Vaya en mi descargo para quien vea atisbo de parcialidad en el
presente texto, que soy presidente de la Plataforma en Defensa del Comercio
Ambulante de la Provincia de Málaga que aglutina las cuatro asociaciones
mayoritarias del sector y a la Asociación de Feriantes de la provincia y que,
por ello, carezco de la objetividad necesaria para ofrecer un retrato aséptico
de la situación actual de los mercadillos de la capital.
Aclarado lo anterior, he de decir que hace pocos días leí en un diario
local la enésima noticia relacionada con las quejas de los vecinos (en esta
ocasión los de Avenida ede Europa), por la suciedad que quedaba esparcida tras
la celebración del mercadillo que en el solar contiguo al que en su día
ocuparon los ya desaparecidos ‘bidones de la Campsa’ tiene lugar dos veces por
semana.
Nuevamente algunos malagueños se quejaban de la basura no recogida; de
los residuos esparcidos; de que habían visto a tal o cual vendedor ambulante
orinando en alguna pared adyacente… En definitiva, comportamientos que podían
calificarse prima facie,
poco menos que de incívicos.
Otra vez se hace al comerciante ambulante, responsable de dichos hechos, ya
tengan lugar en los mercados de Campanillas, de Huelin, de Los Corazones, o en
cualquiera de los de la decena que semanalmente se celebran en la capital.
Me llamó poderosamente la atención, que en ninguna de las noticias que se
reseñaban, se recogiese crítica alguna al ayuntamiento y a su servicio de
limpieza que pagamos todos los malagueños, incluidos los propios comerciantes
ambulantes con las tasas que abonan. Criminalizar al vendedor parece, una vez
más, el recurso más fácil.
A nadie se le ocurre hacer crítica de peñas y bares en feria, si las calles
de la ciudad aparecen cubiertas de basura al terminar la jornada. El dedo
acusatorio apuntará indefectiblemente a LIMASA, cosa que no ocurre cuando
hablamos de mercadillos.
No olvidemos que la basura de la que se quejan los vecinos es producto,
tanto de la actividad de quiénes venden, como del reprochable comportamiento de
los que compran. Pero para eso está la administración local y el servicio de
limpieza que en condiciones de efectividad debe brindar a los vecinos. Y en
este caso, el del Ayuntamiento gobernado por Francisco de la Torre deviene ineficaz.
Pero no únicamente en este aspecto. Históricas son las demandas no atendidas
del colectivo respecto a la necesidad de incremento de las dotaciones de
Policía Local que velen por la seguridad, no sólo de quiénes asisten al
mercado, sino de los propios comerciantes (frente a los vendedores “ilegales”,
rateros… etc).
De igual forma, tampoco han sido nunca escuchadas las quejas, ya me dirán
ustedes si justificadas o no, respecto a la absoluta inexistencia de un
servicio público (siquiera móvil) en el que asistentes y vendedores, puedan
hacer sus necesidades fisiológicas (considérese que son más de seis horas las
que tienen que estar los comerciantes ambulantes en sus puestos) mientras esté
funcionando el mercadillo.
¿Por qué no se instalan -cabe preguntarse- los que se habilitan para Semana
Santa y Feria? ¿Qué se espera que hagan los vendedores cuando la necesidad
aprieta y no se ha dispuesto un urinario cerca?
Pregúntense además, ¿recuerdan contenedores de basura ubicados cerca de
los mercados?
Si siguen haciendo memoria, traten de acordarse de la temperatura que en
pleno verano se alcanza entre los puestos de un mercadillo a mediodía. En
infinidad de ocasiones se ha solicitado al Área de Vía Pública del Ayuntamiento
la disposición de toldos como los que en el Cortijo de Torres existen colocados
durante todo el año, por más que solo se utilicen una semana del mismo. Y
también se ha hecho caso omiso a tales requerimientos.
Añádase a lo anterior que en sucesivos cambios de ubicación que han tenido lugar
en los mercadillos de Málaga, poco o nada se ha tenido en cuenta la opinión y
propuestas de los comerciantes ambulantes afectados. Y que por parte del equipo
de gobierno municipal de Francisco de la Torre se les ha negado cualquier tipo
de ayuda económica o deducción fiscal por las cuantiosas pérdidas sufridas a
causa de los numerosos días de lluvia en que no pudieron montar sus puestos de
venta a lo largo de los dos últimos inviernos.
La lista de agravios podría alargarse enormemente. El responsable de los
mismos es quien tiene competencia en la materia, el Ayuntamiento de Málaga. Si
el mercado aparece sucio tras la recogida de los puestos de venta, que se haga
reproche al mismo.
De momento, las asociaciones de comerciantes ambulantes están haciendo gala de un civismo y una paciencia encomiables en sus reivindicaciones a pesar del olvido institucional y la ignorancia a que los somete este ayuntamiento. Hasta ayer no se sabía si con motivo de un enésimo traslado de ubicación no consultado a los mismos (de Tabacalera a Barriada de Belén), iban a acabar éstos con sus camiones y furgonetas a las puertas del consistorio a modo de ruidosa protesta. In extremis se llegó a un acuerdo. La paciencia de los comerciantes ambulantes malagueños, no obstante, está llegando a su límite. Todo dependerá de hasta dónde se muestre insensible con ellos y sus familias Francisco de la Torre.