Resumen
La
prevalencia de la obesidad infantil en México es mayúscula, con innumerables
factores socioeconómicos y culturales como obstáculos para la solución del
problema. Se requiere de un esfuerzo doble al implementar por un lado medidas
preventivas y por otro dar tratamiento a la población que ya sufre sobrepeso en
donde el estado juega un papel central. La obesidad y el sobrepeso se definen
en base a cifras del índice de masa corporal y circunferencia de la cintura que
se relacionan con morbilidad y mortalidad sobre todo en el área cardiovascular.
En la práctica clínica diaria la obesidad se asume como un desbalance entre las
calorías que el organismo ingiere y las que gasta pero es necesario identificar
una serie de patologías que pueden asociarse a otras anomalías serias y en
ocasiones tienen solución específica, entre ellos enfermedades endócrinas.
Además es importante identificar las complicaciones inherentes a la obesidad
entre las que destacan los trastornos cardiovasculares y metabólicos. Es aquí donde el endocrinólogo pediatra juega
un papel preponderante, aunque por el conocimiento a fondo que posee de estos problemas
debería también ser involucrado en el diseño de las políticas públicas de
salud.
Abstract
The prevalence of childhood obesity in Mexico is huge, with many socioeconomic and cultural factors as obstacles to the solution of the problem. It requires a double effort. On one hand it requires to implement preventive measures and on the other to treat the population that is yet overweight, playing the State a central role. Obesity and overweight are defined based on values from the body mass index and waist circumference that are associated with morbidity and mortality especially in the cardiovascular area. In daily clinical practice is assumed that obesity is a imbalance between calories that boy ingest and spend, but is necessary to identify a number of conditions that can be associated with other serious anomalies that sometimes have specific solution, including endocrine diseases. It is also important to identify the complications inherent in obesity among which cardiovascular and metabolic disorders bulge. Here the pediatric endocrinologist plays a major role, although he must involve in the design of public health policies considering his broad knowledge of these health troubles.
Introducción
El
exceso en la acumulación de grasa corporal se asocia a graves riesgos a la
salud de tipo cardiovascular, metabólico, neoplásico y algunos otros, en
particular cuando esta acumulación de grasa es en las vísceras. (1)
De
nadie es desconocido que en la actualidad vivimos una epidemia de estos
trastornos a nivel mundial en donde México destaca por su alta prevalencia y
donde la afectación de los niños y de los adolescentes es mayúscula. (2,3)
Los
cambios en el estilo de vida hacia un modo sedentario y la disponibilidad de
productos de alto valor calórico que son fácilmente ingeribles y que
difícilmente provocan saciedad, se aducen como los principales factores que han
llevado a esta situación. (4,5)
El
problema debería ser atajado en la prevención a través prácticas sanas en la
alimentación y en la actividad física, pero la verdad es que con diferentes
pesos en los distintos estratos de la sociedad,
la cultura, la desintegración familiar, la situación socioeconómica, los
tiempos para la actividad recreativa, los espacios seguros para el ejercicio
físico y la influencia de los medios masivos de comunicación constituyen un
gran obstáculo para la puesta en
práctica de políticas de salud bien intencionadas. (6)
Es
por eso que al momento el esfuerzo es doble. Por un lado seguir trabajando en
el diseño de estrategias eficaces de prevención primaria y por otro lado
atender a toda la población que ya sufre de sobrepeso y obesidad.
El
estado debería establecer entre sus políticas públicas de salud todas aquellas
medidas de educación y de infraestructura que sean necesarias para alcanzar una
nutrición adecuada en todos los habitantes. (7) Entre ellas la población deberá tener accesos
a un equipo multidisciplinario de atención primaria, en donde el médico
general, los pediatras, los nutriólogos, los psicólogos y la propia comunidad,
replicaran dichas políticas, pero además identificaran con prontitud cuando un
niño o adolescente se está acercando a la zona de sobrepeso y no se diga cuando
ya está en ella o en la de obesidad, y tendrían que detectar signos que
sugieran que existe una causa secundaria del problema ó complicaciones
secundarias al mismo. El endocrinólogo pediatra será consultado en estos casos.
Diagnóstico
La
acumulación excesiva de grasa en el organismo se denomina sobrepeso u obesidad.
Pero ¿cuánto es demasiado? Existen dos parámetros que se correlacionan con
factores de riesgo, morbilidad y mortalidad y en base a ellos se definen. Uno
es el índice de masa muscular (IMC) que por arriba de 25 y sobre todo de 30
incrementa el riesgo de enfermedad cardiovascular, valores que entonces
delimitan ambas circunstancias.(8) No
obstante en la edad pediátrica estos valores absolutos no son alcanzados por lo que en vista de que las
cifras de 25 y 30 corresponden a los porcentiles 85 y 95 respectivamente en la
distribución del IMC en la población adulta, estos se toman como limites para establecer
obesidad y sobrepeso en niños y adolescentes. El otro es la circunferencia de
la cintura (CC) que se ha correlacionado
fuertemente tanto adultos como en niños (CC arriba de el porcentil 90 para
la edad) con la resistencia a la insulina y con la adiposidad visceral, esta
última con mayores consecuencias negativas que la adiposidad periférica.(9,10)
Diagnóstico
Diferencial
En
la práctica clínica diaria la obesidad se asume como un desbalance entre las
calorías que el organismo ingiere y las que gasta. Lo que no es utilizado para
las diferentes funciones fisiológicas, es convertido en mayor o menor medida en
grasa y almacenado tanto en el tejido subcutáneo, como alrededor de las
vísceras.(11) Las casusas de la magnitud
del almacenamiento así como de la preferencia del lugar donde se lleva a cabo
no se conocen a profundidad pero es definitivo que existen factores genéticos
que lo determinan.(12,13) En este marco es obvio que una mayor ingesta de calorías
y una menor actividad física provocarán un almacenamiento superior.
Se
conocen algunos defectos genéticos específicos que pueden llevar a la obesidad
como son las mutaciones en los genes que concurren en la vía de señalización de
la leptina, ocasionando por lo general obesidad severa y de aparición en los
primeros meses de la vida, pero estos suceden con muy poca frecuencia, amén que
requieren de técnicas sofisticadas de laboratorio que no siempre están al
alcance.(14) Es un poco más común ver trastornos genéticos más amplios como los
síndromes de Prader Willi o el de Angelman entre otros, siendo importante su
diagnóstico porque están asociados a otras alteraciones orgánicas sistémicas
que requerirán de atención y asistencia y a veces pueden ser hereditarios,
existiendo la necesidad del consejo reproductivo.(15)
Muy
escasas son las situaciones en donde la obesidad es debida a una alteración
estructural del sistema nervioso
central, siempre en relación a malformaciones congénitas o daño hipotalámico
adquirido como en traumatismos, infecciones, tumores o cirugías. Varios de los
núcleos de esta estructura están involucrados en el control del apetito, la
saciedad y el gasto de energía y sus receptores responden a señales periféricas
de la colecistoquinina, péptido símil a glucagón, insulina, leptina y
gherelina.(16)
Es
por esto que los niños y adolescentes con obesidad deberán ser sometidos a un
interrogatorio y exploración del área neurológica y cuando la clínica lo
sugiera e incluso a estudios de imagen.
Por
otro lado solo en un 2 a 3 por ciento de los niños que solicita atención por
exceso de peso existe una alteración del sistema endócrino como factor
etiológico, la que no obstante requiere ser identificada en vista de que la
mayoría requieren de un tratamiento para el padecimiento de fondo que además
resolverá la obesidad. Entre estas
patologías destacan la deficiencia de hormona del crecimiento, el
hipotiroidismo, el pseudohipoparatiroidismo,
el exceso en la secreción de cortisol y el hiperinsulinismo. (17)
La
deficiencia de hormona del crecimiento provoca un incremento de la masa grasa,
en particular de la visceral concomitante con disminución de la masa muscular,
tendencia a la elevación de las lipoproteinas de baja densidad y un riesgo
incrementado de padecer trastornos relacionados con el síndrome metabólico como
diabetes mellitus e hipertensión. Mientras tanto, la restitución con hormona
del crecimiento restablece la composición corporal. (18,19,20).
Habrá
que saber que los niños obesos que no tienen endocrinopatía pueden presentar
alteraciones en el eje de hormona del crecimiento, sin embargo estos serán
fácilmente identificables por su velocidad de crecimiento normal, su edad ósea
normal o avanzada y su estatura acorde ó aún por arriba de la esperada para la
curva familiar, aunque su pico de crecimiento puberal comúnmente es menor al de
la población general y su talla final es normal. (21,22,)
El hipotiroidismo por lo general ocasiona
sobrepeso de intensidad leve, a través de dos mecanismos. Uno de ellos es el
aumento real de acumulación de grasa en vista de la disminución de los procesos
catabólicos ocasionada por la disminución en el desacoplamiento de la
fosforilación oxidativa.(23) El otro y con mayor cuantía por la retención
hídrica motivada por mecanismos no bien esclarecidos y que incluso obliga a
descartar hipotiroidismo en casos de sospecha de secreción inadecuada de
hormona antidiurética. Una vez iniciada
la reposición de hormona tiroidea, paulatinamente se nota reducción en el IMC.
(24,25)
Las
hormonas tiroideas en particular triiodotironina, tienen efectos estimulatorios
sobre el crecimiento, al promover directamente la síntesis de DNA y la mitosis
en varios tipos celulares, incluyendo la placa de crecimiento de los
condrocitos, interactuando en varios
niveles con el sistema de hormona del crecimiento.(26) Por lo tanto, al igual
que en los casos de deficiencia de hormona del crecimiento, los niños y
adolescentes con hipotiroidismo tienen velocidad de crecimiento reducida,
retraso en la edad ósea y su talla se puede llegar a establecer por debajo de
lo esperado para la curva familiar, dependiendo del tiempo de evolución del
hipotiroidismo, aún en ausencia de otros signos francos de la deficiencia
tiroidea, por lo que todos los niños con obesidad y baja velocidad de
crecimiento deberán ser evaluados con la medición de tiroxina, triiodotironina
y hormona estimulante del tiroides séricas.(27,28)
El
pseudohipoparatiroidismo 1a (osteodistrofia hereditaria de Albright) es una entidad más que asocia
obesidad con crecimiento deficiente y que es fácilmente reconocida por
sus repercusiones en el metabolismo del calcio y el fósforo, sus características
dismórficas y algunas otros trastornos como fascies redonda, acortamiento de
huesos de metacarpo y metatarso, particularmente el cuarto y el quinto,
calcificaciones intracraneales, sordera sensorial e hiposmia.(29) Es el
resultado de una mutación en la subunidad alfa del complejo proteínico G
acoplado a la respuesta a la paratohormona, con la consiguiente resistencia a
la acción de dicha hormona. Dado que este tipo de subunidad se encuentra
frecuentemente articulado también en la vía de señalización de leptina, es
probable que la obesidad sea provocada por repercusiones en dicha ruta.(30)
El
hipercortisolismo otra condición endocrina que se caracteriza por obesidad y
falla de crecimiento. La alteración del crecimiento por lo general es severa y
el trastorno sobre la grasa está en relación con una redistribución centrípeta
de la misma ocasionando adiposidad visceral, hipertensión arterial sistémica y
otras características del síndrome metabólico.(31)
El
exceso de cortisol endógeno sucede rara vez en los niños. Sin embargo la
administración prolongada de cortocoesteroides exógenos puede ocurrir con
cierta frecuencia en particular en enfermedades crónicas como asma, lupus
eritematoso sistémico, leucemia y otras. En más de una ocasión hemos atendido
además a niños con esta condición por administración prolongada de cremas con
corticoesteroides para el manejo del eritema del pañal. En los casos de
microadenomas en adolescentes, la medición de cortisol urinario, cortisol nocturno
en saliva y prueba de supresión con dexametasona serán necesarios para
establecer el diagnóstico, llegando en ocasiones ser necesario el cateterismo
simultáneo y bilateral de senos petrosos.(32)
Resulta
preocupante que estudios en adultos demuestran que si bien el tratamiento
efectivo del hipercortisolismo mejora todos los componentes del síndrome
metabólico, en la mayoría de los pacientes, éste persiste junto con
ateroesclerosis carotídea y el riesgo incrementado de enfermedad
cardiovascular, lo que habrá que tener en cuenta al usar corticoesteroides.(33)
El
hiperisulinismo provoca obesidad generalizada e hipercrecimiento en dos
situaciones, la hipoglucemia hiperinsulinemica persistente de la infancia y el
insulinoma. En ambos casos la hipoglucemia recurrente permite sospechar la
condición, aunque la signología puede no ser tan franca sobre todo en la
primera y en el recién nacido y el lactante. Si bien pueden presentarse crisis
convulsivas tónico clónicas, en ocasiones solo existe letargia, dificultades en
la alimentación, flacidez o espasmos aislados.
El
reconocimiento pronto de la hipoglucemia y el diagnóstico temprano a través de
mediciones hormonales y de glucosa simultáneas y en ocasiones de técnicas de
imagen o de estudios genéticos permite establecer el tratamiento oportuno y
evitar secuelas neurológicas.(34) Complicaciones endocrinas y metabólicas de
la obesidad
Las
complicaciones endocrinas y metabólicas que finalmente repercuten en
consecuencias cardiovasculares tienen en el centro de su etiología a la
resistencia a la insulina. Si bien la obesidad y sobre todo la ligada con
adiposidad visceral se asocia a dicha resistencia, ésta tiene en su origen también
factores genéticos y nutricios fundamentalmente relacionados con el consumo en exceso
de grasas saturadas y azúcares con alto índice glucémico. (35)
Educar
en hábitos de actividad física y nutricios saludables es útil no solo en la
prevención sino en el manejo del niño que ya se encuentra en sobrepeso y
obesidad y puede llevarse a cabo tanto a nivel general desde los medios de
comunicación y la escuela como desde los equipos de atención multidisciplinaria
a nivel primario. (36,37)
Solo
cuando existan datos clínicos que sugieran trastornos genéticos ó endócrinos
como causa del sobrepeso, así como en los casos que presenten hipertensión, hirsutismo y
trastornos menstruales en las niñas, hipertensión, acantosis nigricans ó se
detecte dislipidemia o alteración en los niveles de glucosa o insulina, deberá
consultarse al endocrinólogo pediatra, sin olvidar que otras complicaciones de
la obesidad pueden requerir de otros especialistas.
El
uso de fármacos para obesidad y sobrepeso se usarán solo en caso de que
estos o sus comorbilidades
persistan a pesar de modificaciones intensas en el estilo de vida por lo menos
en un periodo de seis meses y serán prescritos solo por clínicos con
experiencia en su uso y complicaciones. El único disponible en la actualidad en
niños (mayores de 12 años) es el Orlistat.(38)
Para
la resistencia a la insulina como tal no existe medicamento aprobado a no ser
que exista diabetes mellitus del tipo 2 en mayores de 10 años podrá utilizarse
metformina. Es probable que en vista de las evidencias científicas acumuladas
pronto podría aprobarse también en adolescentes con ovarios poliquisticos.(39)
El
tratamiento farmacológico de la dislipidemia
puede iniciarse a partir de los 10 años de edad, siempre y cuando no se
haya conseguido después de seis a 12 meses de cambios supervisados en el estilo
de vida, reducir las cifras de
colesterol de baja densidad (CLDL) a menos de 190 mg/dL o el CLDL sea mayor a
160 mg/dL y exista un factor de riesgo alto o dos o más moderados o en niveles
entre 130 y 159 mg/dL si existen un factor de riesgo alto más dos moderados o
evidencia clínica de enfermedad cardiovascular. El fármaco de elección lo constituyen
las estatinas que en algunos casos pueden combinarse con colestiramina.(40,41)
Conclusión
En
vista de la complejidad en el diagnóstico y el tratamiento de la obesidad en la
infancia y sus complicaciones deberá ser un experto dedicado a ello, el
endocrinólogo pediatra, quien deberá ser consultado por los médicos de atención
primaria cuando existan datos que sugieran que es necesario descartar causas
hormonales de la misma y/o para evaluar y manejar algunas de sus consecuencias
y complicaciones y no como sucede en la realidad en la que con frecuencia
recibimos a los niños y adolescentes con este trastorno de primer contacto o
sin evaluación o tratamiento previos de ningún tipo.
Por
último el endocrinólogo pediatra deberá participar en el equipo que diseñe las
políticas públicas de salud relacionadas con la obesidad y el sobrepeso en
vista de que conoce la evolución natural de estos procesos hasta sus últimas
consecuencias.
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