Desde hace tiempo en varios escenarios he venido sosteniendo que Colombia es un
país que tiene plata suficiente y disponible para el sector salud pero con un
pésimo flujo de esos recursos que impide que esa plata se traduzca
efectivamente en el mejoramiento de la salud de la población colombiana.
Ese flujo de recursos se ha visto afectado por factores conocidos como el
incumplimiento de los roles asignados por ley a algunos de los actores
intervinientes en el sector, la corrupción que de manera impune se ha dado en
los diferentes niveles directivos y operativos del sistema de salud y que
incluye desviación de recursos, fraude al FOSYGA y que en últimas le ha
representado un grave detrimento patrimonial al estado.
Obviamente también hay que mencionar y de manera especial como causa para
que el flujo de recursos en el sector salud esté tan distorsionado, el actual
sistema de inspección, vigilancia y control que resultó inferior a los retos
que debía cumplir, y que precisamente por ese motivo han ocurrido las
circunstancias que se expresan en este párrafo como generadoras o inductoras a
un fallido flujo de recursos en el sector salud.
Y resulta paradójico que precisamente la Superintendencia Nacional de
Salud, que es la entidad que tiene la responsabilidad sectorial de ser
proactiva en los propósitos de inspeccionar, vigilar y controlar a los actores
de este sensible sector, posea recursos para cumplir con esas funciones
asignadas por la normatividad, pero que no se estén utilizando para esos
efectos, contribuyendo al caos del sistema de salud colombiano.
Eso es lo que se desprende de lo informado en días pasados por la
Contraloría General de la República que ha mencionado que por parte de la
citada Superintendencia “gran parte de los recursos ha sido invertida en la
compra de títulos de tesorería, TES”, precisando que este ente de control
“genera cuantiosos excedentes de liquidez y que en 2010 sus activos ascendían a
64 mil millones de pesos y el de los TES a casi 38 mil millones”.
Del informe del ente de control fiscal se desprende que sólo en 2010 el
sector salud utilizó 95.171 millones de pesos en la compra de TES y con
respecto al ahorro en TES de los recursos destinados a inspeccionar, vigilar y
controlar al sistema, la Contraloría General de la República ha dicho que “ha
implicado la desatención de las funciones y los objetivos fundamentales de la
Superintendencia Nacional de Salud, razón de ser de su existencia”.
Y es que el sector salud de acuerdo con lo informado mantiene importantes
recursos invertidos en títulos, presentando un crecimiento anual cercano al 20
por ciento pues ha pasado de 1.277 millones de pesos en el año 1996 a 95.141
millones de pesos en el 2010.
Para hacer más preocupante la situación, el informe de auditoría de la
Contraloría estableció que la Superintendencia Nacional de Salud carece de los
datos suficientes para identificar posibles riesgos o situaciones de alarma en
los actores que a ella le toca vigilar, por lo que se infiere que la vigilancia
y el control que se practica desde esa Superintendencia no garantizan que los
así vigilados cumplan con un adecuado uso de los recursos del sistema de salud.
Definitivamente en el sistema de salud colombiano hay plata para que éste
opere pero no hay flujo de recursos para que se sostenga; hay plata para
vigilar desde la Superintendencia Nacional de Salud a los actores
intervinientes pero esa plata está rentando en TES y quien vigila no puede
evitar que los vigilados le hagan trampa al sistema.¡escalofriante escenario al
que se enfrenta Colombia!
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