La guerra, los destinos rotos de las personas y la infraestructura
destruida en el sur-este de Ucrania, demuestran de manera visible, la réplica del
plan Kosovo y el guión dirigido por los mismos directores. Cualquier persona en
su sano juicio, puede percatarse que el propósito de la denominada operación
antiterrorista en la zona este de Ucrania, es expulsar de allí a toda la
población de origen ruso y en su lugar ocuparla con cualquier población que se
relacione de manera diferente con la
historia, la cultura, la amistad y las centenarias relaciones entre los otrora,
pueblos hermanos.
Precisamente, esa fue la forma como la OTAN y los terroristas del
Ejército de Liberación de Kosovo en Serbia en los años noventa, arremetieron
contra la población nativa destruyendo de raíz, sus casas, sitios culturales,
religiosos e históricos y seleccionando la propiedad. Por una parte, esto se
explica en razón de las diferencias étnicas y territoriales regionales
existentes, y por la otra; como un intento consciente de crear una fuente
potencial de tensión, para así gestionar el conflicto. Como consecuencia del
desgarramiento serbio, en ese lugar de Europa, surge una de las mayores bases
militares estadounidenses en el mundo: "Camp Bondsteel". Actualmente en Europa,
pocas personas hablan de los problemas del autoproclamado Estado musulmán de
Kosovo, en el corazón de Europa. Cuando mucho se menciona el tráfico de drogas,
el contrabando de armas y vehículos, la prostitución, el comercio ilegal de
órganos. Sin embargo, nunca se hace alusión a los organizadores de la crisis:
Bruselas y Washington. En la actualidad, la situación se repite en Ucrania:
conflicto armado en Europa, refugiados y migración, fenómenos que no excluye
por su afectación a los países más ricos de la Unión Europea, en los cuales se
han refugiado los desplazados ucranianos. En tal conflicto, la
población de habla rusa del sur-este ucraniano, sufre intolerables condiciones
de vida que presagian una inminente catástrofe humanitaria. En razón de ello,
las personas se ven obligadas a huir. Así, a la fecha, según la Agencia de la ONU para los
Refugiados (ACNUR), el conflicto armado en Ucrania ha obligado a unas 260.000
personas a dejar sus hogares y convertirse en desplazados internos o buscar
refugio en otros países.
Mientras tanto los funcionarios de Estados Unidos y de la Unión Europea
comunican su disposición para que una vez se alcance el fin de las
hostilidades, se pueda asignar la ayuda financiera necesaria para la reconstrucción
de las regiones de Donetsk y Lugansk. Ante tal aseveración, aparece una
obligada pregunta: ¿reconstrucción para quién? En este contexto, el Secretario
General de la OTAN Anders Fogh Rasmussen hizo una breve visita a Kiev, donde se
reunió con el jefe de los líderes políticos locales y estatales a los cuales les
prometió la realización de un programa de acción conjunta, a mediano plazo y
para discutir la ayuda a las fuerzas armadas de Ucrania, que permita
implementar las reformas necesarias. De forma paralela, reiteró una vez más, el
apoyo absoluto a la acción punitiva en contra de su propia población civil que
Kiev conduce en el sur-este del país. Por último, al parecer, para inflamar de
alguna manera el liderazgo ucraniano y el apoyo de los medios de comunicación,
anuncio que "La Alianza deja de cooperar con la Federación de Rusia". Recordemos que la OTAN fue creada en
1949 para disuadir a la Unión Soviética. La Alianza continuó esta política,
incluso después de la desaparición en el mapamundi de la URSS y el surgimiento sobre
ella, de la nueva Rusia. A pesar de los discursos benevolentes sobre el
compromiso con la cooperación equitativa y mutuamente beneficiosa con Moscu, en
realidad, para los funcionarios de la OTAN, un objetivo egoísta y fundamental han
sido siempre el de prevenir el resurgimiento de Rusia como potencia mundial y del
ejército ruso, como una fuerza capaz de resistir la presión de la OTAN y la
agresión. Este fue el caso incluso después de la guerra de Yugoslavia, y
después de la derrota de Tiblisi (Georgia), en la guerra contra Tsjinvali.
Ahora sucede lo mismo con la profunda crisis militar y política producida en
Ucrania. Y es que resulta necesario entender una simple verdad: la OTAN nunca cambiara su naturaleza, siempre será el
enemigo de Rusia, no importa que en ocasiones enmascarare su identidad, como hace cuando eventualmente necesita del apoyo y asistencia de Moscu, como en su
momento ocurrió en Afganistán y en otros lugares
"calientes". De esta manera, es evidente que los escenarios geopolíticos se reescriben ligeramente
y por lo general solo presentan variantes de estilo. Precisamente la coyuntura actual
puede dar lugar a situaciones muy lamentables para Europa. Desgraciadamente, a
la fecha se mantiene un desacuerdo profundo respecto a la solución de la crisis
en Ucrania y las relaciones con Rusia. Las discrepancias han
derivado en dolorosas medidas contra Rusia y respuestas contundentes de Moscú a las sanciones
impuestas, todo lo cual puede causar graves trastornos sociales y económicos
para Europa y el mundo en general.
Por: Euclides E. Tapia C. Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panama.