David Jiménez, en su libro “El Director”, hace un ejercicio de malabarismo para mostrarnos el sombrío mundo de las relaciones del poder y los medios de comunicación, sin que parezca que se trata de una vendetta contra el diario en el que trabajó muchos años y acabó dirigiendo hasta su defenestración.
Ignoro cuánto hay de verdad y de
venganza en sus páginas, pero más allá de sus opiniones acerca de algunos de
sus antiguos compañeros y directivos del periódico, lo que hace David Jiménez
es poner negro sobre blanco, en papel y para la eternidad, lo que es un secreto
a voces en esta España de fobias y filias, de corruptos y moralistas, de un
poder que tiene entre sus objetivos primordiales controlar todo con sus sucios
tentáculos, para no salir nunca
perjudicado.
Por otro lado, narra con suma
pulcritud la descomposición de un medio que durante años ocupó una de las
primeras plazas en influencia política e información. Malos gestores, redacciones
convertidas en telerrealidad, directores abonados a la teoría de la
conspiración, pesebrismo económico del gobierno de turno, todo un despropósito
que no solo ha sido la hoja de ruta de ese medio, sino de todos los grandes
medios de comunicación del país.
Si siempre hemos tenido detrás de
la oreja que la prensa nos mentía en lo relacionado con el poder, o por lo
menos nos contaba solo una parte de la realidad, ahora esa sospecha se
convierte en certeza, para desgracia de una profesión donde los buenos
periodistas abundan, cada vez menos libres para ejercerla, constreñidos por los intereses
de los gestores de la mano de los poderosos o quienes pretenden serlo.
También lo puedes leer en http://laescrituraesferica.blogspot.com/2019/09/el-director-resena-del-libro.html