Uno
puede imaginarse al aburrido de Franco volviendo una y otra vez a La Coruña y a
San Sebastián para pasar sus vacaciones a bordo del yate Azor; igualmente al “padre de todos los pueblos”, José Stalin, bromeando entre sus allegados con la amenaza
de que los iba a enviar a algún Gulag; incluso podemos suponer cuáles podrían haber sido las extravagancias
sexuales de Mussolini antes de leer el diario de Clara Petacci, publicado hace
algunos años por su sobrino; y hasta podemos conjeturar sobre las preferencias culinarias de “El Gran Timonel “, Mao Zedong , sin temor
a equivocarnos. Pero lo que sí no concuerda, y se hace casi impensable, es que alguien
como Hitler, quien, como se sabe, llevó
a la muerte a veinte millones de personas y acabó con millones de judíos, gitanos y homosexuales, sintiera
verdadera lástima por los animales y un profundo desprecio por la caza, hasta
el punto no sólo de ser vegetariano sino de imponer severas restricciones a la
caza deportiva. Algo parecido nos sucede ahora, cuando nos enteramos de algunos
de los gustos de Gadafi, ese señor que no ha escatimado esfuerzos para
mantenerse en el poder, a costa incluso de la muerte de 10.000 libios.
Cuando el 27 mayo de este año, la menor de edad marroquí Ruby Rubacuori fue
arrestada por un supuesto robo a una amiga brasileña, y la prensa tuvo noticias de que Silvio
Berlusconi había llamado a la jefatura de policía de Roma para que la pusieran
en libertad, a nadie causó mayor asombro las confesiones de la atrevida joven
de que los encuentros con el presidente
del gobierno italiano tuvieron lugar en veladas donde se practicaba el juego
del bunga bunga. (Aparentemente
el llamado bunga bunga es una suerte de sodomización practicada
por algunas tribus africanas que gustaba llevar a cabo Muhammad Gadafi con su harén, y que su íntimo
amigo Berlusconi - aunque ahora diga lo contrario- , emulaba en su villa de
Arcore; algo que el mismo Cavalieri ratificaría luego con su acostumbrada desfachatez). Como tampoco extraña ahora saber que uno de los
hijos de Gadafi, Hannibal (¡qué casualidad!), torturaba a la niñera de sus
hijos. Son actos que por mucho asombro que causen, están enmarcados dentro del
accionar de estos señores. Lo que sí no parece coherente y llama mucho la atención, es esa fijación,
ese amor platónico y obsesivamente ideal
que siente por Condoleezza Rice este ser ardorosamente antiimperialista y
anticolonialista que ha sido el Coronel Gadafi, según lo atestiguan la serie de
objetos y fotografía de la ex canciller que, como un adolescente cualquiera, guardaba
el coronel libio en su fortaleza; recordándonos con ello la banalidad trágica del
mal, a que hiciera referencia una vez
Hannah Arendt.
Aparentemente
esa pasión que siente Gadafi no es nuevo; ya en
2007 le declaró su amor a la que ha calificado como su “querida mujer africana negra” en una
entrevista que le realizó Al-Jazeera. Y Durante la visita que hizo la
representante de Bush a Libia en el 2008, el líder libio le hizo entrega de
obsequios valorados en 220.000 dólares (entre
los que destacaba un anillo de diamantes), llegando incluso a romper el ayuno
del Ramadán. A favor de la Sra. Condoleezza, habría que decir, sin embargo, que no sólo Gadafi se ha sentido atraído por
ella, sino también el ex ministro de Asuntos Exteriores canadiense Peter McKay,
el ex ministro de Exteriores Británico Jack Straw y el ministro de Asuntos
Exteriores italiano Massimo D’Alema, según lo refiere la prensa americana. Hasta se corrió
el rumor, durante su mandato, de que Bush´ dejaría a su esposa por su
Secretaria de Estado. Incluso nuestro
presidente, en cadena
nacional y a pesar de las burlas que hizo de ella, en alguna oportunidad le lanzó un sonoro beso.
Creo
recordar que en los trabajos recogidos bajo el título El amor, las mujeres y la muerte, Schopenhauer propone la tesis,
desarrollada luego por el psicoanálisis, según la cual la voluntad del mundo se
vale de ciertas ilusiones para que los amantes crean que están satisfaciendo
sus intereses y gustos particulares, cuando en realidad sirven a la infinita
voluntad de vida que se perpetúa en la especie. Sin embargo, estoy seguro que esa misma voluntad
no sólo tendrá en cuenta esa simple propagación
de la especie, sino también su
perfección, y que la vida le deparará a
esta primorosa dama mejores pretendientes.