¿Entonces podemos pensar nuestra propia muerte pero,
no podemos experimentarla? Si y no, si podemos hacer un ejercicio del
pensamiento, y no, no hay experiencia consciente posible; en el otro extremo y
en el mismo punto está la frase de Epicuro en donde “la muerte no se siente
mientras la persona viva y una vez muerta tampoco puede atormentar, pues ya no
existe la persona” así “la muerte no es nada, ni cuando muere, ni aun cuando
está vivo”[1] no cabe, no tiene forma de pensarse, ni de hablar de
una aniquilación parcial o de experiencias post-mortem, no hay un punto de
encuentro, no ofrece incertidumbre, todo se termina y punto, la muerte ya no
parece tan terrible, la muerte es la aniquilación total de la persona o de mi
persona. ¿Qué tanto es verdad que no debe preocuparnos la muerte o nuestra
propia muerte? Una parte de la respuesta está en que Epicuro trataba sobre el problema
de la felicidad, y veía en el temor a la muerte, como productor de infelicidad
así, que se tenía que eliminar ese temor posiblemente convirtiendo en nada a la
muerte.
Ahora ¿Por qué hacer un ejercicio de pensamiento para poder
concebir mi propia muerte? Una respuesta simple a esta pregunta es que con este
ejercicio se puede llegar a dar sentido a la vida, aun cuando no sea el único
camino o medio para dar sentido.
Hacer este ejercicio me lleva a conocer el límite de mi
conocimiento y de una contradicción entre pensar y tener experiencia sobre la
muerte, ya que concebir y pensar son tomados como conocer, y la experiencia es
el medio.
Así el conocimiento es un hecho; en la vida práctica
más inmediata y más simple conocemos objetos, seres vivos, seres humanos, donde
el sujeto (el pensamiento, el hombre que conoce) y el objeto (los seres
conocidos) actúan y reaccionan continuamente en una interacción perpetua. Las
características generales del conocimiento son: A) Todo conocimiento empieza
por la experiencia con una conciencia humana y en actividad práctica
(movimiento de miembros y manos). B) El conocimiento humano es social, en la
vida social otros seres humanos nos transmiten un inmenso saber ya adquirido.
C) El conocimiento tiene carácter histórico, la inmensa labor del pensamiento
consiste en que antes de llegar al conocimiento es preciso partir de la
ignorancia, ello se gana metódicamente, ya que la verdad no está hecha toda de
antemano.[2]
Como con la muerte no se cumple la característica de tener
experiencia ya que la conciencia y la actividad práctica ha cesado, el
conocimiento mediato no se
puede dar. Sí no se puede conocer el objeto no hay conocimiento.
[1] Ariel Félix Campirán Salazar. Dos cuestiones acerca de nuestra propia muerte. México, UNAM, Dirección de publicaciones. 1984.
[2] Lefebvre, Henri. Teoría del conocimiento en: Lógica formal, lógica dialéctica. México, Siglo XXI editores. 1986, p. 55. Las cursivas son mías.