En
una conversación amena y distendida, la primera mujer en recibir el Premio Nacional
de Ciencias Físicas Exactas, conversa de su vida, su trayectoria y del telescopio más grande del mundo que traerá nuevos desarrollos astronómicos en
nuestro país.
Por Mary-Carmen López
Desde una vista privilegiada en la cima
del cerro Calán en Los Domínicos, comuna de Las Condes, María Teresa Ruiz González, camina por el observatorio
de Astronomía de la Universidad de Chile. El lugar está rodeado de arboledas y
el silencio podría confundir a cualquiera y desconocer que en este sector de la ciudad, todavía queda algo de Santiago.
Con una parsimonia que apacienta,
concisión en cada respuesta y mucho cuidado en decir las palabras, la astrónoma se toma su tiempo y reflexiona cada pregunta.
No le gusta decir nada al azar: “Las palabras quedan…por eso tengo mucho
cuidado con lo que digo…”
Esa misma precisión hace presumir a
cualquiera que es científica, pero eso no significa que sea distinta a los
demás: “No, mi vida incluye mi profesión así es que no veo cómo la puede
perjudicar, no son dos cosas totalmente separadas”.
Así es como esta mujer revela en cada
letra que es Licenciada en Astronomía de la Universidad de Chile. Con energía,
simpleza y sencillez cuenta que “el
estudio del universo te enseña lo pequeño que somos, pero por otro lado que
somos seres únicos y extraordinarios, eso te ayuda a valorizar la existencia y
a poner en perspectiva cósmica el día a día”.
Esa vida diaria que combina entre el departamento
de Astronomía y sus eventuales viajes al norte a “observar” varios días en el Tololo. Pero
esto no ha frenado su crecimiento
personal.
Un proyecto en común
Casada dos veces, la primera vez duró
ocho años con un astrónomo igual que ella. "Me casé pensando que podía
transformar al otro y eso finalmente no es rico. Para mantener la magia, es
importante que la otra persona te sorprenda, que no sea un clon de uno".
Tenía 31 años cuando quedó sola. Ambos
se casaron muy jóvenes bordeando los 21 y pensaron que podían construir juntos su
familia. Se fueron a Estados Unidos, consiguieron tener una casa mientras
tenían su beca, pero no funcionó, y empezaron a hacer un camino distinto: “Es como
si te cortaran una parte de tu vida, porque crecimos juntos…”
Pero la historia cambió y la vida le dio
una segunda oportunidad. Se casó esta vez con su colega y amigo, Fernando Lund.
El soltero del grupo de amistades con el que estudió en Princeton se volvió a
reencontrar con ella, después que estaba
separada: “De a poco comenzamos a pololear. De gustarnos pasamos al
enamoramiento. A él siempre le tuve mucho cariño. Me gustaba su inteligencia,
su personalidad, honestidad…”.
Y de ese amor nació su único hijo,
Camilo, que ya tiene 28 años. Sonríe y
se ríe cuando se acuerda que “nos peleábamos al niño por mudarlo”, entre ambos
compartían su labor de padres. “Si uno de los dos tenía que viajar por trabajo,
el otro se hacía cargo de Camilo sin problemas. Y las tareas de la casa siempre
las hemos compartido, jamás he sentido que tengo que llevar una casa sola”.
Ahora que su hijo creció siente haber quedado cesante. “El síndrome del
nido vacío” lo combate junto a su marido
Fernando: “Por suerte construimos un refugio en la playa, para compartir nuestro tiempo de pareja
solos".
Y así han llevado su matrimonio, con un
proyecto de vida en común. “También nos une como pareja que ambos hemos
desarrollado el campo científico del país…” “Es fundamental que Fernando sea mi
compañero de ruta, me hace ser una mejor profesional, una mejor mamá y me ayuda
a crecer, entonces los años que tenemos de matrimonio han sido provechosos,
jamás tortuosos como en otros casos”.
Una vida mirando el cielo
“A estas alturas ser científica, astrónoma
es una forma de vida en la que me inicié por una mezcla de talento natural y
perseverancia”, dice con mucho orgullo
María Teresa que llegó a este mundo el 24 de septiembre de 1946, en Santiago de
Chile.
Siempre con la idea acérrima de que
provenimos de las estrellas, toda su existencia ha estado relacionada con la
ciencia del universo.
-¿En qué momento de su vida se dio cuenta
que quería dedicarse a la astronomía?
Después del segundo año de plan común en
la Facultad de Ingeniería y después de tomar un curso introductorio de
Astronomía; en ese tiempo el
Departamento Astronomía se acababa de crear.
Y así fue forjando su carrera. Se
licenció en Astronomía en la Universidad de Chile en 1971 y decidió ir a estudiar
a Princeton, donde se doctoró en
Astrofísica. “Princeton es una de las mejores Universidades en el mundo para
estudiar ese campo; además, tiene estudios muy teóricos que me dieron la
base para mi trabajo aquí en Chile, que es muy observacional”.
Así cumplió uno de sus mayores anhelos, tener una
educación de excelencia para realizar su vocación. “Mi proyecto era prepararme
lo mejor posible, poner en la mochila que llevaría por el resto de mi vida la
mayor variedad de herramientas para estudiar el Universo”.
Y con los fundamentos que le otorgan sus
años de trayectoria y como presidenta de la Fundación para la Astronomía en
Chile, asegura que después de trabajar y vivir en el extranjero, nuestro país
está preparado para el desarrollo astronómico. “En el año que estuve en Italia,
me encontré con una institución menos avanzada que Princeton o el Departamento de Astronomía de la Universidad
de Chile. Hoy tengo la certeza que Chile es el mejor lugar del mundo para
trabajar como astrónoma” (sonríe).
Pero como en todas las carreras y
trabajos, conoce de cerca los episodios de discriminación, desarrollándose en
una carrera en la que predominan los varones, donde las mujeres aún no se han
atrevido a ingresar: “Mi estrategia siempre ha sido ignorarlos y seguir
adelante”.
Nuestro futuro esplendor
Su perseverancia en un área poco
indagada por la población femenina, fue distinguida con el galardón al ser la
primera mujer en recibir el Premio Nacional de Ciencias Física Exactas en 1997.
“Recuerdo que el primer reconocimiento a mi trabajo fue La Cátedra Presidencia
en Ciencias y fue igualmente importante para mí”. (se emociona).
Junto con ese estímulo, recibió el año
2000 la Beca Guggenheim, otorgada sólo a grandes personalidades de la ciencia,
el arte y la literatura universal.
Además, fue condecorada en dos
ocasiones con la medalla rectoral Amanda Labarca de la Universidad de Chile.
Todos estos méritos la hacen poseedora
de una trayectoria que invita a aprender Astronomía. “Me especialicé en
estudiar las estrellas enanas de baja masa y gracias al descubrimiento de una
supernova y dos nebulosas planetarias pude obtener el Premio Nacional”. Pero
como ella misma reafirma, “podría escribir un libro sobre ello”.
-¿Con cuál de sus investigaciones se ha
encariñado más?
Me gustan los tesoros que he descubierto,
como la Kelu-1, la primera enana café
conocida. Las búsquedas de objetos en la vecindad solar son las que mayores
retribuciones me han traído. A mí me interesa realizar un censo de todo lo que
hay en la vecindad solar y puede considerarse parte de la materia oscura, que
no brilla mucho y es parte de las Nebulosas Planetarias que sólo podemos ver si
están muy cerca de nosotros.
-Y con respecto a la adjudicación
por parte de Chile del Telescopio más grande del mundo (E-ELT),
¿qué significó ganarle a España? ¿Cuánto
obtendremos como país en desarrollo astronómico?
Bueno el E-ELT será el instrumento más
grande del mundo por muchos años
(décadas) y ser anfitriones, tener acceso privilegiado a usar este instrumento
será muy importante para el desarrollo de la ciencia nacional.
-¿Por qué tendrá la ubicación del Cerro
Armazones en la región de Antofagasta?
Lo primordial es que haya muchas noches
con cielos despejados y eso se da entre la Segunda y la Cuarta región, y en
ninguna otra parte del mundo.
-¿Con este gran telescopio podrá llegar a saber de dónde proviene la vida?
Esperamos poder observar planetas como
la Tierra girando en torno a otras estrellas y poder determinar si hay signos
de vida en sus atmósferas, por ejemplo si hay oxígeno o signos de que en esos
planetas crecen plantas con clorofila.
-El proceso de construcción del Telescopio es desde el año 2011 hasta 2018 ¿qué investigaciones o proyectos le gustaría hacer para cuando esté armado?
Hoy trabajo en la búsqueda de planetas extrapolares, así es que el estudio de planetas tipo Tierra será una extensión natural de mi trabajo.
Así es como María Teresa Ruiz planifica el futuro astronómico del país, destacando la huella que la casa de Andrés Bello ha dejado en su carrera. “La Universidad tiene cosas muy buenas, como la libertad de opinar y lo que más falta es administrar y gestionar los fondos que son imprescindibles para la ciencia”. La doctora espera que en el futuro Calán siga liderando la astronomía nacional.
Actualmente piensa que las nuevas generaciones se están convenciendo solas que la carrera del futuro es la astronomía. “Ahora la mitad de los alumnos del Doctorado son mujeres, porque se dieron cuenta que se puede hacer investigación astronómica”.
Al indicar la enseñanza que le ha dejado la
astronomía en su vida dice que “le transmitiría a mis alumnos que el estudio
del Universo nos enseña que somos pequeños, únicos y extraordinarios. Así se
puede valorizar la vida y poner nuestra existencia en perspectiva”.