Obligados a entendernos
Recuerdo a una señora, madre de 4 niños, que me contaba que, cuando
tenía problemas de peleas entre sus hijos, los agarraba, sentaba uno delante
del otro y esperaba a que se reconciliaran. Al principio, no se miraban. Al
poco rato, comenzaban a mirarse de reojo. Hasta que al final, estallaban en
risas.
Quizá no sea la forma más habitual de solucionar conflictos pero, a
estas alturas de la agenda nacional, habrá que pensar en esta alternativa.
Entre eso y las formas de manifestar nuestras discrepancias, me quedo con el
ejercicio de la mamá.
Ayer jueves había prevista 3 marchas distintas por la Alameda: camioneros
del sur, mapuches contra los camioneros del sur y estudiantes, que no fueron
autorizados pero muchos marcharon igual. Al momento de escribir estas líneas
todo anunciaba una puesta en escena digna de teatro griego. Es de esperar que
haya terminado el día en relativa paz. Como sea, el panorama está complejo.
Estamos obligados a sentarnos a la mesa y dialogar. Quizá como el de esta
atribulada madre que obligó a sus hijos a entenderse. A punta de amenazas no
llegamos a ninguna parte. Se comprende la indignación de quienes han sufrido la
pérdida de sus instrumentos de trabajo como son los camiones y maquinaria
agrícola. Pero hay que sentarse a la mesa con un pueblo que cree legítimo su
derecho de reivindicación de tierras que, producto de una historia de
desaciertos, consideran suyas. El pueblo mapuche es pacífico, la inmensa
mayoría quiere convivir en paz, integrarse y hacer de Chile un lugar
multiétnico, plural, pacífico. Somos un país pequeño en el que nadie sobra.
Quien piensa que el otro sobra, hágase la pregunta si no será usted mismo quien
sobra. He escuchado de todo en esta materia: desde quienes sostienen que esto
"es una guerra" por lo que hay que actuar con violencia y mano dura
hasta quienes piensan que hay que ceder en todo.
A los primeros habría que decirles que justamente violencia y mano dura
es lo que quieren las posiciones extremas dentro de los grupos mapuches minoritarios.
Es el caldo de cultivo ideal para victimizar su posición y continuar con una escalada
de violencia que sabemos cómo empieza pero no como termina.
Y a los otros, a los que piensan que hay que entregar todo, ceder al
miedo, tampoco están en lo correcto. Debemos respetar el estado de derecho, las
instituciones, y apostar por el diálogo, una salida consensuada a nuestras
diferencias. Y esto supondrá hacer bastantes más concesiones y renuncias que
las que se han hecho. Con medidas cosméticas no llegamos a ninguna parte.
Apostemos por la paz. Por el acuerdo. Ante ellos, no hay violencia que
logre imponerse.
P.Hugo Tagle
Capellán UC
twitter: @hugotagle
Publicación original: publimetro