Hace
un par de semanas, una joven de 16 años que padecía discapacidad se arrojó por
la ventana tras sufrir acoso escolar en el instituto Ciudad de Jaén del barrio
de Usera, en Madrid. Este último caso de suicidio viene a sumarse a otros
suicidios de menores en España debido al acoso escolar. En la actualidad, el
suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte entre jóvenes y
adolescentes en muchas comunidades autónomas y en muchos países occidentales.
Según algunos estudios, se calcula que uno de cada cuatro alumnos en España sufre
acoso escolar en la escuela y que el 81% de los adolescentes está preocupado o
muy preocupado por este asunto.
Tras
la lamentable muerte de esta joven, algunas personas –expertos, padres,
profesores y contertulios- han señalado que este tipo de problemas se deben a
los recortes en educación. Y tienen razón, pero no en el sentido en el que
ellos lo dicen. Es cierto que debe aumentarse el número de docentes en los
centros educativos, pero no para atender a los alumnos violentos o criminales
potenciales. La función de los docentes es educar, aunque hoy en día esa
función ha pasado a convertirse en secundaria, siendo la función principal en muchos
institutos la reeducación de alumnos díscolos, desmotivados y violentos. Esto
se debe a que en este país siempre hemos tenido una absurda inclinación por
defender y justificar a los delincuentes, debido a lo cual, una parte
importante del gasto público en educación va encaminado a la atención de los
futuros delincuentes y de los alumnos que ni estudian ni quieren estudiar. Al
final, la víctima nunca importa. Por eso, los acosadores siguen yendo a los
institutos donde acosan mientras que los acosados tienen que huir del centro
educativo y, en muchas ocasiones, de la propia ciudad, cuando lo lógico sería
que a los acosadores se les prohibiera la entrada a cualquier centro educativo
público, ya que la educación es y debe ser un derecho, pero para los estudiantes,
no para los delincuentes. Para los delincuentes existen otro tipo de centros.
Cuando
digo que estoy de acuerdo con las declaraciones de aquellos que dicen que el
problema del acoso en la escuela es un problema causado por los recortes en
educación, como ya he dicho, no me refiero a dinero o a personal. Me refiero a
que en este país la educación básica ha sufrido un grave recorte, junto con los
valores básicos de convivencia. Desde no saludar al entrar o al salir hasta
justificar que menores tomen una borrachera cada fin de semana, pasando por
aparcar donde nos dé la gana o encumbrar la telebasura en cultura y a los
famosos más despreciables en los escritores más vendidos. Porque eso, a fin de
cuentas, es educación, y en este sentido los españoles nos hemos convertido en
seres muy poco educados. Y esa falta de educación general y social, esa falta
de moralidad y de valores se traslada a la escuela, no al revés, cosa que
algunos confunden. Los niños y jóvenes imitan los roles sociales de éxito. Por
eso, en España, los graciosos, los violentos, los vagos, los chulos son los
líderes en las escuelas e institutos, mientras que los estudiosos, los creativos,
los inocentes, los reservados se convierten en el centro del acoso y de las
risas. No muy distinto a lo que sucede en el resto de nuestra sociedad, donde
el irresponsable, el gracioso, el inmoral, el colega y el mediocre es el que
triunfa. Los nombres de los famosos que poseen dichas características y que
tienen éxito los conocemos todos. Solo cambiando eso podremos cambiar la
escuela.