El ranking sobre las facilidades que conceden los países
para hacer negocios, elaborado anualmente por el Banco Mundial (BM), nos
presenta un panorama digno de un análisis para comprender algunos aspectos
fundamentales de la economía: mientras Singapur, Hong Kong y Nueva Zelanda
ocupan los primeros lugares como países en los que se puede hacer negocios
–debido a las facilidades normativas que tienen-, los latinoamericanos nos
encontramos lejos. Como ya es casi una costumbre, el mejor posicionado es Chile
en el lugar 39, seguido de Perú (41), Colombia (42) y México (53). En tanto,
Paraguay se encuentra en el lejano puesto 102, de un total de 183 economías
estudiadas.
En un mundo de una configuración cambiante, en donde los
capitales son volátiles y la inestabilidad y el corto plazo forman parte de la
coyuntura económica, lograr un clima apropiado para la generación de negocios y
la atracción de inversiones es un desafío constante y una necesidad imperiosa.
Cuando somos poco atractivos, cuando complicamos los negocios al imponer
interminables trámites o cuando la informalidad y la corrupción terminan por
generar la percepción de que un país es poco confiable, no sólo perdemos
aquello que puede venir de fuera sino que “invitamos” a que las inversiones
locales miren hacia otros rumbos en los que haya más facilidades y más
certezas.
No es coincidencia que los países mejor posicionados sean
los mismos que han comprendido que la competitividad es un factor clave para el
progreso, y que para hacer un país competitivo se necesita invertir en la gente
y lograr generaciones de profesionales que comprendan los requerimientos de
mercados exigentes, de alta competencia y de una innovación permanente. En
América Latina aún no hemos podido corregir nuestra informalidad, por lo que no
es raro que nuestras regulaciones hayan sido rebasadas y hoy aparezcan como
obsoletas frente a un mercado que requiere agilidad, facilidades, y las menores
complicaciones posibles a la hora de proyectar un negocio.
Al mirar los resultados extraordinarios que ha logrado
Singapur –que hace poco más de 40 años era más pobre que Haití y hoy ha
derrotado a la pobreza y es un país rico- no podemos dejar de valorar el
cimiento sobre el que se construyó la nueva nación: la educación de su gente. Y
con la visión de personas preparadas, se logró una arquitectura de sociedad en
donde se produce con más calidad, se respetan las normas y se busca facilitar
cualquier actividad productiva que sea beneficiosa para todos. Basta con
preguntarse cómo una isla tan pequeña (692 Km2) puede tener un puerto en el que
se mueven aproximadamente 180 mil contenedores por semana. El secreto:
corrupción cero, seguridad en el manejo de las mercaderías y cumplimiento
efectivo en horarios y entregas. Esto es saber cómo organizar un buen ambiente
de negocios.
En cambio, las antípodas de un buen ambiente de negocios se
encuentran en países informales, poco serios y en donde todo se relativiza. Sin
comprender la importancia de una buena regulación, las normas se convierten en
instrumentos manipulables que buscan beneficiar a unos pocos a costa de todos.
Esto ocurre cuando se invoca un reglamento para entorpecer, amedrentar y,
finalmente, lograr una coima, un “arreglo” o algún sistema ilegal de obtención
de dinero a costa del que quiere invertir.
Cuando un país tiene un sistema educativo deficiente y no
puede planificar un proyecto económico conjunto, el resultado es un cambalache
en el que la informalidad, la corrupción y la falta de visión terminan por
generar un ambiente de negocios poco confiable. Y en este contexto, es muy
difícil lograr una construcción sólida, pues los elementos del conjunto son
endebles, individualistas y hasta contrarios. Por ello, no es raro que se
invierta mucho en la promoción de las ventajas de un país, en campañas de
incentivos fiscales, de ventajas comparativas y que se trabaje mucho en atraer
inversiones, para que finalmente la radicación de una empresa se trunque cuando
un funcionario pide una coima para proveer energía eléctrica o cuando alguien
cambia las reglas de juego en forma inoportuna.
Algo que debemos hacernos reflexionar es cómo podemos
construir un país con mejores oportunidades de negocios, con facilidades para
las inversiones y, sobre todo, con una economía competitiva. Y no lo lograremos
si mantenemos esquemas de regulación obsoletos administrados por funcionarios
sin preparación y propensos a hacer dinero fácil a costa de torcer las reglas.
Empecemos por seleccionar mejor a nuestra gente, por
formarla, para luego planificar la construcción de una economía que genere
facilidades para el desarrollo de emprendimientos, para las inversiones, la
generación de empleos y de riqueza. Un buen ambiente de negocios no sale de la
norma, sino de la gente que saber cómo utilizar la norma.
Publicado en
el suplemento especializado en economía y negocios "Estrategia", del
Diario La Nación, de Paraguay.
Gráfico:
Ranking de países con mejor ambiente de negocios. Tomado de Dinero.com. Ver
original aquí