Torrente 5
Artes | 03/11/2014
Pero
más alucinante que esta hipocresía manifiesta, lo que me parece más
increíble es que algunos intenten cargar contra las películas de Torrente acusando al protagonista de casposo, carca y malhablado, sin percatarse de que, precisamente, todo ello esconde una crítica hacia este paradigma del tradicional macho ibérico español; un patrón, por otro lado, que se resiste a morir.
Cuando Santiago Segura diseñó a Torrente, el último de sus deseos fue
convertirlo en referente de la moralidad y la excelencia; su objetivo
era más bien usarlo como arma arrojadiza contra los que todavía
comparten sus gestos, lenguajes o pensamientos, aunque entiendo que
exista gente que no sea capaz de ver esta doble lectura, esta crítica
velada. En cualquier caso, todos los que se escandalizan por las
barbaridades de Torrente, acusándole directamente de ser el responsable de todos los males que azotan a España, quizá
deberían observar por una mirilla a su vecino del quinto o a su, en
teoría, estimable compañero de oficina: lo mismo dejan al desecho social
de Torrente en mantillas.
Este Torrente 5,
además, nace con una ventaja clara: el contexto social. Segura se
beneficia de la situación de decadencia institucional, social y política
que estamos viviendo y apunta en esta última película contra la
independencia de Cataluña, la corrupción o la propia idea de construir
un Eurovegas en Madrid, una decisión política (felizmente) abortada
después de que se decidiese el título de la película. ¿Que se le podía
haber exigido mayores dosis de mala baba? Sí. ¿Que el director podría
haberse mojado más en según qué asuntos? Sin duda. Ya lo dijo el propio
director: "La realidad es tan surrealista que es difícil superarla".
Pero todo ello queda eclipsado cuando tenemos ante nosotros una
película trepidante que no da cabida a un segundo de aburrimiento.
Amparada por uno de los diseños de producción más brillantes de la
historia del cine español -sus 8,5 M de €, felizmente amortizados, dan
para mucho-, Torrente 5 brilla en su tramo final del
aeropuerto, en algunos gags hilarantes -el protagonizado por Víctor
Sandoval quizá se lleve la palma- y, cómo no, la presencia de primeras
figuras de nuestro cine, como Chus Lampreave, Carlos Areces o Julián
López, o una gran estrella internacional como Alec Baldwin. Todos
acompañados, cómo no, por personajes de la cultura popular como Jesús
Janeiro, que encaja como anillo al dedo en su papel debutante, o Cañita
Brava, y los cameos que se han convertido en una seña de identidad de la
saga -El Gran Wyoming, Imanol Arias y Gabilondo son los más
destacados-. Por otro lado, la prueba irrefutable de que detrás de la cámara hay ingenio está en sus constantes guiños cinéfilos, desde los títulos de crédito con la voz de Mónica Naranjo -Skyfall (Sam Mendes, 2012)- pasando por Los amantes pasajeros (P. Almodóvar, 2013) u Ocean´s eleven (Steven Soderbergh, 2001).
Torrente 5 es una película rodada con elegancia.
Sí, sé que decir esto donde el protagonista huele las bragas de una
octogenaria, invita a sus amigos a hacerse unas pajillas -gran guiño a
una de las secuencias más icónicas de la serie- o no tiene problemas en
magrearse con Falete, puede parecer un disparate. Pero no: Torrente 5 está rodada con gracia, chispa, brío, frescura e inteligencia. Es una lástima que algunos de los culturetas o snobs de
medio pelo que se atreven a criticarla sin verla no sepan lo
increíblemente difícil que es rodar una película con la solvencia
narrativa suficiente para que sus 100 minutos se consuman en un suspiro:
donde el ritmo no baja un sólo segundo. Y luego está, claro, lo más
importante: en una época en la que algunas cintas intentan dar gato por
liebre o hacer falsas ilusiones al público, Torrente 5
no engaña a nadie: es un trabajo diseñado para entusiasmar a los
seguidores de la saga y, ojo, ganar nuevos adeptos. No va más.