Es tranquilizador el dato holandés de ayer, ya que, por causas que seguirán
analizándose, pareciera que Europa está en las puertas de un momento de
inflexión que puede ser dramático para todo el mundo. De alguna manera da la
sensación de que la sensatez se bate en retirada en el llamado Viejo Continente.
Más allá de los modelos económicos, que han generado consecuencias
en parte de la población, que son profundos y que dejan a las democracias en
deuda, pero cuyas soluciones no escapan a la posibilidad de la democracia
misma, lo que está en juego a partir del Brexit que se impuso en las últimas
elecciones de Gran Bretaña y que se promulga hoy, es la capacidad de Europa de
mantenerse sensata.
No hay un futuro promisorio de paz y democracia, si Europa pierde
la sensatez. Esa es una verdad que impacta al mundo de manera definitiva, y que
puede ser el anuncio de graves consecuencias, dado el creciente enervamiento
que se observa en la política internacional, fruto del quiebre de las
racionalidades que han permitido que ese continente histórico haya mantenido
sus territorios en paz, desde la Segunda Guerra Mundial, por lo menos en
aquellos países que constituyeron el alma de la viga en que se ha sostenido la
Unión Europea. Por cierto, otros se han agregado con el paso del tiempo, luego
de superar periodos marcados por la violencia y los traumas.
Aquella idea surgida por los acuerdos del carbón y el acero, no
solo construyeron una comunidad económica, que llegará a expresarse como sujeto
político y de derecho internacional, con un modelo comunitario complejo y
único, sino también, como consecuencia de las experiencias de su historia, ha
sido un actor fundamental e insustituible para delinear un concepto de la paz,
de la convivencia pacífica y de los derechos humanos.
Muchos de los derechos que hoy garantizan a las personas su
libertad y su cualidad humana, han surgido bajo la reflexión y el liderazgo de
hombres y mujeres que han dejado su impronta, a partir de su aporte y vivencia
europea. Mucho del mundo racional y racionalizado, de las comprensiones
democráticas, del objeto político moderno, de las reflexiones sobre las
seguridades humanas, del preludio del derecho futuro, han sido cobijados bajo el
amparo del proyecto comunitario europeo.
Hace dos meses, y a modo de ejemplificar lo que asevero, los miembros del Comité Parlamento Europeo para Asuntos Legales votaron a favor de una moción para garantizar estatus legal a los robots, a los que se les otorga la condición de "personas electrónicas".
La propuesta, que fue aprobada por mayoría absoluta, establece que "los robots autónomos más
sofisticados podrían recibir el estatus de persona electrónica, con derechos y
obligaciones específicos", incluyendo la de subsanar los daños que causen.
Los androides serían definidos según distintas categorías, en función de su
autonomía y capacidades, presuponiendo una mayor responsabilidad por sus actos
a los robots más avanzados. Asimismo, se estipuló que los robots deben contar con mecanismos externos de emergencia, como un botón, para poderlos
desactivar en caso de necesidad y emergencia.
Para cualquier observador, colmado por las cuestiones cotidianas,
aquello seguramente le pareció extemporáneo, por decir lo menos. Sin embargo,
no pasará una década en que ese acuerdo de la Comisión para Asuntos Legales del
actual Parlamento Europeo será señero y referente para muchos de los problemas
que afectarán a la Humanidad en pocos años más, y donde los problemas de los
refugiados y migrantes que hoy dominan la agenda parecerán casi primarios.
¿Qué importancia tiene ese acuerdo legislativo para lo que
analizamos? Que Europa tiene esa potencialidad enorme de proyectar el futuro.
Que en la esencia del raciocinio comunitario europeo está la posibilidad de
encontrar respuestas a los grandes desafíos de la Humanidad, tanto actuales
como futuros. Y no hablo de un futuro que escape a nuestra vivencia personal,
sino de uno que nos alcanza o que alcanzaremos.
Sin embargo, Europa está en una enorme encrucijada que puede
conducir al mundo a una tragedia. Tal vez la peor de todas. El erizamiento, la
prepotencia, la arrogancia, el estímulo de los conflictos, la irracionalidad y
los ensimismamientos sociales, apuntan inexorablemente a destruir la sensatez
del proyecto comunitario y sus efectos sobre los países que han aprendido de
sus fundamentos.
La democracia en América Latina y en Chile, le deben mucho al
espíritu comunitario europeo. Las categorías del pensamiento político, del
humanismo, de la gobernanza, de las seguridades sociales, de la reflexión ética
en muchos sentidos. Nuestros dirigentes y las clases políticas de nuestros
países han construido muchas de sus afirmaciones a partir de su relación con la
sensatez europea. Por cierto, ello no da garantías de la misma sensatez en su
interpretación o aplicación, pero es innegable que, en la asertividad de
nuestras clases dirigentes, siempre ha estado la reflexión europea sobre los
fines y alcances de toda labor política, al margen de la orientación política
de quienes los pongan en acción.
No deja de preocupar la aparición y persistencia, en algunos casos,
de políticos xenofóbos, claustropopulistas, rupturistas y basados en el recelo
y la exclusión. Tipos que van contra todos los progresos en los derechos y
seguridades humanas, generalmente asociados al fanatismo nacional-racial-
religioso. Un sector de la población que no lee, que no tiene ilustración, que no
analiza las consecuencias, sino que se deja llevar por sentimientos impulsivos,
producto de las frustraciones que no ha resuelto oportunamente la democracia,
que no es menor, pero que generalmente son minoría, ha crecido merced la
indiferencia de los votantes que no ejercen su sufragio.
Comentarios
Reitero que estas reflexiones profundas, bien escritas, sin duda alguna contribuyen al despertar definitivo de las consciencias.
Excelente análisis de la realidad política internacional.
No puedo estar más de acuerdo contigo. Pero echo de menos en tu visión, lo mismo que echo de menos en las visiones de contenido político y moral: carencia de búsqueda de la causa eficiente. Es verdad que en parte lo haces al referirte al hecho de que un sector de la población que no lee, que no tiene ilustración , que no analiza las consecuencia sino que se deja llevar por sentimientos impulsivos, que atribuyes a frustraciones no resueltas.
Pienso que es necesario destacar, que la historia de tolerancia de Holanda se ha debido a su vocación inicial de comerciantes, pues esta actividad es la que desde la antigüedad más alejada, ha unido culturas y civilizaciones, al contrario de la práctica perversa de algunos políticos y clérigos que en esencia de su actividad han dividido a la humanidad con el propósito de abarcar la mayor cantidad de poder posible sobre la voluntad de los hombres, denigrando y renegando de la nobleza de la política de la que siendo políticos profesionales, corrompen sistemáticamente .
El propio nombre de partidos, nos señala su vocación de separación, de división, de sectarismo. No olvidemos que son ellos los que declaran las guerras. No olvidemos tampoco que sus discursos están dirigidos a la muchedumbre compuesta muy mayoritariamente de ignorantes, hedonistas, que no tienen cómo optar por un refugio intelectual como es un buen nivel de instrucción ni de virtud. Me refiero al bajísimo nivel educacional y de civilización que son sustituidos por los más bajos sentimientos animales que en el caso de nuestros compatriotas alcanza al 84% de nuestra población debido a la natural y lógica incapacidad de un estado constituido por chilenos ignorantes en la misma proporción. En el resto del mundo, la situación es algo mejor, pero siempre deja a una parte importantísima de la población en la condición que tú señalas , de ignorancia consuetudinaria y persistente.
Gracias a esa situación, es que tanto el poder de