Esta vez
no me iba a ocurrir, no se me iba a apagar el carro nuevamente. Salí hacia mi
clase de manejo con una decisión: iba a conducir sin esperar instrucciones y
ejecutando una clave que no te dicen cuando te enseñan a manejar pero que es la
solución para todos los problemas con que se enfrenta alguien que inicia la
conducción de un auto manual. Y funcionó. La independencia funcionó, como
siempre en cualquier ámbito de la vida.
La clave que descubrí es realmente tonta pero no
entiendo por qué no te lo dicen de
una vez y así no pasas por las molestas apagadas de motor. Ya entiendo porque
tantas personas manejan muy bien: conducir es una estupidez y hoy lo demostré.
El Hatillo, La Lagunita, La Boyera, La Trinidad,
Los Naranjos, Alto Hatillo, La Lagunita y El Hatillo. Con cola, semáforos,
huecos, curvas, subidas, bajadas, peatones imprudentes, conductores
impacientes. Todo perfecto. La clase de hoy fue un paseo estupendo y todo
gracias a la clave.
Es sencillo, la clave consiste en nunca, nunca,
nunca dejar de tocar el croche hasta que lo hayas levantado por completo. Es
decir, cuando te dicen que saques el mocho croché, no quieren decir que lo
saques, quieren decir que permitas que suba sin dejar de rosarlo con tu pie.
Esta es la clave.
Pero en realidad lo que funcionó fue la
independencia. Haber tomado el volante sin depender del instructor es una
verdadera liberación y hace que no cometas errores. Como en la vida, mientras
dependas de tus padres, tu pareja o de un trabajo, tu vida será miserable. En
la medida que ganes independencia lograrás conducirte con más fluidez.
Mañana practicaré con velocidades más altas, la
tercera y la cuarta, y pasearemos por la autopista. No puedo creer lo fácil y
pendejo que es manejar. Espero que no surja en mí una personalidad paralela que
he visto en otras personas cuando agarran un volante. Por ahora siento que soy
un conductor prudente y acertado.
Y sí, manejar es lo máximo. Saber que no dependes de nadie es
maravilloso. Nos vemos en la próxima vuelta.