Como si
se hubiese puesto en una balanza, que se gana y que se pierde con la presencia o
la retirada de los Estados Unidos de Afganistán, el presidente de ese país , Barack
Obama en un momento crítico del
conflicto, sin la
menor garantía de que la
afganización de la guerra sea la mejor
solución, anuncia un plan de retiro de
33.000 soldados del país asiático, antes
de septiembre de 2012, con perspectiva
de completar la retirada
del resto de los 68.000 militares norteamericanos para
el 2014, en común acuerdo con
A la conclusión
supra, se agrega lo dilatado
del conflicto y la
presencia simultánea de tropas
norteamericanas en otros campos de batalla (Irak), lo que se
traduce en un desgaste físico de
las fuerzas del Pentágono. Si a ello
se le
agrega, el ingrediente político interno, ello es, una opinión pública
contraria en alrededor de un 60% a la
guerra afgana, a un año de elecciones presidenciales, no
queda la menor duda, de que la
impronta interna, terminó siendo mas fuerte que la externa, en el adelanto del anuncio del fin técnico del conflicto, mismo que reniega el calificativo de triunfo para Washington, para
arroparse en un supuesto
fin responsable de la guerra, que si bien ralentiza la
connotación de derrota militar, le es
imposible impedir ser juzgada
como una la salida forzada por
imperativos domésticos, que obligó a un
retiro por la puerta de atrás.
Por Euclides
E. Tapia C. Profesor Titular de
Relaciones Internacionales de