El fin del mes de febrero, constituye la fecha que marcó el aniversario del Maidan (plaza de la independencia de la capital del estado ucraniano), y de hecho, de la ejecución de un golpe sangriento. Sin duda estos son acontecimientos de obligatoria recordación. Por más de tres meses, los partidarios de la " integración europea ", quemaron neumáticos, lanzaron cócteles molotov, rompieron ventanas, perpetraron asesinatos y capturaron el principal edificio administrativo de la capital ucraniana.
Después de la fuga del ex presidente Yanukovich, grupos neo-nazis se enquistaron en las estructuras de poder, y con el apoyo activo de Occidente se dio inicio a la conformación de un gobierno de nuevo tipo. Por desgracia, sus esperanzas se vieron frustradas. Ahora, como antes, el país sigue gobernado por clanes oligárquicos, sólo que en la actualidad, el gobierno es aún, más derechista. La corrupción no ha mermado, y la inequidad ha florecido. La tan anhelada libertad de expresión se transformado en una centralización sin precedentes del espacio informativo. Lo que en Kiev realmente sobresalió el pasado año, fue en la propaganda anti-rusa y el odio de toda una generación, contra el antiguo vecino fraterno.
La
Ucrania de hoy, constituye un permanente dolor de cabeza para la Unión Europea,
un “barril de pólvora lleno de locos”, como en sentido figurado advirtiera un
conocido politólogo alemán. Ahora los europeos no saben qué hacer con el
problema e intentan salvar la cara, junto a sus colegas norteamericanos, todos
los cuales tienen sus manos, en la tragedia de Ucrania. Salir ahora de la
delicada, situación resulta incómodo, a lo que se suma la necesidad da
alimentar un país entero, máxime que los últimos requerimientos de dinero extra
para tal fin, son insuficientes o simplemente, no se consiguen.
En este contexto, el gobierno de Estados Unidos está considerando la
posibilidad de suministrar armas a Ucrania. Aunque el presidente Obama no tiene
ninguna prisa para tomar medidas reales en este sentido, la iniciativa ha
recibido el apoyo de algunos prominentes políticos estadounidenses. La
necesidad de una ayuda militar inmediata, es fundamentada por Poroshenko, como
medida para contrarrestar la “agresión y expansión de Moscú” en un futuro
cercano. El objetivo de ello es lograr que le proporcionen armas letales y
equipo militar por la cantidad de mil millones de dólares, así como acceder a
tramos adicionales de la misma cantidad en 2016 y 2017.
Las recomendaciones de equipar con armamento letal a Kiev, difícilmente se justifican. Ello es así, inclusive en opinión de expertos militares, que creen que el ejército ucraniano es derrotado, no por falta de armas, sino debido a incapacidad de combate en su conjunto, a la inexistencia de comandantes experimentados a nivel de batallón y brigada y a la mezcla que se realiza de batallones de voluntarios, con tropas regulares. En consecuencia es posible que, la ayuda militar de Estados Unidos a los dirigentes ucranianos, podría terminar nulificando todo intento de una solución pacífica a la crisis.
La propuesta del presidente de Ucrania sobre la conformación de “fuerzas de paz” y “euro-policías en Ucrania del este, automáticamente hace pensar que el mismo no cumpliría a cabalidad el Acuerdo de Minsk. Analistas occidentales se preguntan, si tal idea responde a un abierto aventurerismo o en su defecto, son acciones coordinadas con negociadores en el exterior, para hacer llegar a los militares ucranianos nuevas armas y mantener su entrenamiento con instructores profesionales del otro lado del océano y en el momento indicado, caerles nuevamente a los rebeldes del sureste de Ucrania. Por lo tanto, tan solo con provocar la ruptura del incipiente proceso de paz, sin duda, desembocaría en el reinicio de la guerra. Esta opción a su vez, terminaría implicando en la vorágine a los países de Europa y la OTAN. En semejante escenario, la contraparte de participación directa en el conflicto seria Rusia. Tal riesgo es real. Acaso ese telón de fondo, ya lo han contemplado: Bruselas, Kiev y Washington?
Por Euclides E. Tapia Profesor Titular de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá