En un programa radial al que asistí en estos días para
analizar el fenómeno de los “indignados”, sostenía que el país se encontraba
tan terriblemente polarizado que esa situación nos impedía comprender cualquier
otra realidad que no fuera la nuestra;
la cual, dicho sea de paso, tampoco comprendemos en su totalidad impedidos por
esa misma polarización. Así, si nos situamos en el bando de los rabiosos opositores,
parece que estamos condenados a elogiar la llamada “primavera árabe” y criticar
las acampadas supuestamente anti sistema de los “indignados”; pero si, por el
contrario, somos fervientes y fervorosos partidarios del gobierno, seguramente celebraremos las ocupaciones de
Wall Street y la Puerta del sol y condenaremos las revueltas en los países como
Libia y Siria.
No soy muy amante de los guarismos y de las encuestas, y
menos ahora , que los encuestadores ya no sólo analizan e interpretan los datos
y sacan conclusiones , sino que se dedican a dar lecciones de política
paradójicamente a los que han hecho de la política una profesión ( tal como parece suceder, también, en ciertos programas
de televisión, cuyos conductores ya no se limitan a informar u opinar , sino
que se atreven a recriminar y hasta amonestar a los entrevistados cuando la
opinión de éstos discrepa de la de ellos). Es esto tal vez, más que los
aciertos y errores en sus pronósticos, lo que, en una sociedad tan polarizada, parece haber contribuido para que sobre la
mayoría de estas encuestadoras pese un
manto de dudas. En descargo de algunas de ellas , sin embargo,
se podría decir que muchos de sus datos ( a veces contradictorios) coinciden
con el III Estudio del Centro Gumilla sobre las “Valoraciones de la democracia en Venezuela” ,
que ha caído en este ambiente tan enrarecido como una gota de agua limpia. Según
el mencionado estudio, 52.1% de las clases más populares prefiere el socialismo
al capitalismo, y una gran mayoría de éstas no sólo cree que las expropiaciones
perjudican a los más necesitados,
sino que un 66% se decanta porque
se debe respetar la propiedad privada. Lo que estrictamente hablando significaría
entonces que no están de acuerdo ni con el
llamado socialismo real ni, tampoco, con
en el socialismo del siglo XXI; algo que
viene a reafirmar el 1er estudio hecho por este mismo Centro en el año 2009 en
un universo mayor y entre ciudadanos de todos los estratos socio-económicos,
donde una mayoría se manifestaba a favor de la democracia y de un socialismo
moderado y respetuoso de la propiedad privada.
Lo interesante, como creo que se señala también en el análisis
que acompaña al último estudio, es que el término socialismo
se ha ido incorporando a la realidad política venezolana como sinónimo de igualdad y distribución
equitativa de ingreso, y que el mismo no
genera rechazo, como en aquellos años en el que su sola mención entre estos
ciudadanos era una especie de anatema. Pero también que la realidad política
del país es muy diferente a la que vivimos en décadas pasadas, y que tanto nuestros
ciudadanos como estos datos no son tan diferentes a los que se poseen en países mucho más avanzados que el nuestro.
Yo, como Freud, no estoy seguro que los padecimientos y
procesos sicológicos individuales se puedan proyectar a toda la sociedad, pero
existe un famosa prueba, llamada el “Marshmallow
test” (el test del malvavisco), llevada a cabo en los años sesenta por el
profesor de Stanford Walter Mischel, que demostró que los individuos que de
niños sabían esperar y no sucumbían a las gratificaciones inmediatas, eran los
que tenían mejores rendimientos y mayores posibilidades de triunfar en sus respetivas
áreas cuando se convertían en adultos. El que nuestros ciudadanos no hayan
sucumbido a los beneficios de las expropiaciones fáciles (o la cantidad de malvaviscos con los
que los ha querido tentar el gobierno), y
consideren, como señala este estudio del Centro Gumilla , que su máxima
preocupación es un empleo digno, ¿no nos
estará hablando también de la maduración
política que ha alcanzado nuestro pueblo? Y la otra pregunta que habría que
hacerse es: ¿están leyendo
correctamente nuestros políticos estas tendencias? El próximo año tendremos una
buena oportunidad para saberlo.