La estupenda talla de la falsedad en Anson
Ciudadanía | 03/10/2016
Anson se mueve en olor de multitudes;
otra cuestión es el aroma que expele la chusma adoradora que se aglutina
en torno a él, en busca de los favores y prebendas que el padrino de la
cultura y el periodismo españolas sabe administrar conociendo tantos
despachos influyentes y agujeros donde pasearse.
Vivimos tiempos esclarecedores donde
identificamos a muchos personajes que alardean de posición social, en
tanto no se les descubran las porquerías que esconden tras una plácida
apariencia de honrosísima vida pública.
A los dieciséis añitos, ya ven qué
tierno Rasputín, sabía el astuto ansoncito dónde arrimarse y qué palos
tocar para forjarse un futuro más allá de los condicionantes que otros
advierten para competir en la vida con destreza pero también con limpio
criterio de respeto a los demás y por uno mismo. Anson iba de listo y
ejerció como tal.
¿Qué se puede esperar de quien no sabe
de la adversidad o el sacrificio para llegar donde llega con compañeros
de viaje como Joaquin Vila, el segundón que aceptó la mediocridad a la
sombra de su jefe para poder trincar, incluso aunque fuera
aprovechándose del trabajo de los demás? Buenas piezas crió Dios e
instintivamente se juntaron.
El problema de quienes triunfan en el
mundo a toda costa y desde temprana edad es que atrofian la conciencia
por el sentido oculto de la existencia: el que no consiste en ganar las
carreras a cualquier precio o mediante trampas de especulación y abuso,
sino en acumular esos tesoros del espíritu, único equipaje con el que se
cuenta cuando llega la muerte y el tránsito a otras sabidurías
extraterrenales. Anson y Vila, la pareja apisonadora de los derechos
humanos elementales en mi caso, se irán vacíos de conciencia y henchidos
de una soberbia tan estulta como insensata. Es la suerte merecida que
se labran los cómodos competidores de la existencia que prescinden de
valores morales o de ética profesional para vivir como sultanes... de la
ciega idiocia por el lucro material sin límites en el método para
satisfacerlo.
Anson no parece que se haya hecho a
sí mismo sino a costa de los demás. En el balance de su existencia
quedan las huellas subrepticias de quien ha pisado inmensos lodazales
para llegar a la otra orilla de las ambiciones personales. Suciedades
que ni siquiera se disimulan en casos como el que denuncio; lo que
podría llamarse una guarrada póstuma-estando el hombre con un pie
en la tumba, aunque ya procurará agarrarse a la vida todo lo que pueda
el inescrupuloso Epulón-pareciendo que le importe poco que se denuncien
sus comportamientos con ausencia de arbitraje ético.
Carencia de dignidad es abusar y
aprovecharse del trabajo de los demás; ya denunciaron las aviesas
intenciones Guillermo Luca de Tena y otros como yo, que dejan en
evidencia las verdaderas razones de un éxito profesional cuestionado
por muchos debido a las pútridas raíces en que parece enraizarse.
La conciencia parece ser la eterna
olvidada de efímeros soberbios que tarde o temprano encuentran freno a
la jugada rastrera de aparentar lo que no se es. Bajo tierra no hay
diferencias y cada uno da las cuentas que merece.
Pobre Anson, hasta me da pena verle tan
risueño e imprudente. Es inaudito desperdiciar la siembra que
verdaderamente aprovecha y de la que ha prescindido acumulando con tanto
tesón y sospechosas actitudes ese gran poder aglutinado... baldío y con
destino de abandono. Del segundón Vila no habrá mejor justicia que la
recogida de sus siembras donde le toque, porque le tocará... Le veo
enfermando de sí mismo antes de palmar. Después será peor para él.