Cuando uno lleva muchos
años ejerciendo la profesión, mira el paisaje como quien lee un relato de
suspenso, tratando de resolver una secuencia de acontecimientos que tuvieron
lugar en el pasado y que dejaron huellas que se pueden descifrar.
Y ahora les cuento una
anécdota de las vacaciones, cuando hice alarde de poder “adivinar” la historia
del hotel en el que estaba alojada en la isla San Andrés de Colombia.
Después de observar por
la ventana de mi cuarto en el Sol Caribe Campo, y ver lo que les presento en la
foto que ilustra el post, comenté en la cena, que estaba segura de que los
niveles aterrazados que componen el complejo hotelero habían sido generados de
manera artificial no más allá de los últimos 20 o 25 años, antes de lo cual, me
jugaba la cabeza que existía una pendiente continua y bastante empinada donde
hoy están las galerías de habitaciones en distintos planos.
Por supuesto recibí las
correspondientes miradas de soslayo que significan “¿Qué pasó, te insolaste o
qué?”, pero allá partí rumbo a la administración a preguntar si los desniveles
eran naturales o artificiales, y de ser de este último origen, de cuándo
databan.
La respuesta fue que se
había cortado la pendiente original en pisos sucesivos alrededor de 18 años
atrás.
Y ahora les cuento cómo
me gané la fama de bruja (bueno, sí, tal vez ya la tengo de antes, pero se vio
acrecentada por lo menos)
Primero vean lo que yo vi
por la ventana: una palmera vieja y torcida, y otras jovencitas, bien
derechas, (al fondo y a la izquierda en
la foto) y ahora déjenme contarles cómo se explica desde la geología esa
postal.
Ustedes deben recordar
que hace bastante tiempo, expuse algunas cositas acerca de los fenómenos de
remoción en masa, tema que les recomiendo que repasen en el correspondiente
post, antes de seguir adelante.
Uno de los fenómenos de
remoción en masa es la reptación de suelos (o creeping como lo puse en el
cuadrito del post que les mandé a ver), que ocurre lentamente por rodamiento de
partículas individuales pendiente abajo.
Es más conocido en climas
periglaciales, pero puede darse en cualquier superficie inclinada con
materiales sueltos como sedimentos o suelos.
Cuando esto sucede, los
árboles que comienzan su crecimiento en algún rellano más o menos plano, o en
la cumbre misma, (Figura 1) se van moviendo hacia abajo porque son trasladados
lentamente con el suelo que se desliza por gravedad.
Mientras eso sucede van
creciendo, porque es como dije un proceso lento.
Si todo siguiera su curso
sin cambios, el árbol terminaría muy inclinado o casi acostado y colgante
(Figura 2), pero como ésa no es una postura natural para él, a medida que crece
va corrigiendo su posición para conservar la verticalidad, cosa que hace
generando codos más o menos visibles. (Figura 3)
Bien, eso es exactamente
lo que vi en esa palmera vieja, y deduje que había crecido en una pendiente en
reptación.
Pero luego observé que
había palmeras jóvenes que no habían debido corregir su postura, es decir que
no habían padecido deslizamientos.
Ergo, la pendiente había
dejado de moverse porque había sido cortada en sucesivos pisos de mayor
estabilidad, primera deducción.
La segunda deducción fue
el cuándo, y para eso debí preguntar a los lugareños qué edad podían tener las
palmeras según su diferente porte, y me respondieron “como máximo 20 años”,
para las pequeñas, y unos 30 fue la edad calculada para las grandes.
De donde se deduce que si
la palmera joven nunca debió acodarse es porque en los últimos 20 años ya se había estabilizado la
pendiente.
Y no podía hacer mucho
más, porque las palmeras “treintonas”
atestiguaban lo contrario, al haberse acodado por su movimiento hacia
abajo.
Y colorín colorado, este
cuento se ha acabado.