SABER AGRADECER. Cecy Valerio.
“Si la única oración que uno
dijera en toda su vida fuera ¨gracias¨, sería suficiente”.//--// Meister Eckhart.//--//
Me
dirigí a la tienda donde me gusta comprar material para hacer
bisutería. Estaba cerrado y me llamó la atención un inusual letrero en el
vidrio del aparador. La dueña del lugar anunciaba el cierre definitivo de la
tienda. Daba las gracias (“GRACIAS” con letras grandotas) a sus clientes por
haberle permitido todos esos años abrir ese negocio día con día. Le agradecía a
Dios haber realizado ese proyecto y bendecía a cada una de las personas que
tuvieron que ver son su tienda: clientes, proveedores, etc. Nunca
había visto un letrero así. Generalmente se cierra un negocio, por las razones
que sean, y ya. Algunas personas creen que sus logros son fruto únicamente
de su esfuerzo propio, que son merecedoras de sus victorias y que nadie tuvo
que ver con sus éxitos. En cambio esta persona reflejó una grandeza
de corazón al manifestar su agradecimiento, además por escrito, a todas las
personas que alguna vez compramos algo en su tienda, por pequeña que haya sido
la compra. El
valor de la gratitud es propio de almas grandes. Agradecer al Creador lo más
grande que tenemos, que es la vida. Agradecer la salud y la de nuestros hijos.
Dar gracias por un bello amanecer, por los alimentos. Sobre esto último les
comparto que mi padre tiene el buen hábito de bendecir los alimentos y de dar
gracias por recibirlos. Dar
gracias por el trabajo que tenemos. Por cierto, esta semana firmé mi contrato
del año escolar que está por iniciar. Al momento que deslizaba la pluma con mi
firma repasé en mi mente y en mi corazón esta breve palabra ¡gracias! Por la
oportunidad de empezar de nuevo mi trabajo académico con los chicos y por la
capacidad y salud que tengo para llevarlo a cabo. Por
supuesto que la gratitud no consiste únicamente en esta palabra, sino en la
actitud de alegría y generosidad hacia la persona, situación que nos beneficia
y de quien se recibe algo. Es la constante actitud de amabilidad y
agradecimiento en nuestro corazón. No significa tampoco tener que pagar de la
misma manera, ni permanecer con un sentimiento de deuda. El otro, quien te hizo
un bien, lo hizo por amor y no espera eso de ti. En
estos días una amiga mía cumple 10 años en su trabajo al servicio de la
educación. Organizó una comida para dar gracias y festejar. Generalmente
celebramos la jubilación, o los 25 años de labor en el trabajo, pero
difícilmente se hace una pausa para reflexionar, agradecer y celebrar. Bravo
por Maguito que tiene esa capacidad espiritual de ser agradecida con Dios, con
la vida, con sus compañeros de trabajo y con sus seres queridos. No
tenemos que esperar los grandes acontecimientos de la vida para sentir
gratitud. Claro, hay momentos muy específicos que lo ameritan como el
nacimiento de un bebé, la graduación de un hijo, el viaje de tus sueños. Sin
embargo, cada instante es digno de un gran agradecimiento. Se necesita
un corazón despierto y unos ojos bien abiertos para descubrir los miles de
motivos para dar gracias, desde nuestra simple respiración hasta el
complejo y maravilloso funcionamiento de nuestro organismo. La
palabra “gracias” es ya una oración completa. Es una manera sana de comenzar el
día y nos brinda paz mental. El otro día escuchaba a una persona en televisión
explicar cómo había cambiado su actitud hacia un hecho muy simple como lavar
los trastes. Decía que no le gustaba hacerlo y por eso maldecía ese momento.
Cambió su perspectiva –decía- cuando se dio cuenta todo lo que tenía que
agradecer mientras los lavaba. Esos trastes sucios significaban que había
habido comida para ella y sus hijos, que tenía agua en casa para lavarlos, que
además de jabón y la esponja, tenía dos manos que podías moverse
maravillosamente entre el agua y la espuma para dejarlos limpios. Por último,
agradecía el hecho de tener trastes en su cocina para servir la bendición de
los alimentos. Son
pequeñas cosas que damos por sentado todos los días. Gradualmente podemos
comenzar a valorar nuestros pequeños logros cotidianos y agradecerlos.
Reemplazar los pensamientos negativos por gratitud es un buen ejercicio para
fomentar la autoestima. Es increíble ver cuánto ayuda un poco de gratitud.
GRACIAS por permitirme compartir estas reflexiones.
Comentarios
Para saber dónde está uno basta con preguntarse ¿vez el vaso Tu vaso, ¿medio lleno o medio vacío?
Ciertamente quienes son capaces de “dar gracias” por distintos eventos, como los que describen, reflejan una personalidad de paz y tranquilidad con uno mismo.
Estoy segura que esa actitud positiva frente a la vida y las situaciones resulta contagiosa a quienes nos rodean, así es que no estaría mal que todos comenzáramos a practicarla.