“Año
nuevo, vida nueva”
Así dice el
refrán popular. Si un “cambio de folio” total o un “borrón y cuenta nueva” no
es posible, sí el inicio de un nuevo año marca un antes y un después. Y es una
buena excusa para tomar buenos propósitos. Aquí, algunas sugerencias.
Por de pronto,
propónganse inyectar más pasión a sus tareas y trabajos, cualquiera sea éste.
La vida es corta. Solo tenemos esta vida para hacer el bien. Propóngase dar lo
mejor de sí en su trabajo o tareas, sobre todo en ser un buen colega y compañero.
De más tiempo
a su familia. Lo sabemos. Pero inventamos excusas para no cumplirlo. Evite las
horas extras, los compromisos sociales innecesarios, las pérdidas de tiempo. La
familia es lo mejor que tenemos. Aprovéchelo.
Junto a lo
anterior, disfrute y agradezca la vida que Dios nos regala. Nada es obvio: la
salud, el trabajo, los amigos. Acentúe las cosas buenas, las alegrías sencillas
de la vida. Evite quejarse o encontrarle peros o el lado malo a todo. Disfrute
“perder el tiempo” con sus hijos, pues son una de las mayores bendiciones que
Dios le ha dado.
Encuentre la
mano de Dios en todo lo que tiene y, con ello, mire a cuántos más les hace
falta. Sea solidario. Si no está suscrito a alguna organización de ayuda, sería
bueno que lo haga. Tomar conciencia de lo que mucho que sufren otros -
enfermos, ancianos, niños solos - nos hace más humanos.
Baje de Peso.
O, en otras palabras, haga más ejercicio. Más de la mitad de los chilenos
estamos con sobre peso. Me incluyo. Y no es una cuestión de vanidad corporal.
Es por salud corporal y mental. Haga más deporte, ojalá en grupo, con otros. Si
fuésemos más deportistas, tendríamos menos problemas sociales, menos depresión,
estrés y soledad.
Deje de
ofenderse por todo y de pelear contra todos. Un defecto muy de generación
milennial. Cultivemos la paciencia y el buen trato. Evitemos la violencia.
Cuántas personas se ofenden por cualquier cosa, estallan si el conductor de
adelante no va más de prisa, se encolerizan por un desorden casero. Y en
consecuencia agreden, gritan, insultan, ofenden, se vengan, toman represalias y
lo peor, ¡se amargan la vida y se la amargan a los demás! Pensemos más antes de
hablar. Murmuremos y “pelemos” menos. Cultivemos una mayor caridad en el
lenguaje.
Acérquese más
a Dios. Cualquiera sea su credo, practíquelo. Rece más, que será tiempo ganado,
no perdido. De esa relación se desprende todo lo demás. El éxito de nuestros
objetivos depende en gran medida de la cercanía a Él, al mundo sobrenatural. Y
mire con fe el nuevo año. Así se empieza mejor.