En la comedia “La rana”
Esquilo y Euripides se enfrentan por demostrar quién es el mejor poeta
del inframundo, el único digno de sentarse a la mesa de Hades, más allá de la
sátira y del ingenio que caracteriza a Aristofenes, el enfrentamiento por demás
es simbólico pues confronta dos voces que todavía se contraponen en nuestros
tiempos.
Esquilo pregunta:
-¿Qué es lo que se admira de un poeta?
Euripides contesta:
-Los sabios consejos que hacen mejor a los ciudadanos.
Pero Esquilo reacciona ante la respuesta porque ¿Que bien
pudo hacer un poeta que derrumbo la grandeza
y la ética de los dioses, cuestionando y criticando los valores
fundamentales de la cultura helénica?
La pregunta es tan contemporánea como la tragedia misma ¿Qué
bien pudo hacer un poeta que derrumbo la impostura, lo mismo del nacionalismo
oficial que al infantilismo revolucionario de la izquierda, cuestionando y
criticando la estructura jerárquica, la fe ciega en el progreso y la ausencia
de valores democrático en México?
Al igual que Euripides, Octavio Paz busco aconsejar con su poesía a la sociedad
mexicana, creyó en la crítica como uno de los valores irrenunciables de la
modernidad pues solo su ejercicio lograría una sociedad más democrática, más
firme, más auténtica, sin embrago estaba consiente que la crítica dejaba
vulnerable todos aquellos valores en los que la sociedad cree firmemente y que cimienta nuestro mundo, pues
en la modernidad todos lo sólido se desvanecen en el aire.
La respuesta de Paz no es el helenismo, sino la poesía, Paz
reconoce la importancia de generar nuevos mitos, símbolos, narrativas que nos
expliquen y nos den identidad, reconocerlos sí como productos de la imaginación
colectiva pero también como condición previa a la existencia de toda sociedad,
de todo reencuentro con el otro.
¿Pero en qué se diferencia la mítica de Paz con la del
prototipo de Esquilo? El Esquilo de Aristofenes creía que un buen poeta debía
cultivar el vicio y no sacarlo a la luz ni ponerlo en escena, tal como la izquierda
mexicana ocultaba los crímenes del socialismo real para no hacerle el juego a
la derecha.
Paz como Euripides buscan problematizar la realidad no
ideologizarla, ambos se internan en el carácter de sus personajes, buscan
desentrañar el significado de sus actos e inscripciones a partir de la
complejidad de su psicología, es cierto viven un tiempo psíquico donde es
imposible no observar la tragedia e ironía de los hechos que se repiten, pero a
diferencia de Esquilo y de los ideólogos del progreso, Paz y Euripides han
dejado de creer en la inevitabilidad del destinos, en la racionalidad objetiva
de la historia, en el arco y la lira, nuestro Premio Nobel habla de Euripides,
afirma que es el primero de los poetas griegos que se atreve abiertamente a
cuestionar la justicia de los dioses, a preguntarse de la santidad y legalidad
comisca y al hacerlo abandona el campo del ser y se traslada a la crítica
moral.
De la misma forma coincidamos o no con el pictorisismo de
Paz, sus textos inauguran una nueva subjetividad para los mexicanos, no somos
los mismos desde que Paz nos pronunció, aprendimos a edificar nuestros
fantasmas, nuestros traumas y aunque la discursividad no ha sido suficiente
como terapia puede ser la base de un verdadero programa de acción.
En varios de sus textos Paz es enfático en la necesidad de
que México busque una forma particular de modernización acorde a su historia
particular, una modernidad que no existe pero que habríamos de inventarla con
todo nuestro ingenio a partir de lo que
decía Paz, de las formas de vivir y morir, producir y gastar, trabajar y gozar
que ha creado nuestro Premio Nobel, sus palabras son apremiantes a nuestros tiempos.
El discurso de la modernización como en épocas pasadas se ha
vuelto dominante, reformas, innovación, crecimiento, progreso, transformación,
movimiento sin embargo pocos se preguntan ¿Modernización hacia dónde?
¿Modernización para quién?
Es cierto que aún existen grandes carencias en nuestro país
y problemas que se agravan, inseguridad, desempleo, desigualdad, injusticias,
discriminación pero al atender lo urgente no podemos desatender lo importante,
sin duda México requiere un mayor crecimiento económico pero ¿a que costos y a
beneficio de quiénes?
Octavio Paz concebía la necesidad de que el desarrollo
estuviera anclado al mejoramiento social de la mayoría, sobre todo de los
trabajadores, como bien analiza en corriente alterna la democratización
sindical es la llave para el mejoramiento salarial de los trabajadores y a su
vez asegura una demanda efectiva para reactivar el consumo y la economía
nacional, ideario que Paz busco materializar como fundador del Partido Mexicano
de los Trabajadores junto a Heberto Castillo, junto a Carlos Fuentes, junto a
Luis Villoro.
La ruta tomada ha
sido distinta, se apuesta a que la depreciación de los salarios harán más
competitivos los productos mexicanos al reducir los costos de producción, en
lugar de una mano de obra calificada cuyo capital humano y tecnológico dicte
mayor valor agregado a nuestras exportaciones.
La crítica a la modernidad de Paz se centra también en la
forma en que el crecimiento económico se ha convertido en un fin por sí mismo,
no importa si el trabajo dignifica o no al trabajador, si enajena su creatividad, si las horas de una jornada
laboral nulifican el derecho al ocio, lo importante es generar más empleos y
facilitar la contratación.
Estos temas urgentes, que ya han sido asumidos por la
corriente social democracia europea y pocas veces discutidos por nuestros legisladores deberán
ser la base de una nueva reforma laboral donde también se de paso a una
democracia sindical, basada en la transparencia y rendición de cuentas
obligatoria no opcional como es hasta
ahora y la garantía de elecciones libres y equitativas en la representación
sindical.
La influencia que el budismo ejerció en Paz, fue decisiva
para que el poeta tomara conciencia sobre la manera en que hemos subjetivado
completamente a la naturaleza sin advertir que al hacerlo también convertíamos
al hombre al servicio de las fuerzas de producción, pues una sociedad poseída
por el frenesí de producir más para consumir más tiende a convertir las ideas,
los sentimientos, el arte, el amor, la amistad y las personas mismas en objetos
de consumo, frente al avance depreratorio de nuestro medio ambiente y agotamiento
de nuestros recursos naturales la idea de un progreso ilimitado y abierto hacía
el infinito es obsoleta.