Un congestionado Anson a las puertas de la muerte
Ciudadanía | 03/10/2016
El caso es que no tiene buena cara. No
solo parece constreñido sino que hay algo en la expresión que sugiere
una salud precipitada. Atiborrarse de comilonas con el dinero mangado al
trabajo ajeno trae consigo dos consecuencias insanas:
1- No imagino al solemne Anson con el
ceremonial de cada amanecer para embutirse en un traje que se le
revienta por todas las costuras ocultando a duras penas tan orondo
cuerpazo. La gula no solo es un pecado del alma sino una evidente
apariencia física, con peculiar énfasis estético, cuando se intenta
casar la elegancia con la imposibilidad de mal disimular un tanto
ridículo desprendimiento de carnes con andares bamboleantes. Pareciera
el prestigioso académico ante lo público, poco honesto y desleal a la
ética personal en lo privado según su comportamiento aprovechado, un
bolo solitario a punto de caerse por ese pleno que la existencia propina
con final del juego incluido.
2- Acumular en la conciencia, hasta el
momento del suspiro definitivo, el detritus de la actitud hipócrita,
engañadora y falseada, puede ser causa de un instantáneo reventón de
arrepentimiento en el último instante, siendo entonces consciente de que
no todo ha sido tan limpio como se ha pretendido disimular.
Que se acabe todo de un plumazo después
de haber escrito tanta historia, historias y mandangas como monsergas
sobre la cultura de lo civilizado, sobre el orden del pensamiento en el
papel y el desorganizado chanchullo moralista de tanta teoría-aconsejada
a los demás para luego pasarse por el forro de los calzones la práctica
de lo íntegro en lo personal-no sale a cuenta con el último suspiro.
Cuando vi a Anson este sábado pasado en
la Sexta, hablando de Aznar, sentí un poco de lástima recordando las
palabras del sabio Cohelet: "Vanidad de vanidades y solo vanidad". Está
tan congestionado que la soberbia se le desparrama igual que el gaznate
estrangulado por el nudo de la corbata.
Anson ha sido todo lo listo que se podía esperar de alguien que aprovechó cada ola del poder para encumbrarse personalmente. En la cresta siempre de olas o de corceles; ha cabalgado en los lomos de unos y otros, agarrándose a las crines de los jamelgos que terciaban durante su presuroso camino hacia la fama o alzado en las olas, eso sí, sin mojarse. Adular al poderoso de turno y desprenderse del que caía en desgracia, disimulando neutralidad que luego no era tal en beneficios personales que fue acumulando con reuniones privadas para seguir dando el cante público.
Un contumaz estratega que parecía estar al margen permaneciendo en el núcleo de las ambiciones de otros para alcanzar las suyas. Un Rasputín español al que pronto se le habrá acabado la tinta invisible con la que ha escrito su vida pues no conviene que se sepan ciertas cuestiones que le han aupado siendo mensajero, correveidile, dicen, de muchos.
Anson ha sido todo lo listo que se podía esperar de alguien que aprovechó cada ola del poder para encumbrarse personalmente. En la cresta siempre de olas o de corceles; ha cabalgado en los lomos de unos y otros, agarrándose a las crines de los jamelgos que terciaban durante su presuroso camino hacia la fama o alzado en las olas, eso sí, sin mojarse. Adular al poderoso de turno y desprenderse del que caía en desgracia, disimulando neutralidad que luego no era tal en beneficios personales que fue acumulando con reuniones privadas para seguir dando el cante público.
Un contumaz estratega que parecía estar al margen permaneciendo en el núcleo de las ambiciones de otros para alcanzar las suyas. Un Rasputín español al que pronto se le habrá acabado la tinta invisible con la que ha escrito su vida pues no conviene que se sepan ciertas cuestiones que le han aupado siendo mensajero, correveidile, dicen, de muchos.
Lo que más lástima me da es que cuando
este gran dechado de virtudes públicas que es Anson-otra cuestión son
sus secretos personales, menos confesables quizá, para llegar donde ha
llegado- se vaya a rendir cuentas trampeadas al otro lado, pobre, ¿qué
será del adoptado Joaquín Vila, fiero cancerbero de su amo, con esa
chulería tan propia sin nadie que le eche la carne que tan
agradecidamente devora con principios éticos tan fieramente
desvergonzados? Pobres colmillos romos de lo sanguinario, ¡qué poco
morderán por sí solos!
No irá la criatura a llorar donde la
tumba del mentor, acaso yazca enferma por los excesos de una vida tan
confiada que se le supuran por la cara granítica.
En tanto, hasta que llegue el
momento, los principios morales de Anson parece que siguen siendo tan
flexibles como dura la cara del director Vila. Tal para cual.