juego sucio, es invitarlos a que no cuestionen la forma cómo se hace política
en Colombia. Además, esta invitación deja de lado los argumentos y pone en
primera plana las prebendas y favores que se pueden dar a cambio de unirse a
una causa, pues es necesario recordar que hacer lobby en la política colombiana
es eso, favor por favor. Le recuerdo a la columnista que es de esta forma de
hacer política de la cual muchos ciudadanos desean alejarse, la cual muchos
critican y están dispuestos a erradicar.
Otra de las críticas que ella hace, y en la
cual me pareció escuchar la propia voz del gobierno, era que los estudiantes
contaban con argumentos poco serios, a lo cual le agrega, como decir que la reforma busca privatizar la
universidad pública, una mala lectura que ridiculiza a los estudiantes y los
invalida como interlocutores. Este es
el mismo argumento que ha empleado tanto la ministra como el presidente Santos,
además de ser el mismo argumento que se expone en los comerciales que se
transmiten en hora prime time.
No quiero parecer grosero señorita columnista, pero es usted la que
queda en ridículo, pues dicho argumento muestra lo poco pendiente que está del
proceso que vienen desarrollando tanto estudiantes y docentes, como algunos
congresistas desde hace unos meses. Es necesario que busque en internet las
intervenciones que los anteriormente mencionados han hecho en las audiencias
públicas, para que pueda constatar que son ellos los que más han estudiado la
reforma.
Pero para no correr el peligro de caer en el error, la invito a que lea
la reforma. Los que se oponen a ella, no solamente están en contra del la
privatización de la educación superior, también están cuestionando la
cobertura, la calidad, la poca inversión que quiere hacer el gobierno, entre
muchas otras cosas que se exponen en dicho documento. También la invito, y es
algo que Gadamer siempre sugirió, a que lea entre líneas la reforma a la ley 30,
pues de ese modo podrá confirmar que lo que dicen más de 30.000 estudiantes no
es mentira.
Es necesario recordarle a los columnistas de opinión que tiene la
responsabilidad política y social de tener cuidado con los argumentos que
utilizan, pues criticar desde la comodidad de sus escritorios es fácil, pero es
más coherente con sus mismas críticas informarse adecuadamente sobre lo que
realmente pasa en la calle, universidades, colegios, barrios, etc., y no solamente
alimentar sus columnas de lo que dice Caracol, RCN, El Tiempo o El Espectador.
Al escribir por escribir se puede caer en el mismo error en el que caen
varios sectores del gobierno, que hablan por hablar, o hacen leyes sin tener
realmente en cuenta las necesidades de la gente. La transformación del país no
está solamente en las manos de los estudiantes y docentes, también lo está en
las de periodistas, columnistas y en diferentes sectores sociales.
El modo de hacer protesta ha cambiado, ha evolucionado. Los estudiantes
han cambiado piedras y papas, por besos y abrazos. Esto se puede ver en cada
marcha y en la cara de los policías que gustosos reciben los abrazos y le
extienden a los estudiantes su solidaridad con la marcha. ¡Claro que el
objetivo de las protestas es incomodar!, junto con los argumentos es la mejor
forma de sacar, poco a poco, del letargo en el que se mantiene la ciudadanía.
La invito a que salga a las calles los días en que se llevan a cabo las
protestas, la próxima será el 10 de noviembre, a que vaya a las universidades y
hable con los estudiantes, ellos la esperaran con besos, abrazos y argumentos. Usted
dice, citando a Santos, es de imbéciles no cambiar cuando las
circunstancias cambian; yo
mejor diría, es de ignorantes no cambiar cuando los argumentos son más fuertes.