El anunciado fin al
subsidio al gas, ha generado en la población de Magallanes la justificada molestia
-para quien pierde un beneficio ya otorgado- y deseo de lícita manifestación que
derivó en una anunciada “paralización de actividades”.
Una cuota importante de fortuna me permitió, junto a mi mujer, recorrer el día de ayer los 371 km que separan el Parque Nacional Torres del Paine hasta el aeropuerto de Punta Arenas, lo que me permitió vivir en forma presencial, como turista, las justificaciones, estragos, violencia y absurdos causados por esta manifestación.
Me detuve, en 5 de los 7
piquetes que cruzamos, a escuchar y participar en los diálogos que se creaban entre
manifestantes y transeúntes. Observé la
impotencia de turistas extranjeros, quienes a pesar de un buen dominio del
idioma y protocolo sólo recibían burlas y amenazas. La comunicación telefónica
entre jefes de piquete dejaba de manifiesto el descontento que existía entre
cada uno por la forma de ejecutar su labor (bloquear la vía). La justificación que
daban a manifestarse interrumpiendo la vía sencillamente carecía de explicación
coherente y lógica, lo que desembocaba luego de un par de insistencia al diálogo
en amenazas (de las cuales varias personas y vehículos fueron víctimas).
La llegada a Puerto Natales resultó aún más reveladora respecto a los principios y alcances de esta manifestación. Con sorpresa en un inicio vi la ambigüedad de la “paralización de actividades” al percatarme que los supermercados y farmacias funcionaban con normalidad, restaurantes y gasolineras atendían sin interrupción y evidentemente hoteles y hostería continuaban con sus servicios. Los turistas se mostraban sobrepasados por la angustia de no poder regresar a sus orígenes y ver cómo debían pagar por servicios de alimentación y refugio con precios que ya escapaban de pudor.
La seguridad de que esta manifestación resulta inconsecuente y carente de la unidad del pueblo magallánico es total, y se confirmó con los últimos 190 km de recorrido hasta el Aeropuerto de Punta Arenas al comprobar que con algo de dinero se podía acceder a transporte cómodo, rápido y seguro. Así también reafirmé mi impresión al ver en el aeropuerto a dos pasajeros, con vistosas poleras a favor de la paralización, esperaban cómodamente su vuelo.
Comentarios
Si expongo el ilícito actuar de parte de los manifestantes donde se atenta contra la seguridad, intereses y libertad de terceros. Independiente de las razones políticas, culturales, históricas y lo que fuese, resulta inadmisible que se tolere y admita este tipo de “manifestaciones”