21: La muerte
*Jorge Navarrete Bustamante
¿Es
tan malo morir? ¿Cuál es el sentido de la muerte? ¿Es el hombre una hoja traída
y agitada por voluntad de superiores, o es un continuum natural de vida y
muerte, frente al cual la voluntad humana no participa?
Pienso
que uno empieza a pensar la vida cuando se da por muerto, pues es precisamente
la certeza de la muerte la que hace la vida -mi vida-, única e irrepetible. Es precisamente
la consciencia de la muerte la que convierte la vida en un asunto serio, y algo
misterioso; una especie de prodigio precioso por el que debemos luchar.
La
certidumbre personal de la muerte nos HUMANIZA, es decir, nos convierte
en verdaderos humanos, en MORTALES (entre los griegos "humano"
y "mortal" se decía con la misma palabra). Así las plantas y los
animales no son mortales porque no saben que TIENEN que morir. No es
mortal quien muere, sino quien está seguro de que va a morir.
La muerte es lo más individualizador y a la vez lo más igualitario;
nadie puede morir por otro, pero todos moriremos. Lo mismo que al nacer traemos
al mundo lo que nunca antes había sido, al morir nos llevamos lo que nunca
volverá a ser.
Creemos
saber, más o menos, lo que es morirse, pero no lo que es morirme.
Al
decir de los sabios, día a día algo nuestro muere, pero nunca estamos muertos;
a fin de cuentas, durante mucho tiempo NO fuimos y eso no nos hizo sufrir en
modo alguno. Tras la muerte iremos al mismo sitio o ausencia de todo sitio
donde estuvimos (¿o no estuvimos?) antes de nacer. Ni antes nos dolió no estar
ni es razonable suponer que luego nos dolerá nuestra definitiva ausencia.
Tan
grande como el asombro de la muerte, es la maravillosa circunstancia de haber
nacido; de hecho estos dos misterios son los extremos de las alas del tiempo en
que transcurre nuestra vida. Si la muerte es no ser, ya la hemos vencido una
vez: el día en que nacimos. Nosotros somos mortales pero de la muerte eterna ya
nos hemos escapado. A esa muerte enorme le hemos robado un cierto tiempo, y ese
tiempo, pase lo que pase, siempre será nuestro.
Así
las cosas, la muerte nos demuestra nuestra temporalidad, y por ello nuestra
existencia alcanza su valor total cuando
se le aprecia en su limitación temporal. La vida realza su significado con la
muerte, ésta nos hace valorar la vida, nos enseña el Arte de Vivir.
Podemos
decir entonces que la muerte es nuestra inexorable compañera desde que somos
concebidos. La muerte es como hermana gemela univitelina, esa que cuando llega
el fin, con su compañía, logra en nosotros la "integración de
opuestos", la unidad del ser y el estar.
Así,
somos deudores de lo efímero, porque en el morir se esconde lo que somos. Somos
también hijos del tiempo pero la defunción es nuestra, el acto de morir nos
pertenece.
En definitiva,
pensar acerca de la muerte deviene inevitablemente en una reflexión sobre la
vida. Y quién ha vivido como un ser humano de Bien, jamás debe temerla, tal como
lo hicieron los 21 que partieron.
MBA.
Universidad de Talca.